Soledad Vaccaro recomienda «Volver a casa», de Yaa Gyasi

en |


Nacida en la capital de Argentina, realiza un máster de Gestión de Lenguas en el que investiga sobre las políticas lingüísticas en las universidades de Sudáfrica. Es profesora de inglés y aficionada a la literatura africana.

Cuando Soledad Vaccaro regresó de Sudáfrica, se llevó con ella una serie de preguntas lingüísticas, sobre las que ahora investiga, y la afición por la literatura africana. «Con los libros puedes aprender cosas de las que no tenías ni idea. También con las series, pero a Argentina no llega mucho material de África. En este libro hay claves para abrir los ojos de una manera lúdica y sin que haga falta ponerse a estudiar la historia de Ghana», dice. Aunque a veces le echan un poco para atrás los libros extensos, eligió leer el de Gyasi «primero porque la tapa es hermosa, y también porque soy una persona nostálgica y esta idea de volver a casa me atrajo». Un concepto, el del regreso, muy ligado a la propia concepción de la historia de la escritora, que vive en Estados Unidos desde los dos años y a la que una beca universitaria dio la oportunidad de regresar a Ghana. Allí tuvo la idea inicial del libro. «Es súper interesante, porque si bien su vida transcurrió en Estados Unidos, al volver conectaría con un montón de cosas que ella misma llevaba dentro. Quizá suena místico, pero, si lo piensas, en algún punto todos tenemos algo de África, y yo, como latinoamericana, lo tengo claro. Muchos vinieron aquí esclavizados y después fueron asesinados y minorizados. La autora ha cerrado el ciclo al volver a los orígenes. Lo cuenta mediante la ficción, pero su realidad está ahí, tanto la de Ghana, como la de América», dice Soledad Vaccaro.

«Es la historia de una familia. El libro arranca con un árbol genealógico, lo que te da ya una pauta de la multiplicidad de personajes que vas a conocer, y en cada capítulo te cuenta de dónde viene cada uno. En realidad, todos vienen de lo mismo, pero como [la historia] transcurre a lo largo de 400 años, poco a poco vas viendo cómo se conectan. Lo ideal es leerlo con una libreta», recomienda la investigadora.

Durante la conversación, en ocasiones aparece la idea de ampliar horizontes, de abrir puertas… «Por ejemplo, en Argentina, al haber sido colonia española y con mucha inmigración italiana y española, la mirada siempre está en Europa y se tiende a universalizar eso como la única opción posible. Este libro muestra continuamente otras maneras: composiciones de familia, roles sociales, maneras de entender la naturaleza y de conectarse con la religión… Por eso, también es un libro como para salirse de la estructura. Alguien que no tiene ideas preconcebidas de África o que está dispuesto a ponerse un poco incómodo, disfrutará la lectura», dice. Además de esta capacidad para plantear cuestiones, una de las cosas que más le gustó es cómo el libro muestra las «dualidades que existen en cada plano de la vida». Por ejemplo, «hay dos hermanas que se separan y una tiene una vida muy buena, dentro de lo posible, y a la otra le toca una existencia de terror»; y es que en Volver a casa están presentes constantemente las oposiciones y los encuentros, que no siempre son voluntarios. «En el nivel macro se ve el encuentro entre culturas, como la del colonizador y la del africano y, antes, dentro de la Costa de Oro, entre asanthi y ­fante… A partir de ahí va lanzando ideas sobre lengua, educación, religión y acerca de cómo era la sociedad antes de que llegase el colonizador. Es importante porque en general, la idea es que estaban todos mirando las estrellas. ¡Y no! Había sociedades, conflictos y una organización muy estructurada… Otra cosa es que esta no fuera funcional para el colonizador», dice.

«Quizá suena raro, pero me hizo recordar la serie This is us, porque puede que tu familia no sea así, pero te toca por algún lado. Con este libro pasa igual. De algún modo te entra, y eso es lindo», concluye.

Colabora con Mundo Negro