Sudán del Sur: La alarma se cronifica en el país más joven del mundo

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Texto: Sebastián Ruiz

Foto y vídeo: Gonzalo Gómez

El país más joven del mundo pasa por una situación de incertidumbre. Mientras se culminan los próximos pasos para hacer efectivo los acuerdos de paz firmados en agosto, la población continua sufriendo los efectos de la guerra que se iniciara en diciembre de 2013. Organizaciones como UNICEF alertan de la gravedad de la situación a la que se enfrentan por la escasez de fondos para la actuación. Médicos Sin Fronteras ha lanzado la campaña  #Seguirconvida para la sensibilización de la población española sobre la realidad de los refugiados.

El tiempo de vigencia de un acuerdo de paz en el país más joven del mundo, Sudán de Sur, mantiene la misma intensidad que la retina de ese espectador que en los últimos días se encuentra abrumado por las imágenes de refugiados que huyen para estamparse contra las vallas de Turquía y los gases que tienen por función visibilizar la metáfora de los cimientos de la Unión Europea: al final, todo es humo pasajero. Después de más de dos años de guerra civil, el retorno a Yuba de las tropas del Ejército Popular de Liberación de Sudán en la oposición (SPLM-IO) es un paso clave en la implementación del último compromiso de paz que firmaron en agosto de 2015 el presidente, Salva Kiir, y el de nuevo vicepresidente, Riek Machar. Sin embargo, la espera se hace crónica en un país que vive con una alerta extrema desde hace meses.

“La situación en Sudán del Sur es súper tensa porque se está hablando de un proceso de paz en el que las dos partes principales tienen dos ideas completamente distintas y opuestas de lo que debería ser: un proceso basado en 10 estados que es lo que defiende la oposición y un proceso de 28 que es el que defiende el gobierno”. De esta forma resumía el pasado miércoles el panorama por el que pasa el país más joven el mundo Luis Ponte, coordinador del proyecto en Wau Shilkuk de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Sudán del Sur.

Pero el conflicto en Sudán del Sur no tiene una lectura reduccionista que pueda resumirse con la afirmación de que es exclusivamente una guerra civil. Las variables son mucho más amplias. “Sudán del Sur es un país que tiene unas condiciones ambientales pésimas y creo que hay una pelea feroz por los recursos. En torno a esa pelea por lo recursos, el agua y las tierras para los cultivos, se articulan evidentemente ciertos temas étnicos y como en otros sitios, los temas étnicos se azuzan desde la política para intentar crear unas divisiones que no siempre fueron tan impermeables. Sin embargo, es interesante subrayar que Yuba años atrás vivía en una relativa armonía. No era perfecto pero creo que siempre se manipula un poco para atribuirle a la diferencia tribal problemas causados por otros componentes”, argumentaba Ponte.

El 25 de febrero el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, se reunió con las organizaciones humanitarias que trabajan en el terreno así como con la comunidad diplomática y visitó Malakal, donde fue testigo de los efectos devastadores de la violencia armada que tuvo lugar los días 17 y 18 de febrero en un denominado Campo de Protección de Civiles (PoC). Malakal solo es un duro recordatorio de que a pesar del proceso de paz tartamudo, la situación sigue siendo desesperada. Los civiles refugiados en el PoC fueron atacados y algunos asesinados, destruyendo, además, las clínicas médicas y las escuelas. “Los refugiados no tienen a dónde ir ni física ni psicológicamente si son atacados en las zonas protegidas por los cascos azules. Hay que actuar inmediatamente en esta crisis”, se lamentaba Ponte.

Entrevista a Luis Ponte, Cordinador de Emergencias de MSF en Sudán del Sur from mundo negro digital on Vimeo.

Se estima que 40.000 personas en el estado de Unity, que han padecido algunos de los peores abusos y violencia desde que estalló el conflicto armado en diciembre de 2013, se enfrentan a la escasez catastrófica de los suministros básicos. Pero no es la sequía o los factores ambientales los que han provocado el hambre. Se debe a los ataques regulares e intencionados por parte de soldados gubernamentales y las milicias aliadas, no sólo en el suministro de alimentos – el ganado y los cultivos que dependen de los civiles -, sino también a los organismos humanitarios que trabajan en el país.

Según la oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), de enero a octubre de 2015, la inseguridad en todo el país provocó la retirada, suspensión o reubicación de 189 actividades humanitarias. Algunas hipótesis apuntan a que el gobierno apunta intencionadamente a las agencias como MSF, OXFAM o UNICEF para obligar a los civiles a marcharse de las zonas bajo control de la oposición armada. Si atacan a los trabajadores de la ayuda, la gente volverá a huir dejando el control de los recursos para el gobierno de Kiir.

