¿Genocidio o tensiones religiosas y étnicas?

en |



El presidente estadounidense Donald Trump vuelve a abrir el debate sobre la persecución a los cristianos en Nigeria


El pasado 17 de noviembre, la Parroquia Saint Stephen, de la diócesis católica de Kaduna, fue atacada por hombres armados. Una persona fue asesinada y varias otras secuestradas, entra ellas el P. Bobbo Paschal. Ese mismo día, 25 chicas musulmanas de un instituto de Secundaria en el estado de Kebbi también fueron secuestradas por individuos armados. Son dos ejemplos de la grave situación de violencia que sufre Nigeria, con continuos ataques indiscriminados, matanzas y secuestros selectivos.

Aunque cristianos y musulmanes sufren la violencia, muchos consideran lícito hablar de persecución dirigida contra los cristianos. Desde 2019, al menos 52 000 fueron asesinados en Nigeria y alrededor de 20 000 iglesias y otras estructuras cristianas han sido destruidas o dañadas seriamente. Son datos actuales ofrecidos por el portal Vatican News que revelan la situación de miedo e incertidumbre en las que viven estas comunidades cristianas, sobre todo en los estados del centro y norte del país.

Según el Informe Libertad Religiosa en el Mundo 2025, publicado el pasado 21 de octubre por la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada, la persecución crece en Nigeria provocada por grupos islamistas extremistas como Boko Haram y el Estado Islámico-Provincia de África Occidental (ISWAP). El informe afirma sin ambigüedad que «la afiliación religiosa desempeña un papel clave en la violencia actual», aunque matiza que se ve favorecida por otros factores sociales como «la pobreza, la violencia étnica e intercomunitaria preexistente, el derramamiento de sangre entre los pastores fulanis y los agricultores no fulanis por disputas sobre la tierra y el agua, el analfabetismo, el desempleo juvenil, la debilidad institucional y la inacción gubernamental».

El presidente estadounidense Donald Trump, el pasado 18 de noviembre en el Despacho Oval de la Casa Blanca. Fotografía: Brendan Smialowski/ Getty. En la imagen superior, Mons. Matthew Hassan Kukah, obispo de Sokoto (Nigeria). Fotografía: Cortesía de Kukah Centre



Disparidad

La Conferencia Episcopal nigeriana siempre ha condenado toda forma de violencia e insiste en la necesidad de buscar el bien común. No obstante, en su seno existen opiniones dispares a la hora de enjuiciar esta grave situación. Entre las voces más críticas se encuentra la de Mons. Wilfred Chikpa Anagbe, obispo de Makurdi, quien tras la masacre de 278 personas en un campo de refugiados del estado de Benue, ocurrida en junio de este año, no dudó en calificar de «genocidio planificado» el escenario de conflicto que se vive en Nigeria. En declaraciones recogidas por el portal Aciprensa dijo: «Esto es una yihad. No se trata de choques circunstanciales entre pueblos por la tierra o por los recursos naturales […] esto es una ofensiva sistémica contra comunidades cristianas».

En el otro lado de la balanza se sitúa el obispo de Sokoto y Premio MUNDO NEGRO a la Fraternidad 2023, Mons. Matthew Hassan Kukah. En su criticado discurso del 21 de octubre en el Pontificio Instituto Patrístico Augustinianum de Roma, con motivo de la presentación del Informe Libertad Religiosa en el Mundo 2025, el prelado nigeriano reconoció el sufrimiento de los cristianos, pero recordó que no son los únicos perseguidos en el país y se mostró partidario de colaborar «con el Gobierno actual para resolver colectivamente los problemas persistentes», según recoge Aciprensa.

En la misma línea se sitúa el P. Lawrence Chukwunweike Emehel, sacerdote diocesano de Sokoto y actual director del Departamento de la Misión y del Diálogo Interreligioso del episcopado nigeriano. En una entrevista concedida al portal Voice Afrique, declaró sentirse llamado a «crear puentes entre cristianos y musulmanes», convencido de que «el diálogo, sobre todo en la situación de Nigeria hoy, no es una opción: es vital». Y recordó que el departamento que dirige dispone de 59 oficinas para el diálogo repartidas en los 36 estados de Nigeria. En ellas trabajan personas formadas para «la acción sobre el terreno, de manera que puedan obrar concretamente por la paz».



Trump entra en escena

La Administración estadounidense, que hace cinco años calificó a Nigeria como «país particularmente preocupante» por graves violaciones de la libertad religiosa y responsabilizó al Gobierno de no proteger a las minorías religiosas, ha entrado de nuevo en escena. Esta vez ha sido el presidente Trump, que el 1 de noviembre escribía en su cuenta de Truth Social: «El cristianismo se enfrenta a una amenaza existencial en Nigeria. Miles de cristianos están siendo asesinados. Los islamistas radicales son responsables de esta masacre». Además, según cita el diario La Nación en su página web, el mandatario advirtió al Gobierno nigeriano de que si continúa «tolerando los asesinatos de cristianos, Estados Unidos cesará de inmediato toda ayuda y puede ir con una lluvia de fuego a ese país que ahora está en desgracia».

La respuesta del Gobierno nigeriano no se ha hecho esperar. Según La Nación, el presidente ­Bola Tinubu rechazó las acusaciones de intolerancia religiosa y dijo que su Gobierno «seguirá garantizando la seguridad de todos los ciudadanos, sin importar su fe», al mismo tiempo que manifestaba su disponibilidad para «cooperar con EE. UU. y la comunidad internacional en la lucha contra el extremismo».

Colabora con Mundo Negro

Estamos comprometidos con la información sobre África

Si te gusta lo que hacemos, suscríbete a nuestra revista o colabora con nuestro proyecto