Youssoupha Sock: «El diálogo requiere esfuerzo y comprensión»

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Dicen que es tímido. Él se ve como una persona curiosa siempre con ganas de aprender de los demás. El abuso y la injusticia le irritan. Vive en España desde hace 10 años y ha estudiado Antropología. Es secretario general en funciones de la Asociación de Inmigrantes Senegaleses.

 

 

 

Youssoupha, ¿de dónde vienes?

Nací en una ciudad del centro de Senegal que se llama Kaolak. Le llaman la ciudad carrefour, por la que pasa todo el comercio. Nací en el año 81 en una familia de clase media muy feliz. Mi padre era sastre. Mi madre trabajaba comerciando. Vivía en un barrio donde había de todo, gente con un poder económico muy alto, gente media y gente muy pobre. Siempre vi a mi madre compartiendo con los demás lo poco que tenía. Mi casa siempre estaba abierta para la gente. Todos hemos tenido estudios, excepto una hermana que cuando murió mi padre tuvo que dejarlo para ayudar a mi madre en el trabajo. Mi hermano se fue a Francia con una beca y desde allí también ayudaba a la familia. Estudié hasta el Bachillerato y después decidí aventurarme para ver otros horizontes. Empecé comprando productos en España que después vendía en Senegal. Era feliz y vivía bien. Pero el mercado se saturó y decidí viajar. Me dieron un visado de 15 días y me vine aquí. Ahora estoy trabajando como asesor personal de Enrique Sanz, una persona muy importante en la historia de la publicidad en España. Y encima estamos viviendo juntos. No lo podría llamar jefe. Es como el padre que perdí en un accidente de tráfico cuando tenía 14 años. Yo creo que él me ve como el hijo que nunca ha tenido.

Youssoupha Sock el día de la entrevista. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

¿Cómo os conocisteis?

Cuando llegué aquí en 2009 me fui a vivir con un amigo de infancia senegalés que residía en Puente de Vallecas. Mi objetivo no era España, era Francia. Pero cuando llegué me encontré con este y otros amigos en un ambiente senegalés que me encantó. Además pensé que podría aprender un idioma nuevo. A través de los cursos de español, conocí a Enrique y nos entendimos totalmente. Compartíamos intereses como el arte o la literatura, que a los dos nos encanta, y empezamos a vernos. Yo quería escapar un poco del ambiente de Vallecas, donde la presencia de la policía es brutal y te están vigilando constantemente. Así que iba a verle a su casa cada vez más, salíamos, me invitaba a comer, íbamos a ver un museo y  después comentábamos lo que habíamos visto… La relación fue creciendo y, como yo estaba intentando escapar de la situación en Vallecas, porque sin papeles la vida es muy dura, no puedes trabajar, no puedes hacer nada porque está prohibido todo, así es la Ley de Extranjería, acabó acogiéndome en su casa. Cuando pasaron tres años y obtuve la residencia, me hizo un contrato de trabajo, y hasta ahora.

 

¿Cómo acabaste estudiando Antropología?

Cuando aprendí español y conseguí los papeles, pensé que tenía que entrar en la Universidad para seguir estudiando. Así que hice el curso de preparación para mayores de 25 , aprobé el examen de acceso y marqué Estudios Internacionales como primero opción y luego Antropología. Pero para Estudios Internacionales pedían una nota de siete y pico, y yo tenía un seis, así que me dieron Antropología, pero por lo que me cuentan, creo que ha sido mejor.

 

¿Qué te gusta de la Antropología?

Lo primero es que te da una cultura general. Pero además te permite, adentrarte en la cultura de los demás para entender otros comportamientos y otras formas de ser. Te aleja un poco de este etnocentrismo y de este egoísmo que el ser humano tiende a tener. Por esto me gusta. La Antropología me ha hecho ser otra persona. Sin ella no habría sido la persona que soy ahora mismo. Me permite ver más allá de donde quedaba mi mirada y entender lo diferente. Esto es lo más importante, entender lo diferente. Saber que aunque haya diferencias siempre hay posibilidades de puntos de encuentro, dentro de estas diferencias.

 

¿Crees que todos deberíamos estudiar Antropología?

Yo creo que sí. Sobre todo en las escuelas primarias se deberían introducir algunos temas de Antropología, para iniciar a los más pequeños. Pero cualquier ser humano debería saber un poco de Antropología, porque nos haría mejores personas.

 

¿Y a dónde te gustaría que te llevara la Antropología?

