Youssef M. Ouled: «Las instituciones fomentan el racismo»

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Youssef M. Ouled, periodista


«Tengo 27 años. Nací en  las montañas del Rif, en Alhucemas, al norte de Marruecos. Vivo en Madrid desde los cinco años. Me dedico al periodismo. He sido responsable del blog Es Racismo y he participado en el informe Bajo sospecha. El impacto discriminatorio en las prácticas policiales para la organización Rights International Spain, donde trabajo en la actualidad analizando y sensibilizando sobre el uso policial del perfilamiento racial» .







¿Cómo fueron tus primeros pasos como periodista y activista?

Empezó interesándome el periodismo deportivo, pero en los primeros años de la carrera me movía por ámbitos más sociales de activismo y acabé enfocándolo por ahí. Antes de acabar, mientras hacía prácticas en un diario digital de Madrid, estalló un conflicto social y político en el Rif, donde había nacido, y decidí informarme de lo que estaba pasando e intentar contarlo aquí, a través de mi blog personal, de las redes sociales y escribiendo para diferentes medios.

¿Qué ocurrió?

A finales de 2016, Mohssine Fikri, un rifeño que se dedicaba a comprar pescado en el puerto y venderlo en diferentes ciudades de Marruecos, fue parado por la policía. Llevaba en su vehículo una gran cantidad de pescado que en ese momento no se podía comercializar, aunque él lo había comprado en el puerto de manera legal. Le pidieron dinero y él se negó, así que le requisaron la mercancía. Pero él opuso resistencia y en el proceso de destrucción del pescado en un contenedor de basura se metió dentro intentando frenarles y lo mataron. Sucedió en la avenida principal de Alhucemas, a la vista de todo el mundo, y fue la chispa que encendió un movimiento de protesta ya latente debido al hartazgo, el desempleo, la opresión continua, la falta de libertades y de oportunidades. Las personas rifeñas solo tienen dos salidas de futuro: agarrar la patera y jugarse la vida en el Mediterráneo o irse a otras ciudades marroquíes a que les exploten mutinacionales europeas como mano de obra barata. Nunca se habían producido protestas así. En una ciudad de apenas 50.000 habitantes, se congregaron 70.000 en las calles, gente llegada de todos los poblados. 

Vives en España desde niño. ¿Qué te impulsó para interesarte por aquello? 

Cuando surgió este movimiento, conocido como Movimiento Popular Rifeño, muchas personas volvimos a vincularnos a un sentimiento que teníamos muy desarraigado. En España se generaron diferentes organizaciones de rifeños y rifeñas de apoyo a nuestra región, y las generaciones más jóvenes reconectamos con nuestra tierra, nuestra lengua y nuestra historia. Cuando has llegado aquí como persona migrante, acabas rechazando lo que es tuyo, por el racismo, porque constantemente te dicen que los moros son delincuentes, machistas, homófobos o terroristas, y tú lo que quieres es no parecer un moro, por lo que vas desintegrando tu identidad hasta intentar parecer un español blanco más. Este movimiento nos hizo sentirnos orgullosos de nuestra historia, de nuestra familia y de nuestras raíces. Y en España nadie hablaba de ello. Aunque no tenía mucha experiencia como periodista, me dio igual. Bajé para entrar en contacto directo con la gente y contarlo desde allí. 

Tu trabajo periodístico y activista actual tiene mucho que ver con la visibilización y la denuncia del racismo.

Empecé a militar en SOS Racismo Madrid y me propusieron llevar el blog Es Racismo para contar los hechos racistas que ocurrían en España, tanto los que eran valorados como microrracismos como sucesos más fuertes. Todo tiene importancia para quien lo sufre. Y queríamos hacerlo alejándonos del sensacionalismo y de la reducción a la anécdota de los medios tradicionales. Creamos un espacio con una dimensión social y mediática importante, y muchos de los casos que contábamos se replicaban luego en los medios de comunicación generalistas. Se convirtió en una referencia para quienes sufren racismo. Al final, para mí era mucho desgaste estar recibiendo constantemente vivencias que me hacían recordar mis propias experiencias y otras más traumáticas, como retirada de custodias, deportaciones, violencia física o verbal por parte de las fuerzas de seguridad del Estado… Necesitaba coger un poco de aire y cuidarme, porque me hizo mella, y lo dejé. 



Youssef M. Ouled el día de la entrevista. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo


Has escrito mucho sobre las identificaciones policiales por perfil racial, el hecho de que te paren por ser negro, magrebí, latino o gitano. 

