Cuatro días para alumbrar un país

Por José Naranjo

Omar tiene 23 años y es músico. “Hoy es el día más feliz de mi vida, esto es como el paraíso en la Tierra”, asegura con una sonrisa. Es 22 de enero por la noche y Omar, junto a cientos de gambianos, se encuentra justo delante de la puerta del Palacio Presidencial de Banyul, rodeado de blindados y soldados senegaleses que han sido recibidos con vítores y aplausos, como héroes, como libertadores. Yahya Jammeh ya es historia y la alegría se vuelve contagiosa en este pequeño país que, en cuatro frenéticos días, ha hecho posible que el club de dictadores africanos pierda a uno de sus miembros más ilustres.

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