Estoy pensando en un máster de Relaciones Internacionales y Gobiernos Africanos, que tiene mucho que ver con la Antropología. Creo que por ahí va mi futuro. Yo no soy de esa idea de que tengo que volver a África. Estoy viviendo aquí, soy africano, senegalés y muy contento de serlo, pero también me gusta colaborar con los demás. Nos necesitamos los unos a los otros. Occidente no puede ir sin África. África tampoco puede ir sin Occidente. La cuestión es construir un espacio donde converjan todas las ideas en unas relaciones basadas en la igualdad. Tenemos que reconocer que hay un abuso en las relaciones de los países africanos con los países occidentales. Y ahí está el combate. Corregir este abuso, esta injusticia que existe en la relación entre Occidente y los países africanos y los países, en general, menos desarrollados. Yo creo que ahí es donde proyecto mi futuro. Trabajando en un organismo internacional o representando a mi país en España trabajando en un consulado… Aunque luego la vida te va llevando por distintos sitios. A lo mejor piensas ir al oeste y la vida te lleva al norte (ríe).

Por conocerte un poco mejor, ¿cómo te describirías a ti mismo?

Una muy buena  pregunta, pero muy difícil de contestar, porque uno no se puede ver a sí mismo. Yo te diría que soy un inmigrante senegalés que está viviendo aquí en España y que tiene la aspiración apoyar a la gente y corregir las injusticias. Soy una persona a la que no le gusta el abuso. Desde siempre he combatido el abuso contra los más débiles. Esas actitudes me irritan. No puedo contenerme. También dicen que soy una persona muy tímida. Sí, lo soy, pero también una persona muy curiosa, a quien le gusta descubrir cosas y aprender de los demás. En mi vida he hecho muchísimas cosas. Antes de estudiar, pintaba. Estos cuadros que ves aquí son mis cuadros. También he hecho fotografía. Tengo muchas inquietudes y quiero descubrir. Más o menos esta es la persona que tienes aquí delante (ríe).

 

 

Youssoupha Sock el día de la entrevista. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

Hace unos meses co-dirigiste la exposición Personas que migran, objetos que migran… desde Senegal en el Museo de Antropología de Madrid. ¿Cómo fue la experiencia?

El museo nos dejaba un espacio y nosotros tomábamos la palabra para contar lo que necesitamos contar a los demás, para que sepan quiénes somos. Contar nuestro acervo cultural, nuestra forma de ser, nuestra forma de vivir allí y cómo la hemos traído aquí. Cómo vamos haciendo una mezcla con la forma de vivir que hemos encontrado aquí. Este era el objetivo de la exposición. Mostrar quiénes somos. Y por otra parte, mostrar lo dura que es la emigración y los distintos caminos que existen. Estamos hablando del aire, porque algunos tienen visado y pueden venir en avión; otros cruzan el Mediterráneo, con todos los muertos que hay y que sigue habiendo mientras no se está haciendo nada para solucionarlo; y también el camino del Sahel, una travesía que es muy dura y en la que también muere mucha gente. Hicimos entrevistas. Yo jugaba en los dos bandos: era entrevistador y también formo parte del colectivo de los senegaleses. La gente nos fue contando su experiencia de vida, su proceso migratorio y fuimos preguntando a la gente qué objeto podría representarlo. Y fueron trayendo objetos. Algunos objetos que les había regalado su madre. Otros traen, por ejemplo, un cayuco, simbolizando la travesía del Mediterráneo. En la exposición había una parte de interculturalidad que refleja la posibilidad de convivir autóctonos e inmigrantes. Y es que hay algunos que creen que esto no es posible, porque piensan que son superiores o que los inmigrantes somos gente sin cultura. Queríamos mostrar que sí que hay un espacio de diálogo muy posible que lo único que requiere es un poco de esfuerzo y comprensión mutua. Es un proyecto que ha durado casi un año y medio de investigación y ha estado expuesto durante cuatro meses en el museo.

 

¿Cuáles han sido las reacciones?

Ha gustado mucho. Yo era también la persona de hacer las visitas guiadas y después de hacer el recorrido por la exposición a la gente se le notaba en la cara que había aprendido. Esto es lo que le falta a la gente, esta conexión, entrar en contacto con el otro para poder saber quién es. Porque si mantenemos la distancia de lo que nos separa y los prejuicios, no podemos conocer quién es quién. Pero cuando nos juntamos, nos abrazamos y nos contamos las cosas, siempre nos vamos a entender. Y esta exposición creo que ha jugado este papel.

 

Decías en otra entrevista que es necesario que sean los africanos los que se cuenten a sí mismos.

