
Publicado por Javier Sánchez Salcedo en |
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Los artistas al final nos dedicamos a mostrar lo que somos. No concibo la idea del artista que no crea para devolver algo a su comunidad. Esto me viene del movimiento de los artistas negros en Estados Unidos [el Black Arts Movement], allá por los años 60, que promulgaba que si eras artista tenías que hacer algo que afectase a la comunidad, que de alguna manera beneficiase a tu gente. Mi práctica está centrada en la experiencia negra contemporánea. Aunque me interesan mucho las experiencias tradicionales, cómo la persona negra se identifica a sí misma en los 60, en los 70 o en los 80, me interesa sobre todo cómo se desarrolla y se la concibe en el mundo de hoy. Y en concreto en mi sociedad, que es España. Mucho de lo que hago va en relación con eso, aunque con la fotografía pivoto bastante y también me encantan las flores y los paisajes.
Siempre he sido una persona muy visual. Recuerdo que cuando era pequeño y estaba en clase no podía parar quieto. Siempre he sido muy activo y lo único que me hacía estar tranquilo era ponerme a ver las fotos de los libros. En mi familia no hay nadie que forme parte del mundo del arte, pero siempre me ha gustado mucho el tema de los colores y pintar, aunque nunca en plan serio. Daba rienda suelta a mi imaginación, podía hacer lo que me diese la gana, no había reglas y eso me gustaba. Con 12 años ya sentía mucha atracción por las cámaras. He sido scout y en los campamentos siempre había alguien que traía una cámara y yo se la pedía. Luego le enseñaba las fotos a la gente y me lo pasaba genuinamente bien. Con unos ahorros de Navidad me compré una GoPro y me puse a hacer vídeos. Luego empecé a montar en monopatín, uno de mis skaters favoritos hacía fotos en película y me encantó. Mi madre me dio una cámara de película que tenía por casa, compré unos carretes y en un viaje a San Sebastián hice mis primeras fotos. Vi que eso me gustaba y empecé a investigar.
Recuerdo unas fotos de los pies de una amiga que estaban parte en luz y parte en sombra. También tenía un amigo de la infancia, Dani, que es etíope, al que hacía muchas fotos. Seguía investigando, me compraba revistas… Recuerdo un número de la revista ICON de 2019 que tenía a Spike Lee en la portada y me encantó. Siempre me ha gustado la moda, pero con un contexto. En este caso era de un director de cine. Con 16 años me leí la trilogía La cámara, El negativo y La copia, del fotógrafo Ansel Adams. No tenía dinero para comprar los libros y los leía en el móvil antes de irme a la cama. No entendía mucho, pero algo aprendía. Veía cosas que me gustaban en Instagram y me las guardaba. Me atraían los retratos de Jay-Z, de Marvin Gaye, de Miles Davis… Siempre me ha inspirado mucho el trabajo de Gordon Parks y me hacía pensar que yo también quería hacer algo significativo que tuviera un impacto social en mi comunidad.
Mi papá es negro dominicano, mi mamá es española, de Parla. Ellos están separados y yo siempre he estado con mi madre, así que no he tenido a nadie que me pudiese enseñar sobre qué es la negritud y sobre historia negra. Cuando era pequeño rechazaba esa parte de mí. He crecido en un entorno blanco, en un barrio donde no había mucha mezcla. Siempre me he considerado negro. Vale, no soy muy oscuro de piel, pero a mí me insultan por la calle y me dicen «negro»… Así que soy negro. Y mi padre siempre me lo ha dicho: «Eres mi hijo y eres negro». No hay discusión. Crecí en una familia monoparental, con mi madre blanca, separado de la gente negra. Descubrir y cultivar un nuevo círculo de gente negra fue muy importante.

