«Tenemos derecho a reapropiarnos de nuestra historia»

Por: María Rodríguez - 26/07/2018
Mujeres negras olvidadas
Sylvia Serbin es periodista, historiadora y autora del libro Reinas de África y Heroínas de la diáspora negra, publicado en 2004 en Francia y en 2017 en España por la editorial Wanafrica. Con su obra quiere visibilizar a las mujeres negras que no aparecen en los libros de historia.

Una de las anécdotas que Sylvia Serbin acumula tras escribir su libro es el suceso que le contó una madre. Para el día de los Reyes Magos en Francia, la profesora les había pedido a los alumnos que pintaran una reina y su hija pintó a una, pero negra. La docente le preguntó a la pequeña que por qué pintaba una reina negra si en su cultura no había. Incluso la ridiculizó delante de los demás alumnos. La niña (negra) le respondió muy convencida que sí que había reinas negras. Su madre (también negra) le había hablado de personajes como Anne Zingha, la reina Pokou o Ranavalona III, cuyas historias recopila ahora en su obra Reinas de África y Heroínas de la diáspora negra.

En el prólogo de su libro explica que cuando su hija tenía ocho años le preguntó por qué en los demás países tenían mujeres célebres y no la gente como ella, con piel negra. ¿Por qué ser negra hace más invisible aún a una mujer?

En las escuelas se enseña la historia considerada Universal, que debe representar a la humanidad, se habla de personajes históricos… Pero las únicas mujeres que aparecen son blancas, reinas europeas, como la reina Victoria de Inglaterra, Juana de Arco, la reina Isabel de Castilla… No obstante, muchas otras zonas del mundo han tenido mujeres que han marcado la historia de sus países, pero cuando son mujeres negras nunca se habla. Quienes escriben, cuentan la historia y dominan la escritura son a menudos europeos que consideran que los negros no tienen nada que aportar a la humanidad. Así que tampoco hablan de mujeres negras. Eso es lo que yo he querido reparar, señalando que en muchas sociedades del mundo ha habido mujeres que también han participado en la historia de sus países. A mi hija en la escuela le hablan de reinas europeas y, sin embargo, en su propia cultura ella también tiene reinas negras.

En su libro ha seleccionado las historias de 22 mujeres africanas y de la diáspora, desde la antigüedad a la primera mitad del siglo XX. ¿Se han quedado otras protagonistas fuera del libro?

En este periodo están la época precolonial y la colonial y me he encontrado con la dificultad de hallar suficiente información para poder elaborar un retrato sobre las acciones de algunos personajes. A menudo era frustrante porque en los archivos o testimonios antiguos encontraba a veces una línea o dos de tal o cual personaje femenino y no lograba encontrar ninguna otra información. Ha habido otras mujeres, pero lamentablemente no he tenido suficiente material para hablar de ellas.

Los relatos están divididos en reinas, mujeres influyentes, resistentes, profetisas, guerreras, romances principescos, víctimas y madres. Estando presentes en tantas facetas, ¿por qué es tan desconocida la historia de todas estas mujeres?

Las he dividido para mostrar que, en varias regiones, en varias zonas culturales diferentes en África encontramos personajes femeninos, no solamente en un solo país o cultura. Entonces, ¿por qué esas mujeres no han estado valoradas en la historia? Pienso que hay dos explicaciones que son compartidas por muchas personas que han reflexionado sobre el tema. En el África precolonial, antes de la llegada de influencias culturales y religiosas externas, como el islam y el cristianismo, las mujeres tenían un rol que era conocido y respetado, y podían participar en los combates sociales. La gente las escuchaba y las seguía. Pero con la islamización de África, los musulmanes consideraron que las mujeres no debían posicionarse delante. En Malí, por ejemplo, hubo una mujer célebre, la reina Kassa, pero ya no se habla de ella porque se dice que el islam prohíbe dar protagonismo a las mujeres. Eso, por un lado. Pero por otro, en el momento de la colonización por las sociedades europeas patriarcales y la cristianización, las mujeres tampoco tenían un papel principal. Así que, a medida que las sociedades africanas –que antes eran animistas–, tuvieron la influencia del islam, el cristianismo y el colonialismo, adoptaron la manera de ver de sus maestros culturales y religiosos y desplazaron a las mujeres a un segundo plano: deben quedarse en casa y ocuparse de los niños, dejando de lado su importante rol público en la sociedad.

Y actualmente la situación de las mujeres en África sigue siendo muy complicada…

Sí. Hay muchas feministas europeas que dicen a las africanas, «sois sumisas, tenéis que rebelaros». Pero si estas feministas conocieran nuestra historia sabrían que en el pasado ha habido mujeres africanas que eran más feministas que las feministas occidentales. Aquellas que dirigían reinos e iban a la guerra, no como las reinas europeas, que se quedaban en su castillo. Era diferente.