Desde el contacto de la colonización hasta ahora siempre es el otro quien cuenta lo que es el africano. Esto debe cambiar porque no hay nadie que sepa mejor su historia que los propios africanos. Tienen la capacidad de contar quiénes son. Pero no se ha reconocido jamás el pensamiento africano. Y ahora es el momento de que África cuente su propia experiencia, sus propias vivencias. Muchas veces los que han contado la historia de África ni siquiera han estado allí o ni siquiera la han estudiado bien. Lo que querían era legitimar la colonización y contaban cosas que les favorecían. Y esto se ha venido haciendo hasta ahora. Por eso algunos autores en la actualidad como Achille Mbembe, como Felwine Sarr, como el profesor Mamadou Diouf… están planteando una nueva forma de enseñarle al mundo lo que es África y lo que son los africanos y alejarnos de esta unificación de África, de hacer que sea una sola cultura. Cada estado africano tiene su realidad. Y en cada estado hay diferentes grupos de personas y diferentes realidades. Y esto es muy enriquecedor. Nos toca a nosotros los africanos demostrar al mundo quiénes somos en realidad sin basarnos en lo que se contó de nosotros. Yo creo que  todos sabemos que la mayor parte de lo que se cuenta de nosotros ni siquiera se acerca a la realidad africana. Ahora mismo el rol del africano debe ser contar su propia realidad al resto del mundo. Como hacen todos. Occidente ha contado su realidad. ¿Por qué nosotros no? Pero ya se ha empezado a hacer.

 

¿Crees que la inmigración es una oportunidad para que los autóctonos empecemos a escuchar otros relatos?

La inmigración forma parte de todo esto. Permite que las culturas estén en contacto. Y permite también que la voz del africano resuene, que se oiga, que cuente lo que es. Además estamos viendo la creación de familias mixtas entre los de aquí y los de allá, y a partir de estas uniones surgen otros seres humanos que comparten dos realidades. Antes algunos occidentales iban a África un mes, dos meses, un años, dos años… y volvían con un cuaderno de notas, de cosas que no tienen nada que ver con la realidad y lo contaban en un libro, o en seminarios, y se decían ser expertos en África. Pero ahora están los africanos aquí. Si quieres saber algo, debes acudir a los africanos para que ellos mismos te cuenten lo que necesitas saber. La inmigración ahí sí tiene un papel muy importante. Aunque lo que vemos es que la emigración subsahariana molesta. Cuando se habla de inmigración, todo lo malo de la inmigración es la inmigración subsahariana. Algunos políticos en la campaña electoral les he oído decir «a los inmigrantes de América Latina que quieren trabajar se les da la oportunidad de venir a trabajar… Y para los que arrojan cal viva y las mafias, mano dura». Pero, ¿quiénes son los que arrojan y quiénes son las mafias? Pues se están refiriendo a los africanos. Y puede que haya sucedido algo así, que un grupo arroje cal viva. Pero coger este caso aislado y usarlo como si fuese la realidad, es algo fuera de lugar. Es lo que Achille Mbembe llama el racismo atmosférico o lo que llamamos ahora el micro racismo, que se encuentra en los discursos políticos, en los relatos periodísticos, en la vida social… Nuestra labor es hacerle ver a la gente todas estas cosas porque no es nada más que ignorancia. Y hay que mostrarles a los ignorantes que son ignorantes, que deben enterarse mejor y hacer políticas adecuadas. El fenómeno de la migración siempre ha estado y va a seguir estando. Ayer fue España quien salía hacia América Latina y hacia otros países. Hoy son los de América Latina o los de África los que vienen aquí. Y mañana, ¿qué? España podría salir de aquí e irse a Senegal, como ya está sucediendo. Muchos españoles se están yendo a Senegal. Muchas empresas están allí porque ven recursos naturales que explotar. Quién sabe lo que ocurrirá mañana. La inmigración no es un problema, es la solución de muchas cosas. Ahora España vive un envejecimiento y la inmigración puede atenuar esto. Los inmigrantes vienen, trabajan, se casan, tienen hijos… y están compensando este desequilibrio que existe. Y esto no es negativo, es positivo. Los inmigrantes han contribuido a la construcción de España. Esto no es negativo, es positivo. Pero siempre, para sacar un puñado de votos, atacan a la inmigración. Como si la inmigración fuera el mal de todo lo que sucede a la sociedad occidental. Hombre, no. Son ellos los que son incapaces de producir discursos y políticas que saquen a la gente de la situación difícil en la que están. Son votados para esto. Para mejorar las condiciones de vida de la gente. Pero no lo están haciendo. Y luego echan la culpa a los inmigrantes. Lamentable.

 

Me gustaría que me hablaras de la Asociación de Inmigrantes Senegaleses, de la que eres el secretario general en funciones.