Siempre he tenido a Dani, mi amigo etíope. Él y yo siempre nos hemos apoyado. No hablábamos de estos temas, pero siempre supimos que teníamos algo en común. Tener a un amigo cercano así te ayuda mucho. Con 16 años me fui a Irlanda para un trimestre de primero de Bachillerato, a una escuela pública, y de repente el 90 por ciento de mis compañeros de clase eran negros. Eso para mí fue una locura. No me lo podía creer. Lo más cercano a eso que había visto era en películas. De repente todos mis amigos eran negros y era como sentir que estaba en casa. Podíamos hacer las mismas bromas, hablar de las mismas cosas… Les hacía muchas fotos. Fue un gran cambio en la forma en que me percibía a mí mismo. Empecé a dejarme el pelo largo y a ir a barberías negras. Cuando volví hacía fotos sobre todo a gente negra, atento a lo que eso generaba en mí. Con 18 años conseguí una sección en una revista en la que hacíamos entrevistas con unas fotos a creativos negros que nos gustaran. Fui conociendo a más gente y formándome un círculo de amigos. Jugando al baloncesto en un equipo en Lavapiés, todos negros, hice también muchos amigos. Y siempre les proponía hacerles fotos. Un amigo del baloncesto, Ibra, me enseñó un montón de historia negra. Yo conocía a Luther King, pero él me habló de Malcolm X y me volví loco. Me regalaba libros, me recomendaba películas… Él ha sido como un pilar, una persona con la que podía hablar de temas más políticos, sobre mi trabajo. Ibra siempre me ha apoyado.
El libro está hecho en colaboración con el estilista de origen ecuatoguineano Juanjose [Mouko Nsue], que es un amigo mío. Nos conocimos en Londres. Para mí fue muy extraño conocer a un estilista negro español. Juanjose está bastante estabilizado, muy presente en la industria y ha sido nominado para premios de moda ingleses. Empezamos a trabajar juntos porque vimos que teníamos muchas cosas en común. Como te comentaba, me gusta explorar la experiencia negra en la sociedad contemporánea y empecé a preguntarme: ¿qué pasa con el flamenco? El flamenco es muy español, un símbolo, pero nunca he visto a alguien negro vestido con ropa flamenca. Si eres negro y dices que eres cantaor, se pueden reír de ti. Es interesante que el flamenco se considera muy español, pero tiene raíces africanas, tiene raíces indias… Al mismo tiempo, a la persona negra española no se la considera española. Pensamos que mezclando ambas cosas con un estilismo y una fotografía potentes podríamos crear algo que reimagine cómo se puede concebir a la persona negra en España, partiendo de que la sociedad española es mucho más de lo que se muestra en los medios. Pensamos crear un libro que se titulara Esto es España en el que todas las personas que aparecieran fueran negras, algo revolucionario. Vivimos en un país que es un verdadero mosaico cultural, pero hay gente que no lo ve. El flamenco es como la máxima expresión del arte español y de la pureza cultural. Si mezclas esto con la persona negra, que se concibe como lo más bajo de la sociedad española, reinventamos la concepción de esta persona.
Increíble, la verdad. Alguien [afrodescendiente] me dijo el otro día: «Sed conscientes de que estáis haciendo esto vosotros, pero nos tenéis a todos detrás». Para mí la representación siempre ha sido muy importante. Yo he nacido en una posición privilegiada, mi mamá tiene un buen sueldo y he tenido la suerte de saber muy joven lo que quiero hacer con mi vida. Siento que esto ha ocurrido para que yo haga algo que impacte en las vidas de otras personas. Y está sucediendo. Mucha gente nos da las gracias por hacer esto, y para mí eso no tiene precio. En este camino ha habido pasos previos: Rubén [H. Bermúdez] hizo Y tú, ¿por qué eres negro?, Lucía Mbomío está con el proyecto Afromayores. Creo que el nuestro es otro paso para, entre todos, reimaginar España. Creo que aquí estamos ahora en un renacimiento y este libro muestra, además, la presencia de mucha gente [las personas retratadas] que forma parte de ese cambio.
Estamos pensando en la segunda parte de este proyecto. Creemos que hemos tocado una fibra y que podemos continuarlo. Las fotos del libro son muy individuales y ahora nos gustaría empezar a crear imágenes más colectivas, de 15, de 30 personas… Es mucho más complicado, pero también es más impactante, más fuerte. En cuanto a grandes ambiciones, me gustaría poder llegar a tener un nombre artístico lo suficientemente potente como para poder vivir ayudando a otra gente, por ejemplo poniendo en marcha un programa para creativos de minorías raciales en España. Crear algo que ayude a la siguiente generación.

«Este libro me hizo reimaginar lo que se podía hacer con el arte. Lo leí en un momento de transición, pensando qué proyecto abordar. Me pareció importante mirar hacia lo que ya se ha hecho, conocer la filosofía que había detrás de esas obras para enfocar mi propio trabajo. El arte siempre tiene un propósito. Todavía lo miro cuando busco inspiración para mis proyectos».
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