Serbin nació en Senegal y es hija de padres de La Martinica. Ha vivido una treintena de años en varios países africanos y en la actualidad reside en Francia. Fotografía cedida por la autora

Su libro salió publicado en Francia y poco después una editorial alemana se interesó por él. Usted no fue informada de la publicación de la obra en Alemania, de hecho, se enteró por Internet. Tiempo después descubrió que habían cambiado o eliminado 400 párrafos del original. ¿Podría darme algún ejemplo de esos cambios?

Cogieron mi libro, pero como no corresponde a la idea que tienen y han difundido siempre sobre África, modificaron todo lo que mostraba la vitalidad de las sociedades africanas precoloniales, los intercambios comerciales que existían antes de la llegada de los europeos. En definitiva, todo lo que mostraba sociedades organizadas –porque se dice que los africanos son salvajes, que no han hecho nada–, fue eliminado. También modificaron mis informaciones. Escribieron que los pueblos africanos son caníbales, ¡yo no he dicho eso en mi libro! Todo lo que concierne a Turquía, Alemania, la trata atlántica y la musulmana, etc. también lo han suprimido. A las figuras resistentes las han ridiculizado. Por ejemplo, en pleno periodo en que los africanos luchaban por la preservación de sus tierras de cara a la llegada de los europeos en Sudáfrica, ellos cuentan que cada uno se paseaba a la caza del elefante blanco con los ingleses, para mostrar que no eran resistentes. Tonterías así. El libro se ha vendido muy bien entre los alemanes blancos, porque hay mucho racismo allí. Corresponde a la imagen que ellos tienen de África. Pero desagradó entre los intelectuales de la comunidad afrogermánica, que creyeron que era yo, la intelectual negra, quien había escrito todo eso. Cuando nos reunimos y les expliqué, iniciaron un movimiento de boicot para decir que el libro había sido falsificado.

¿Por qué cree usted que una editorial se interesa por un libro que pretende visibilizar a las mujeres negras y que la historia de África no se cuenta bien, y lo modifican?

Creo que es una manera de querer mostrar que nosotros no tenemos derecho de reapropiarnos de nuestra historia, que ellos han escrito esta historia, que ellos han dicho que los negros no han hecho nada, que son salvajes, que no han construido… Sarkozy dijo esto en 2007: «El hombre africano ha entrado en la historia y el mundo, pero no suficiente, ¿por qué negarlo?». Es la imagen que occidente tiene de nosotros y que siempre ha escrito y perpetuado. Ahora aparece un libro que dice: no, es falso, hay dinamismo, gente organizada, el continente africano existía miles de años antes de que los europeos llegaran —porque los europeos dicen que ellos nos han civilizado—. Cuando se muestra lo contrario hay gente que decide que tiene el poder para destruir este trabajo y no dejarlo prosperar, no dejar que mucha gente lo conozca porque va a hacer que cambie la visión que han escrito sobre África. Hay leyes que protegen las obras escritas y que dicen que no se tiene el derecho a transformar una obra si el autor no está de acuerdo. En este derecho a mí me han dado la espalda y la justicia francesa me lo ha denegado pensando: «como es la historia de África, no es grave». Todo esto corresponde a un modo de pensar que quiere perpetuar la visión colonial de la historia del continente africano.

Retrato de Anne Zingha, reina de Angola en el siglo XVII. Ilustración: Arturo Arnau

¿Qué ocurrió con el proceso judicial en Francia?

He estado en proceso judicial durante más de cuatro años y, sistemáticamente, en los tres juicios me han desestimado mi demanda, a pesar de que es una violación de la ley. Muchos especialistas han dicho que esta jurisprudencia es discriminatoria, que viola la ley sobre la protección intelectual y el derecho moral. Cuando agoté todas las vías judiciales en Francia, una abogada me dijo que íbamos a enviar mi dosier a la Corte Europea de Derechos Humanos, en 2011. El Tribunal aceptó mi caso, me sentí aliviada. Me dijeron que tenía que esperar tres años y al cabo de cuatro pregunté que por qué no había novedades. La abogada se informó y me dijo que habían perdido mi dosier. Después no logré volver a reunirme con la abogada. Yo creo que todo esto son muchas cosas para un solo asunto.

Tras la salida de su libro ha habido también estudiantes que se han interesado por estas mujeres negras, pero a los profesores de historia no les hizo mucha gracia este interés…

Sí, conté eso (risas). Lo dije como algo anecdótico, pero es para mostrar que hay un cierto machismo en las investigaciones africanistas y que molesta cuando se da un rol protagonista a las mujeres. Los profesores están obligados a dejar investigar a los estudiantes sobre estos temas, pero les aburren.

En su opinión, ¿qué es lo que más puede molestar de lo que narra en su libro: que las protagonistas sean mujeres o que sean negras?

