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Informes internacionales confirman el incremento de la violencia en el continente

Dice Rahmane Idrissa en el libro Guerra y paz en África que la persistencia de la violencia en África se debe, entre otros factores, al fracaso del Estado en el continente, que imita modelos coloniales sin disponer de la fuerza de las potencias coloniales, lo que a veces explota en forma de conflicto armado y otras, de violencia social (ver Entrevista a Dagaugh G. G. Komenan, en la web de MN). Sea o no la razón, lejos de disminuir en los últimos tiempos, el problema se acrecienta según el Instituto para Estudios de Seguridad de la Unión Europea (ISS, por sus siglas en inglés), un grupo de estudio que señala a África como el único continente en el que la violencia aumentó en 2020. Para el ISS, el continente registró 17.200 eventos de violencia política, 9.000 de ellos con víctimas mortales. Además, el incremento de la violencia no se puede ligar solo a la pobreza, a factores climáticos o a causas étnicas o demográficas, sino que se produce en países con distintos niveles de desarrollo, riqueza o variedades identitarias

El estudio coincide con otro informe del Africa Center for Strategic Studies (ACSS), vinculado al Pentágono, que habla de una progresión de la violencia yihadista. En el año 2020 habría llegado a sus máximos niveles con 13.000 muertos, siguiendo una tendencia al alza que se inició en 2016.

Estas semanas, algunos de los sucesos violentos más comentados han estado directamente relacionados con violencias poselectorales, como es el caso de Uganda y República Centroafricana. En Uganda, el presidente Yoweri Museveni, que se impuso en una controvertida contienda a Bobi Wine, apenas puede ocultar los asesinatos y los arrestos masivos de opositores reportados por todo el país. Museveni acusa a los extranjeros de utilizar a Bobi Wine, en arresto domiciliario, para «desestabilizar» Uganda. Las organizaciones humanitarias han documentado hasta 120 asesinatos durante un período electoral y poselectoral extremadamente convulso.

Mientras tanto, en República Centroafricana, la decisión de apartar al expresidente François Bozizé de la carrera presidencial detonó una ola de violencia que ha puesto en jaque al Gobierno sostenido por Naciones Unidas y, a nivel militar, también por mercenarios rusos y ruandeses, en una partida geoestratégica en la que todos quieren sacar tajada. En la Coalición de Patriotas por el Cambio (CPC), que está detrás del asalto a la capital (ver MN 667, pp. 8-9), se establecen curiosas alianzas, como la del expresidente Bozizé con sus antiguos enemigos de la Seleka. Pese a todo, el presidente Faustin-Archange Touaderá anunció la celebración de una segunda vuelta electoral el 14 de marzo. El Gobierno ha asegurado que hace todo lo posible para «liberar» las áreas que no pudieron votar en diciembre, lo que condujo a una bajísima participación: la excusa perfecta para que ciertos grupos repudien al Gobierno.

En portada: Un estudiante se resiste a ser arrestado en una manifestación en Kampala (Uganda). Luke Dray/getty

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