Salud democrática en África

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En los últimos cuatro años hemos asistido al cambio democrático de líderes y gobiernos en muchas partes de África: Angola (2017), Etiopía, Sudáfrica y Zimbabue (2018) o Sudán (2019), por citar algunos ejemplos. Normalmente, el remplazo del presidente y su equipo, suele llegar acompañado de nuevas directrices políticas y económicas, aunque no siempre es así. Por eso, cabe cuestionar si el cambio de líder genera gobiernos más democráticos y transparentes en el continente africano.

Esta es la pregunta que se plantea el informe Transformation Index Africa Report 2020 de la Fundación Bertelsmann. La conclusión es que estos cambios, en la mayoría de los casos, no suponen una mayor democratización de los países, pero pueden ayudar.

Mientras Europa mira a África occidental y central como una región plagada de crisis y amenazas para su seguridad, el informe reconoce los importantes avances logrados en la primera de las dos regiones. En esa zona, las democracias muestran estabilidad a pesar de las condiciones adversas a las que se enfrentan. Debe señalarse que este estudio fue publicado con anterioridad a que se produjeran la crisis de Malí o que los presidentes de Costa de Marfil y Guinea anunciasen que se presentaban a un tercer mandato a pesar de estar prohibido por las constituciones de sus países.

En los últimos diez años, África occidental ha sido testigo de seis procesos de recuperación de la democracia que han salido adelante con bastante éxito. Esto es un logro que no ostenta ninguna otra región del mundo. Por el contrario, en África central las autocracias de línea dura todavía son mayoría. En esa zona se concentran algunos de los llamados dinosaurios políticos que han batido récords de permanencia en el poder: Paul Biya en Camerún, Teodoro Obiang Nguema en Guinea Ecuatorial, Denis Sassou Nguesso en República del Congo o Idriss Déby en Chad.

«En ningún lugar del mundo es tan difícil gobernar como en África occidental y central. Varias sociedades de la región albergan el potencial de conflictos de origen étnico», afirma el informe. Para prevenir este peligro, recomienda una mayor profundización de la cooperación regional lo que permitiría lograr avances políticos y económicos a medida que la influencia de Occidente disminuye.

Los procesos de democratización no han ido acompañados de un desarrollo económico. Por eso, el estudio habla de «democracias en la pobreza» que necesitan de una cooperación respetuosa a largo plazo que les permita superar ese escollo. De otra forma, la frustración de la población podría interrumpir los procesos puestos en marcha.

Si nos fijamos en África del sur y del este podemos observar, siempre de la mano del informe, dos trayectorias políticas y económicas muy diferentes. Mientras que en el sur priman las democracias estables y el progreso socioeconómico continuo, los países del este lo han pasado peor en ambos frentes. La esperanza es que los cambios acontecidos en algunas de las autocracias de África oriental han abierto más a estos países. Al mismo tiempo, el crecimiento de las economías del sur se ha desacelerado, como es el caso de Sudáfrica y Angola. Así como Etiopía representa el aspecto moderado de la reforma, Tanzania y Zambia son las que luchan por lograr una transformación política. El descubrimiento de petróleo en algunas zonas de África del este es una noticia muy alentadora y, al mismo tiempo, Burundi se presenta como el claro ejemplo de cómo un estilo político autoritario pude dañar una economía nacional. Esto demostraría que la democracia es la forma de gobierno que mejor sienta a cada país.

Del informe pueden extraerse dos grandes conclusiones. La primera es que las democracias necesitan afianzarse en África donde constantemente tienen que enfrentarse a amenazas contra los derechos políticos y a las libertades civiles. Por ejemplo, es normal que los gobiernos respondan de manera dura y contundente cualquier manifestación de protesta contra ellos y esto también tiene que cambiar.

La segunda es que no es importante exagerar las diferencias regionales a pesar de que existe gran variación tanto entre unas zonas y otras al igual que al interno de cada país. Justo por ello, no debemos esperar un solo modelo de experiencia democrática en el continente. Caben diferentes formas y caminos. Cada país debe encontrar el suyo, pero es importante que los procesos de democratización vayan acompañado de mejoras en las vidas de los ciudadanos, de lo contrario, la pobreza se convertirá en el principal freno a estos cambios.


Imagen: Elecciones en Mozambique. Fotografía: Constantino Bogaio


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