
Publicado por Gonzalo Vitón en |
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Como un ser humano más.
Creer en sí mismo y tirar para adelante, no esperar que la gente haga las cosas por ti. Sigo creyendo en mí, sigo haciendo mis movidas y no espero nada de nadie.
Conocerme, empatizar con la gente y entender la otra perspectiva de la vida, de la comunidad donde vivo, algo a lo que hay que dar mucho valor. Me ha aportado lo que soy. Yo hablo mucho de Sanfran porque tiene mucha fuerza, es un barrio muy sincero y eso en el arte es importante. El barrio tiene una importancia muy marcada en mi carrera y en mi vida personal, sé que estoy muy respaldado por el barrio.
Ahí tienes que preguntar a la gente del barrio. Sí creo que he aportado mi experiencia como promotor de eventos musicales. En este barrio que no quiere nadie, feo, triste y decadente, hemos congregado a muchísimas personas y la gente del barrio empieza a sentirse identificada, a responder, a entender, a comprender que la comunidad es importante.
Más que referentes es la gente con quien hablo día a día. Hay una frase de una canción que hice con Lion Sitté que dice: «Ayer no comí, hoy tampoco comí». La gente cree que es mía, pero es de un referente del barrio, un músico ya fallecido que, entre comillas, no llegó a nada. Eso para mí es un referente, porque este hombre tenía frases muy guapas y muy bonitas que me hizo ver. Si hablamos de referentes a nivel artístico, Frank T, el Chojin, Black Company o Fill Black. Yo nací en Angola, así que Bonga es uno de los artistas que tengo también muy presente.
Estoy en una fase donde prefiero dar más relevancia a los artistas locales. Hay un montón de jóvenes con los que colaboraría, personas con mucho talento, y me da un poco de miedo que pasen desapercibidos como yo. Estaría guay si algún día pudiera auparles, elevarles… Mira, ¡Joan Manuel Serrat! Con él sí que me gustaría, porque tiene cosas bastante coherentes.
Dar visibilidad a artistas con contenido antirracista sin posibilidad de estar en otros espacios. A nivel personal, me han frenado mucho porque tengo un contenido muy radical, un mensaje muy político, y eso en cierto modo no gusta. A lo mejor es porque no tengo el talento suficiente, pero yo creo que ese es un punto importante. Montamos el festival cuando vi que artistas que están en mi línea estaban infravalorados. Nos hemos dado cuenta de que la gente desconoce a estos artistas, pero sale del festival con una sonrisa que dice: «Guau, no lo conocía y es brutal». Tras cinco años, por fin coincide con el Día Internacional Contra el Racismo, el 21 de marzo. Va a estar muy guapo, muy bonito, y espero disfrutarlo al 100 % y que la gente que venga también disfrute.
Tiene diferentes líneas. En euskera, danba, con n, es ‘estallido’. En Ghana hay también un Damba Festival que, en uno de sus idiomas, significa ‘subir’. En Angola es un municipio. Nosotros somos unos cuantos panafricanistas que seguimos trabajando duro y en 15 o 20 años hemos notado un cambio, una evolución. Damba habla un poquito de ello, de esa subida de energía en la sociedad.
Es la asociación que cubre todo. Euskal Rap tiene diferentes líneas de proyectos. En la parte musical está el Damba Festival y Sildofaya Music, otro proyecto que busca empoderar a los artistas facilitando la grabación. Tenemos ahora el Damba Cultura, que es otra herramienta más abierta, que va a incluir una escuela urbana. Euskal Rap fue creada hace 20 años, cuando lancé un disco, Odisea, y no funcionó. Al ir a buscar salas de conciertos solo encontraba puertas cerradas, así que pensé en crear una asociación artística para combatirlo.
