Un largo recreo

Por: Nestor Nongo - 14/01/2019

En los años sesenta, hace ya más de medio siglo, la mayoría de los Estados africanos accedieron a la independencia y pasaron a engrosar la lista de países soberanos sin apenas una transición. La sensación de relax, para no decir caos, instalada en el continente desde entonces parece durar demasiado. Debido al hartazgo, y también al cansancio, cada vez más africanos y gente de buena voluntad del resto del mundo se preguntan cuándo tocará la campana que ponga fin a este grotesco recreo.

Como se recordará, África vivió con tensión, frustración y rabia contenidas largos siglos de esclavitud y colonización bajo la dominación extranjera. Una vez alcanzada la independencia, y debido a la falta de un personal autóctono preparado que tomase el relevo de los colonos y actuase como auténticos guías para sus nuevas naciones, esas frustraciones, tensiones y rabias degeneraron en el caos posterior. De pronto, los nuevos dirigentes se convirtieron en nuevos colonos con el apoyo de los anteriores (neocolonialismo); y la libertad recobrada se convirtió en libertinaje. Resultado: golpes de Estado, guerras intra y extra-étnicas, corrupción y desorden en todos los ámbitos.

Cualquiera que recorra hoy, al inicio de este nuevo año, las calles de las metrópolis africanas y también de sus pueblos palpará las grandes desigualdades que gangrenan el continente, y no le quedará más remedio que preguntarse hasta cuándo ha de perdurar la presencia en cada rincón del hambre, la enfermedad y la muerte, al mismo tiempo que se contempla la opulencia de unos pocos que se aprovechan de los inmensos recursos que deberían ser para todos.

Una investigación, por rápida que fuera, demostraría que esta situación es consentida y estimulada por las grandes multinacionales y sus países de procedencia que consideran este statu quo como propicio para sus intereses para, así, seguir sacando provecho los recursos naturales del continente. Para ellos, África no es más que una despensa y los africanos, supuestamente libres e independientes, un estorbo; y los dirigentes africanos, simples marionetas en sus manos. Ellos son los que realmente ponen y quitan a los gobernantes, sobre todo en los países sensibles. ¿Qué sería, por ejemplo, de muchos presidentes de esos países sin el apoyo de multinacionales como Total, Areva, Glencore, Bolloré y sus respectivos países de origen?

Y lo peor de todo es la alienación mental de la mayoría de esos gobernantes africanos que creen que están en el poder por voluntad de sus paisanos, a través de pseudo procesos electorales. ¡Cuántas comisiones electorales nacionales independientes en el continente! Sin embargo, casi ninguna se libra de amaños electorales y siempre ganan los ungidos por las potencias extranjeras.
Así pues, sigue siendo un asunto pendiente el recreo en África, que decretó Occidente cuando salió del continente como un maestro que sale del aula sin dejar un sustituto o un delegado que mantenga el orden. Eso ocurrió con unas independencias sin relevo. De ahí que haría falta una Ilustración en África, de la que hablaremos próximamente.