Tengo que decir que el libro tuvo mucho éxito entre el público afrodescendiente y la diáspora, porque encontraron referencias de las que no se dice nada. En los países africanos las historias son muy nacionalistas y ponen a las mujeres en un segundo plano. Así que, por este lado, el libro ha levantado mucho entusiasmo, pero para algunos europeos el hecho de que se hable de negros que no representan esa imagen que ellos han difundido de nosotros les molesta y les pone furiosos. Pero, el público en general lo ha encontrado formidable, me dicen «tenemos abuelas que eran combatientes, que tenían carácter, que no es en absoluto la imagen de mujeres sumisas que los medios occidentales dan de nosotras».

La última soberana de Madagascar, Ranavalona III. Ilustración: Arturo Arnau

¿Cree entonces que su libro puede ofrecer referentes a las mujeres de África y de la diáspora?

Sí, sobre todo entre las mujeres jóvenes de entre 30 y 40 años. Me dicen: Madame, cuando he leído su libro en seguida una se siente y se ve diferente porque sabe que en su pasado ha habido antepasadas, mamás, abuelas, que han sido valientes; ahora tenemos esos ejemplos y nos sentimos más fuertes». Muchas mujeres me han dicho que cuentan estas historias a sus hijos diciéndoles: «voilà, es nuestro pasado».

En su libro hace alusión a dos fenómenos en la memoria africana. Por un lado, está el caso de Madame Tinubu, en Nigeria, a quien se recuerda como un gran personaje. Pero, por otro está el de las mujeres de Nder, en Senegal, de quienes nadie se acuerda, ni siquiera en ese pueblo…

He notado que en los países anglófonos en general se les da más importancia a esas mujeres. Por ejemplo, en Nigeria se habla de Madame Tinubu en la escuela, la gente conoce su historia y es célebre. En Ghana también hubo una revuelta en 1900 contra los ingleses, y fue dirigida por una mujer llamada Yaa Asantewa; allí también hay una estatua y un pequeño museo sobre ella y los jóvenes conocen su historia. Pero en los países francófonos los programas educativos están todavía realizados por los franceses, así que los niños senegaleses conocen la historia de Juana de Arco, pero no la de las mujeres de Nder… Las gentes de la región que continúan perpetuando el recuerdo de estas mujeres tienen un sabor amargo, dicen que es una parte de la historia que nos pertenece, pero a nivel del Estado, la educación y la cultura, está totalmente marginalizada.

¿Ha pensado usted en hacer algo más para seguir reivindicando el lugar de las mujeres negras en la historia?

Además de la nueva edición del libro en francés, en la que he enriquecido algunos retratos tras continuar mis investigaciones, y que salió en julio con otro editor, desde hace más de un año y medio estoy trabajando en un nuevo proyecto de libro sobre las resistencias femeninas del pueblo negro, en todos los actos de resistencias, ya sea en África, Estados Unidos, Europa, Brasil… Sean resistencias culturales, políticas, e incluso en combates y guerras. Es una continuidad del primer libro y me permite abordar el período de las independencias o las luchas de liberación nacional, como en Angola o Mozambique, donde muchas mujeres combatieron. Las tradiciones populares las conocen, pero no se introducen en los programas escolares. 

 

Ndete Yalla fue soberana de Walo, reino situado en el norte de Senegal, a mediados del siglo XIX. Descendiente de una de las grandes familias aristocráticas que habían fundado esta entidad antes del siglo XIII, le tocó gobernar en una época con un marcado clima de hostilidad. Ndete Yalla fue una resistente contra la invasión francesa de Senegal en el siglo XIX, y el reino de Walo la primera colonia francesa en África subsahariana.

La reina Ranavalona III de Madagascar fue otra resistente a la colonización francesa en el siglo XIX. El día que fue coronada juró que quienquiera que amenazara un solo pedazo de su territorio se encontraría con ella, quien defendería a su patria. Aunque los extranjeros tuvieron una acogida inicial en la isla, su intromisión en asuntos internos le hizo desconfiar de ellos y en 1835 decidió expulsar a todos los blancos de su reino.

Harriet Tubman nació como esclava entre 1820 y 1822 en una plantación de tabaco en Estados Unidos, donde vivió hasta que escapó de allí. Sin embargo, alejarse de esta realidad no la volvió indiferente a ella y se unió a una red clandestina que ayudaba a los esclavos a escapar. Esta afroamericana se convertirá en una gran figura de la resistencia contra la esclavitud en el siglo XIX.

Definida por Serbin como «hábil estratega con un temperamento de hierro y carisma incuestionable», Anne Zingha fue reina de Angola durante cuarenta años, en los que combatió las invasiones portuguesas en el siglo XVII. El Gobierno de Angola erigió una estatua en su honor y una calle en Luanda, la capital, lleva su nombre.