Varón. 51 años

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UNA PALABRA EN EL BAOBAB

La aparición, ya lejana, del primer caso de la variante ómicron en España ahondó en el desprestigio –bien ganado a mi humilde entender– que sufre el gremio de la prensa. Ni pretendo escapar de la quema ni señalar males causados por los demás. No soy quién para subirme limpio de toda pena a un púlpito y arremeter contra otros. No. Más o menos pecador que los demás, pretendo señalarme y señalarnos por lo que nos empeñamos en hacer mal.

Porque siendo conscientes del error, insistimos en el descrédito propio. La nueva variante del coronavirus descubierta en Sudáfrica a finales de noviembre hizo que nos fijáramos en el cierre de los cielos de medio mundo a los vuelos procedentes del austral africano, que nos pusiéramos a la búsqueda del paciente cero de la nueva variante –un varón de 51 años– cuando se conoció su existencia, o que creciera en nosotros la malsana curiosidad por hurgar un poco en los factores menos importantes de toda esta historia. Mientras los científicos que descubrieron la variante pedían tiempo y paciencia para poder hablar de su gravedad, capacidad de contagio y posibles consecuencias, nosotros desbocamos enfoques simplones que incidían en nuestro carácter victimista –el de Occidente– y señalaba con el dedo acusador a un país –Sudáfrica– que, en el campo científico, había hecho bien las cosas. Nos empeñamos una vez más en prender fuego al bosque para que nada nos impidiera ver el árbol que emergía delante de nuestras narices. Como casi siempre.

En la imagen superior, centro de vacunación ambulante de Khayelitsha (Ciudad del Cabo) dirigido por Médicos Sin Fronteras. Fotografía: José Luis Silván



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