Un semillero de talento en Kinshasa

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Kin ArtStudio promueve la creación artística en RDC


El patrocinio cultural camina despacio en África. Oenegés, proyectos educativos o empresariales atraen más al capital africano que el arte. La falta de patrocinadores locales y de subvenciones públicas hace que el apoyo que recibe proceda del extranjero.  Kin ArtStudio es uno de los pocos semilleros de talentos que aprovechan la efervescencia de artistas que inundan la capital congoleña y que esperan a ser acompañados y promovidos.



Con una población estimada de más de 15 millones de habitantes, Kinshasa es la tercera ciudad más poblada de África después de El Cairo (Egipto) y Lagos (Nigeria). Conocida por su hospitalidad y por la cercanía de su población, esta ciudad acoge también innumerables casos de talento que todavía no han encontrado oportunidades, conocimientos artísticos o plataformas para desarrollarse. Tanto en la capital congoleña como en el resto del país, los espacios profesionales de difusión artística son casi inexistentes, y la financiación de proyectos creativos o de exposiciones locales o nacionales es todavía muy débil.

Una excepción es Kin ArtStudio. Radicada en Kinshasa, la plataforma fue creada en 2011 por el artista congoleño Vitshois -Mwilambwe Bondoy con el objetivo de animar a la creación en el área de las artes visuales y otras formas de expresión contemporánea, reforzar las capacidades de los jóvenes artistas congoleños y promover los intercambios entre artistas en el mundo entero. Kin ArtStudio ocupa un amplio espacio que antes era una fábrica de telas wax. Alberga más de diez estudios para artistas, oficinas, una biblioteca, un restaurante… Al menos 150 artistas, la mayoría congoleños, han pasado ya por esta casa. Algunos de ellos han participado en talleres, residencias o exposiciones artísticas en países de África, Europa y Estados Unidos. Otros, incluso, colaboran con galerías en el continente y fuera de él, y gozan de gran renombre en la escena internacional. 

En Kin ArtStudio se combinan pintura, escultura, fotografía, performance, vídeo o diseño. Los artistas tienen la mirada puesta en la herencia histórica, cultural e intelectual de su país, que interpela por los choques históricos que se han vivido desde el Estado Independiente del Congo, bajo mandato de Leopoldo II, el Congo Belga, pasando por el Zaire de Mobutu hasta llegar a la época actual. La riqueza de su suelo, la extensión de su territorio, la gran diversidad étnica, sus especificidades culturales, sin olvidar la violencia vivida en su identidad espiritual, económica y política, confieren a este país una dimensión única y un destino fuera de lo común en todo el continente. 

A menudo, como espectadores de la agitación política y social a la que están sujetos, en Kinshasa, donde la delincuencia y el crimen urbanos se convierten en protagonistas con demasiada frecuencia, los artistas de la capital se ven obligados a producir un arte que dé voz a los deseos y esperanzas de los congoleños que sufren, ríen, opinan, se rebelan, trabajan, luchan… Los creadores utilizan el arte para denunciar a la clase política congoleña, necesitada de sangre nueva para construir un futuro mejor.



Fotografía: Enrique Bayo


Dos historias cruzadas

Mientras el calor ahoga la ciudad, Nathanaël Mutelezi Maza se muestra muy cómodo sentado en un taburete alto, concentrado en mezclar colores. Utiliza aleatoriamente acuarela, pastel y bolígrafo. Parece disfrutar de su trabajo. Su dibujo, todavía no acabado, representa a una mujer que, desesperada, mira al suelo. La imagen reivindica la historia de República Democrática de Congo (RDC), dice Nathanaël, sobre todo para inmortalizar tanto la parte que no se ha contado lo suficiente como la que se ha callado: «Mi dibujo representa a una mujer que ha perdido a muchos miembros de su familia durante la reciente guerra de RDC. Si se hace una investigación, se comprobará que el número de muertos de la guerra en nuestro país es quizás tan elevado, o puede que más, que el del Holocausto de los judíos en Alemania, pero se habla poco de ello. Parece que se tratara de enterrar esta historia trágica. Mi creación trata de recordar esta realidad para que no quede en el olvido». 