He escrito en primera persona y también sobre las experiencias de otros. Y formé parte de un proyecto a través de la organización Rights International Spain para implementar una herramienta en el distrito de Ciudad Lineal, en Madrid, que en cierta medida venía a fiscalizar la labor policial. Pretendía que cuando el agente de policía identificara a alguien, rellenara un formulario explicando por qué paraba a esa persona, quién era y cuál era el resultado. Aunque la iniciativa no salió muy bien porque el Gobierno del Partido Popular se la llevó por delante, esta herramienta se implementa desde hace varios años en policías locales de Puertollano, Castellón o Gerona, y lo que permite es ver que la Policía identifica de manera excesiva a unos grupos raciales muy concretos, a población que no es blanca, pero con resultados negativos en términos policiales, lo que quiere decir que esas personas no han hecho nada. Se comprobó, por ejemplo, que las personas marroquíes son paradas seis veces más que las personas blancas, y aun así con más resultados negativos, de lo que se concluye que lo que mueve a la identificación no es la comisión de un delito, sino la condición racial de la persona.

¿Qué supone para la persona que es parada por este motivo?

Un agente de Policía me dijo: «Yo identifico a una persona no blanca porque en sus ojos veo cierto nerviosismo». Y yo le dije: «Si tú estás constantemente parando a un grupo de personas, estas se van a poner nerviosas cuando vean a un policía, porque van a evocar situaciones traumáticas de humillación y violencia». Puede tener consecuencias físicas, si no en el lugar de la parada, sí cuando te llevan esposado a los calabozos; también consecuencias emocionales, porque te criminalizan delante de todo el mundo, te cachean y te hacen quitarte ropa. A mujeres musulmanas les han quitado el velo en medio de la gente, vulnerando su intimidad y libertad religiosa. La sociedad, en general, cuando ve que una persona está siendo identificada lo primero que piensa es que «algo habrá hecho». Refuerzan el imaginario de que hay ciertas personas que vienen a delinquir. Se asocia la peligrosidad a unos grupos raciales y eso alimenta el racismo. Tiene consecuencias psicológicas, como que te empiece a latir el corazón muy fuerte al ver a un policía. Hay estudios que demuestran que tiene terribles consecuencias en la salud por esa presión constante. Para una persona que está en situación administrativa irregular puede suponer la deportación, aunque lleve aquí diez o 20 años. Y tiene consecuencias políticas, porque es una forma de desactivar a la gente. Si estás constantemente controlando a un tipo de población, evitas que se mueva en el espacio público como el resto, se comunique y se agrupe para combatir este tipo de violencias. En el informe Bajo sospecha (2019) mostramos situaciones como la de un chico que al salir de trabajar, con su uniforme, le paran en la puerta para identificarle, o la de otra persona a la que paran en el metro, le hacen quitarse la ropa y llega media hora tarde al trabajo. ¿Cómo le explicas luego a tu jefe que te han identificado por ser negro?

¿Por qué estas paradas?

Por un lado, para llenar los CIEs y los vuelos de deportación. Y por otro, son un mecanismo de control racial, una amenaza constante para evitar nuestra organización, para perpetuar nuestra subordinación y que nada cambie. El sistema nos dice que «aquí está la Policía» como respuesta a cualquier forma de resistencia y a querer revertir el racismo. A mí no me preocupa tanto el prejuicio racial que tiene otra persona sobre mí, sino cómo las instituciones legislan y actúan en base a marcadores raciales. El perfilamiento es la institucionalización de una práctica racista. Quienes fomentan el racismo son las propias instituciones, por eso cuando intentas denunciarlo esas mismas instituciones te lo impiden. Incluso, niegan este racismo. Dan igual las evidencias, las experiencias y las denuncias. Al final tienes que acudir a los tribunales internacionales para poder protegerte.

¿Qué se puede hacer? 

Presionar para que se controle la labor policial. Esto es posible con transparencia y rendición de cuentas para que ninguna violencia quede impune. Es importante organizarnos, grabar a las autoridades en el ejercicio de su función, apoyar a la persona afectada y desnormalizar este tipo de prácticas. Que la sociedad entienda que cuando ven a una persona siendo identificada, por lo general una persona no blanca, en la mayoría de las ocasiones se debe a su perfil. Lo que están viendo es una manifestación de racismo. 

 




CON ÉL

«Una compañera de Es Racismo me regaló esta taza. Para mí Malcolm X es un referente y una frase como esta te permite recordar, cuando sientes frustración y ves que tu trabajo no tiene resultados, que estás haciendo lo que corresponde para dejar una sociedad mejor». 



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