Nosotros los senegaleses tenemos esta cultura del asociacionismo. En Senegal están las daerah, que son asociaciones religiosas; están las tontine de las mujeres, que son asociaciones de solidaridad en las que juntan dinero cada una aportando lo poco que puede para dárselo a una y que pueda realizar negocio, una forma de luchar contra los bancos y sus intereses tan elevados; también las asociaciones para mejorar los barrios; las asociaciones deportivas… Yo lo aprendí allí. Fui el secretario general de la asociación de mi barrio y también el secretario general de la asociación deportiva. La importancia que tiene aquí es la de acoger y orientar, facilitar integrarnos en la sociedad a la que venimos, pero sin perder lo que somos. Ayudar a la gente y darles un sitio donde pueden converger para hablar de todo: de sus problemas, de sus alegrías, de sus familias. Compartir y salir un poco del estrés, que también es otro fenómeno que está matando a los inmigrantes y no se está investigando debidamente. Pero es muy difícil, porque si no tienes ayuda de las instituciones no puedes hacer bien el trabajo. Hace falta una subvención para formar a la gente a enseñarles el castellano o para alquilar una vivienda donde puedas alojar a los recién llegados que no tienen donde vivir y que están viviendo en la calle. Con los pocos medios que tenemos, hacemos lo que podemos.

 

¿Qué te gustaría que se conociera de Senegal aquí?

Pues todo. Hay cosas buenísimas y cosas menos buenas y cosas malas, que se pueden mejorar. Lo más importante es que la gente sepa la vida real de los senegaleses, que no haga conjeturas. El concepto de la teranga, resume lo que es Senegal. Un país donde conviven musulmanes, cristianos, animistas… Donde conviven diferentes grupos sociales. Un país donde te abren las casas para que puedas ir a comer con la gente, cenar e  incluso dormir allí si lo necesitas. Un país donde la gente no te mira de una forma rara cuando estás en la calle. Un país donde no eres sospechoso solamente por ser blanco. Si eres un extranjero te acogen y te tratan incluso mejor que a los que vivimos allí. Todo esto es la teranga. Pero también hay otras cosas que la gente tiene que conocer. Se dice que Senegal es uno de los países que no ha tenido guerras y conflictos, pero en el sur hay gente que quiere la independencia y que ha cogido las armas para pedirla de forma violenta. Podemos decir que es un país también donde una parte de la población vive en situaciones difíciles. Que la zona rural necesita una mayor inversión para que la gente pueda cultivar sus tierras. Todo esto son cosas que la gente tiene que conocer. En Senegal hay de todo, al igual que aquí. Recomiendo a todo el mundo que no conozca Senegal que vaya a descubrirlo, porque puede que le guste lo que vea.

 

En cuanto a todo esto… ¿eres optimista o pesimista?

Yo no soy ni optimista ni pesimista. Intento ser razonable. Lo que yo veo ahora mismo me da miedo. Porque hay un auge de la extrema derecha que está desarrollando un discurso racista. Estamos volviendo atrás. Por ejemplo en Italia con Salvini. Que unas personas estén en situaciones de peligro y que tú les niegues el acceso a tu territorio, yo no lo puedo entender. Y prohibiendo también que la gente salve a personas en situaciones de peligro. Vas a Francia, Le Pen. Vienes aquí, Vox. La extrema derecha con sus discursos racistas y xenófobos que son aceptados por parte de la sociedad que les apoya. Esto sí que me da miedo.

 

¿Tú has padecido directamente estos comportamientos?

Yo me lo encuentro. Porque vas por la calle, detrás de un señor o de una señora que lleva una bolsa y cuando gira y te ve, la agarra más fuerte. Un día fui a la ópera y un vigilante, en cuanto me vio, dejó todo lo que estaba haciendo para acercarse hacia mí. No se atrevía a decirme nada, pero no dejaba de mirarme fijamente. Yo era un sospechoso.

 

¿Qué sientes cuanto te pasa algo así?

Al principio me irritaban estas actitudes. Veía que no había respeto. Pero al final me di cuenta de que todo esto es ignorancia. ¿Y la ignorancia cómo se soluciona? Mostrándole a la gente que es ignorante. Tiene que enterarse. Al final la gente se da cuenta.

 

Pero en paralelo hay un movimiento antirracista cada vez más fuerte. ¿Cómo lo ves?

Es verdad. Hay un contradiscurso también que se está produciendo por parte de los sujetos que sufrimos estos comportamientos y actitudes racistas. Y también está sucediendo que hay españoles que también lo sufren. Españoles que nacen de una relación entre español y extranjero. O que nacen aquí de padres extranjeros, pero que son españoles y tienen los mismos derechos que el resto de españoles. Estas personas, junto a los inmigrantes, están constituyendo colectivos reconocidos institucionalmente y generando estos contradiscursos para que la gente también escuche la verdad. Para decir basta ya. Que todos somos iguales, todos somos seres humanos. No hay ser superior ni inferior. Ya basta de complejos de superioridad y de inferioridad. Todos somos iguales.

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