Este joven de 23 años, que desde la infancia anhelaba ser artista, estudió en el Instituto de Bellas Artes de Kinshasa. En esta escuela creció su interés por las exposiciones artísticas y fue seducido por el arte contemporáneo hasta que empezó a participar en concursos de arte moderno. En 2018 se encontró con el fundador de Kin ArtStudio, Vitshois Mwilambwe Bondoy, que lo acompaña hasta ahora. 

En el estudio número cuatro hay una obra colgada en la pared. Aristóteles Mago, su autor, es escultor de formación. La obra parece inacabada, ya que ninguna de las tres personas representadas en ella tiene cabeza. Otras tres obras que aparecen tendidas en el suelo presentan la misma característica. Es su manera de expresar la resistencia del pueblo africano: «A veces, en África vivimos como si fuéramos monstruos. En realidad, no somos gente normal, vivimos como unos extraterrestres, personas extraordinarias. Me pregunto muchas veces cómo llegamos a superar toda esta realidad de pobreza que nos ha sido impuesta. La resistencia es tan fuerte que una mujer consigue vivir vendiendo cinco tomates, y de ello come y escolariza a sus hijos. No es normal, pero así vivimos». 

Las obras de Aristóteles recogen sus experiencias personales, conectadas entre sí, y que se convierten en preguntas para la sociedad. Lo que ya forma parte de su vida es la bolsa de plástico trenzada que se ha convertido en soporte habitual de sus obras. En realidad, no es una bolsa, es su propia historia: «Fui criado por mi abuela en medio de muchas dificultades. Ella vendía bolsas de plástico y yo la ayudaba para mantener a la familia. Cuando emprendí mi carrera artística, me acordaba de mi abuela… y la bolsa. Dibujaba en ella, luego cosía las líneas verticales u horizontales que me servían de fondo, y así sigo trabajando. Nada es casual. Es el reflejo de mi historia personal y de una sociedad marcada por los años de dictadura. Es la historia de un pueblo perturbado por la situación política y social, y que se siente en la obligación de hacerse cargo de sí mismo», cuenta Aristóteles mientras, de vez en cuando, se acaricia las rastas que pueblan su cabeza.


Vitshois Mwilambwe Bondoy, fundador de Kin ArtStudio. Fotografía: Enrique Bayo


El creador de sueños 

A Vitshois Mwilambwe Bondoy, ya le gustaba, a los seis años, copiar los dibujos de las revistas que le -compraba su padre para leer. Al descubrir su vocación artística, sus padres lo enviaron al Instituto de Bellas Artes de Kinshasa, donde estudió de 1994 a 1999. Quería exponer en espacios profesionales. Algunas de las postales que dibujaba y vendía en el colegio se expusieron en el propio centro escolar y en la Academia de Bellas Artes. Comenzó a ir a la biblioteca del Instituto Francés, donde descubrió la riqueza del arte contemporáneo y a algunos artistas de renombre que le llevaron a ver el arte con otros ojos. 

Vitshois, continuó su formación en la Escuela de Artes Decorativas de Estrasburgo y en la Rijksakademie Van Beeldende Kunsten de Ámsterdam entre 2008 y 2010, donde conoció a artistas, comisarios, teóricos, historiadores y críticos de arte del mundo entero.

En la actualidad, vive en Kinshasa, donde trabaja en la promoción de las artes visuales y otras formas de expresión contemporánea, al mismo tiempo que promueve intercambios de jóvenes artistas congoleños con iniciativas artísticas en el mundo entero. Desde hace más de 10 años, organiza exposiciones, imparte clases magistrales y talleres, pero también es responsable de uno de los programas de residencia más importantes de artistas y comisarios en África central. En 2019, organizó Congo Bienal, la primera bienal internacional de artes contemporáneas en Kinshasa que, en su primera edición, reunió a cerca de 40 artistas de todo el mundo y más de un centenar de obras en cuatro sedes diferentes.    