Soy baloncesto, es el deporte que amo. Jugué en su día casi semiprofesional en la antigua Liga EBA. El deporte es bonito en todos los aspectos, pero para mí el baloncesto es el más inclusivo a nivel social. He conocido gente de todo el mundo jugando en la calle, personas que llevaban tres meses en Bilbao y el baloncesto les ha metido dentro como si llevasen toda la vida. Black Mamba va en esa línea de sacar la mejor versión de cada uno.
Afrook es una marca que busca visibilizar la diversidad cultural. Todo está conectado. San Francisco es diverso, pero no todos quieren ser del barrio. No hay una identidad. Lucía Mbomío es de Alcorcón y es muy de Alcorcón. No es de Madrid, es de Alcorcón. Estuve en el Parlamento Europeo en una charla y la gente decía: «Yo vengo de Murcia, yo de Bilbao, yo tal… ¿Y tú?». «Yo, de Sanfran». A día de hoy no vendemos miles de prendas, pero las personas que compran entienden y comprenden la filosofía, y eso me parece interesante.
Creo que de mi padre. Nunca tuve un padre, porque mi madre se separó cuando yo tenía un año. Le conocí cuando fui a Angola y en su barrio solo escuchaba palabras bonitas de él. Creo que tengo los genes del viejo y, aunque podía estar medio cabreado con él, eso me hizo también reconciliarme y entenderle. Las injusticias no me gustan para nada. Estamos en un mundo muy polarizado a nivel político y no me gustaría que mi hija pasara lo que yo estoy pasando, lo que pasamos las personas en situaciones irregulares. Intento aportar mi pequeño granito de arena dentro de mi comunidad, en esta sociedad de la que formo parte. Si puedo impactar socialmente, lo hago. Y, de hecho, no lo hago con ningún interés personal, pierdo mucho dinero por ayudar. A veces mi hija me dice: «No tienes pasta y das pasta». Ya, hija, es así.

Mi música es una de ellas, Barrio es otra y Código. Estaen especial. Código es un éxito, un himno para mí, una canción que refleja rebeldía por mi parte: «Sí, soy negro, pero aquí estoy». Aunque ahora soy un poquito más cauto, me hace recordar mi juventud y me sitúa: «No seas tan políticamente correcto, tienes también que ser malo». Mi música refleja mi personalidad, entender la comunidad. Hablo de mi continente africano, que es una fuente de inspiración, hablo de luchar, de correr bajo el agua, del puño al aire. Es la canción con la que suelo abrir mis conciertos. Le digo al público que si es un público que escucha, sabrá de qué va el resto del concierto. Barrio es reivindicativa, es cruda, es muy dura, muy realista. Trata de que si un hombre blanco mata a una persona negra no pasa nada, pero si un hombre negro mata a una persona blanca el mundo se cae. Habla de las oportunidades de las personas pobres. Yo soy pobre, no llego a 1 000 euros al mes. Por Barrio han venido personas a decirme: «Eh, has cantado de mi vida, yo vivo en la calle». De ahí surgió también la idea de hacer Cama de cartón, un tema con bastante relevancia a nivel social. Cuando veo que las cosas que canto tienen un impacto social, me digo: «Tampoco soy tan malo, tampoco estoy tan equivocado».
Son muchas cosas. Cuando eres aita ya tienes otras preocupaciones. ¡Soy abuelo y todo! El primero es que mi hija entienda lo que hice a nivel social y que coja el testigo, porque veo que le gusta, que va entendiendo, que su discurso va en mi línea. Otro, seguir haciendo música. Y, el último, seguir disfrutando y seguir impactando, haciendo crecer la comunidad a nivel musical e iniciando nuevos proyectos comunitarios. A veces hablas con otros artistas y en sus conciertos tienen más presencia blanca que negra o migrante. Los mensajes que lanzan estos artistas, en cierto modo, no los sufren las personas blancas. Pero está muy bien cuando van personas negras y empiezan a entender. Aunque la comunidad es pequeña, en Bilbao estamos teniendo bastante relevancia y van cuando hay actividades africanas. Me gustaría que en diez años haya crecido más.
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