El Plan de Respuesta Humanitaria para Sudán del Sur de la ONU en el 2016 está financiado actualmente en un 6,5% incluyendo los 21 millones de dólares anunciados por Ki-moon. Es decir, se necesitan unos 220 millones más de manera urgente para garantizar que los suministros vitales puedan ser adquiridos y entregados en la estación seca, antes de que casi el 60% del país sea, de nuevo, inalcanzable por carretera con las lluvias. En este sentido, en una llamada telefónica mantenida con Timothy Irwin, director de comunicación de UNICEF en Sudán del Sur, lo expresaba en estos términos: “La financiación humanitaria para el país más joven del mundo se ha derrumbado por completo y la vida de decenas de miles de niños se encuentran en situación de riesgo”.

La guerra ha empujado a 1,6 millones de personas fuera de sus hogares; en su mayoría, viven hacinadas en campos insalubres como estos. Recinto de protección de civiles custodiado por la UN en Malaka y que fue atacado a mediados de febrero. Foto: MSF.l

La guerra ha empujado a 1,6 millones de personas fuera de sus hogares; en su mayoría, viven hacinadas en campos insalubres como estos. Recinto de protección de civiles custodiado por la UN en Malaka y que fue atacado a mediados de febrero. Foto: MSF.

La brecha económica por falta de financiación internacional e inoperancia administrativa del gobierno de Kiir se traduce de la siguiente manera según los datos aportados por UNICEF: 3,3 millones de niños no van a ser vacunados contra el sarampión; 260.000 niños víctimas del conflicto no serán apoyados para regresar a la escuela; se paralizarán los esfuerzos de reunificación de 7.300 niños separados de sus familias; y los suministros nutricionales esenciales se agotarán en agosto.

Pero el foco, ahora, se centra en la capital. La seguridad en Yuba es de suma importancia no sólo para un acuerdo político, sino también para asegurar que no se repitan los combates que desencadenaron el conflicto en diciembre de 2013 y que está consumiendo al país. El tablero de juego dibuja una encrucijada. El gobierno de Kiir se ha comprometido a implementar la retirada de las fuerzas armadas de la capital a un radio de 25 kilómetros. Cuando se haga efectivo, la primera fase contempla que 1.370 soldados del SPLM-IO respaldados por Machar tomarán Yuba y prepararán su llegada -ayer se reunía en Nigeria con su presidente Muhammadu Buhari-. El proceso culminará con la creación de un cuerpo policial y una fuerza militar conjunta de 8.000 efectivos. Se supone que debe ser implementado antes de la formación de un gobierno de transición de unidad nacional.

 #Seguirconvida, la nueva campaña de MSF para sensibilizar a pie de calle

Mata la guerra, mata el desplazamiento, matan las enfermedades. En este hospital de Médicos Sin Fronteras, al menos se pueden tratar las enfermedades. Así se salvan vidas. Mary-Jane y su madre en el hospital de MSF en Malakal. Mary-Jane sufre una enfermedad respiratoria y desnutricón. Ahora responde positivamente al tratamiento de TB. Foto: MSF

Mata la guerra, mata el desplazamiento, matan las enfermedades. En este hospital de Malakal de Médicos Sin Fronteras (MSF), al menos se pueden tratar las enfermedades. Así se salvan vidas. Mary-Jane sufre una enfermedad respiratoria y desnutrición. Ahora responde positivamente al tratamiento de tuberculosis. Foto: MSF.

En este marco, Médicos Sin Fronteras lanzaba el pasado miércoles la campaña #Seguirconvida, una ambiciosa iniciativa para sensibilizar de la realidad de miles de refugiados no sólo de Sudán del Sur sino también de Siria, un conflicto del que estos días se cumplen cinco años. “Las personas atrapadas en el medio de un conflicto deben ser protegidas y atendidas de inmediato sin trabas”, subrayaba Amaia Esparza, directora de comunicación de MSF.

#Seguirconvida recorrerá seis ciudades españolas a lo largo de 2016 subrayando que detrás de cada una de esas personas, hay una cara, un hombre y una historia. “Queremos que el ciudadano se ponga en la piel de quienes sufren los conflictos en tantas partes del mundo. Y para ello hemos apostado por ofrecer una experiencia  única de inmersión visual que nos acerca a las vidas de los protagonistas”, explicaba Esparza.

La realidad visual consiste en colocarte unas gafas y unos auriculares para pasar de ser lector o espectador, a protagonista. Es el conocido “periodismo de inmersión” y que permite que el usuario pueda vivir determinadas historias prácticamente en primera persona. Es decir, llegar en canoa atravesando el Nilo a un poblado del norte de Sudán del Sur o sentirte parte activa en una de las calles de un territorio afectado por la guerra de Siria. La instalación de realidad virtual en torno a la cual gira la campaña de MSF estará abierta en la casa de Vacas del Parque del Retiro, en Madrid hasta este domingo. Para más información sobre la iniciativa y las próximas ciudades que visitará la exposición se puede consultar la web: www.msf.es/seguirconvida.

 

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