Vitshois Mwilambwe Bondoy vio que había muchos artistas, pero que nadie los acompañaba en su proceso de aprendizaje y creación. Y tomó partido: «Veía a muchos jóvenes con un gran talento y, por otra parte, me extrañaba ver que, aparte del Instituto Francés de Kinshasa, en RDC no había ninguna plataforma para reforzar sus capacidades, ninguna galería profesional donde exponer sus obras, ningún lugar de intercambio para ellos. Como el Gobierno ha fallado en su misión, me he comprometido, gracias a mis experiencias en otros países, en acompañar a los jóvenes artistas para que, una vez que terminen sus estudios, no desperdicien su talento, sino que vivan del arte en su país o en el extranjero».

Al creador de Kin ArtStudio le mueve la convicción de que el arte, como reflejo de la sociedad, contribuye al desarrollo cultural y económico, e incluso a mejorar la imagen del país: «El artista participa en el desarrollo de su comunidad, cuestiona la realidad que le rodea e intenta descolonizar las mentalidades para que la gente tome las riendas de su propia vida. Más allá de la estética, el arte despierta a la población dormida. Nuestro papel también pasa por transmitir esperanza al pueblo, mostrando el lado positivo de nuestra realidad, y denunciar las patologías que padecemos como pueblo. De esta manera, contribuimos a que los aficionados a la cultura vean el mundo con otros ojos».

Como comisario, Bondoy contribuye al desarrollo de la escena congoleña. Atrae a artistas de gran reputación para trabajar y mostrar su trabajo en Kinshasa, de modo que los enfrenta a la realidad de la ciudad. Ahora, gracias a una red de intercambio internacional, se envía a los creadores a otros países para que intercambien experiencias con otros artistas. Esto supone un acompañamiento a largo plazo que implica no solo ayudarlos a centrarse en su trabajo, sino también a reflexionar sobre sí mismos y su quehacer artístico. 



Aristóteles trabaja en una de sus obras en las instalaciones de Kin ArtStudio. Fotografía: Enrique Bayo


Los antepasados

40 artistas, diseñadores, arquitectos, historiadores de arte, conservadores y críticos de arte de los cinco continentes participaron en Congo Bienal de 2019. Para la segunda, Vitshois, satisfecho por la cantidad de invitados, la calidad de las obras presentadas y la reacción positiva de parte del público ante las obras, esperaba atraer a más artistas de todo el mundo –las expectativas estaban en cerca de 150–, pero también del interior del país. 

El calendario previsto inicialmente, del 10 de septiembre al 24 de octubre pasados, se truncó debido a la pandemia causada por la -COVID-19. Cierto temor a los desplazamientos, el respeto a las concentraciones de gente en espacios cerrados y el desconocimiento de cuál es el impacto real del coronavirus en el continente africano, han provocado que la cita se haya aplazado al año que viene. En su página web anuncian ya las fechas de la que será la segunda edición de esta cita: del 16 de septiembre al 23 de octubre de 2022. 

Lo que sí se mantiene es el tema sobre el que girará la cita, «El soplo de los ancestros», que se hará visible en varios espacios de la capital, y que se complementará con talleres sobre periodismo cultural y crítica de arte, talleres de capacitación para artistas visuales, o trabajos sobre el espíritu empresarial cultural. 

Como la memoria de los ancianos está inscrita en gran parte de las culturas africanas, los artistas podrán expresar la estrecha relación de los más mayores con el mundo y con los muertos, porque en África «los muertos no están muertos», como clamó el poeta senegalés Birago Diop. 

Africanos, hijos de la diáspora y afrodescendientes estarán en contacto el próximo otoño en Kinshasa a través de multitud de obras que se crearán para implorar a los antepasados. Será una oportunidad para forjar, entre todos, un nuevo lenguaje y construir puentes.  

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