Peregrino

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EDITORIAL




No es casualidad que África haya sido el destino del primer gran viaje apostólico del Papa. Aunque antes había visitado Turquía, Líbano y el Principado de Mónaco, aquellas visitas tuvieron una naturaleza muy diferente. León XIV quiso ir al continente como peregrino con el doble objetivo de «homenajear las raíces del cristianismo occidental» y señalar a África como «un centro de energía espiritual y sabiduría capaz de enriquecer a toda la Iglesia católica», según el comunicado del Simposio de Conferencias Episcopales de África y Madagascar hecho público al final del viaje.

Pasado y presente se tocan. En Argelia, el Papa rememoró la pertenencia de África a la historia fundacional del cristianismo, mientras que en Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial puso de manifiesto que el continente «no es meramente un “campo misionero”, sino más bien un corazón vibrante y central de la fe católica global».

MUNDO NEGRO se hace eco de este viaje histórico tan rico en gestos y palabras. Tratamos de resumir, país por país, los pasos dados por el Pontífice, sus llamamientos a la paz, al diálogo y la solidaridad, su insistencia en un rearme ético y espiritual, pero también su denuncia valiente a los gobernantes e instituciones locales y extranjeras que están detrás de la pobreza, la inestabilidad política y la explotación de recursos que sufre el continente.

El Papa ha reavivado en África un fuego que seguramente inspirará «esfuerzos renovados de evangelización, de justicia social y de compromiso de los católicos africanos como testigos de los valores del Evangelio en sus vidas cotidianas».

Días antes de pisar suelo africano, León XIV se vio envuelto en una polémica con el presidente estadounidense Donald Trump, ampliamente mediatizada, que favoreció el interés por su viaje al continente. El certero texto del P. Andrew Bwalya coincide con la opinión de la revista sobre este asunto.

La tensión dialéctica entre ambos líderes mundiales hizo saltar por los aires el estereotipo de «papa de perfil bajo» que muchos atribuían a León XIV, además de poner de manifiesto la fuerza profética de su voz, firmemente enraizada en el Evangelio. Trump y León XIV representan dos caminos contrapuestos para abordar la crisis de nuestro tiempo. El camino de la fuerza, la fragmentación, el egoísmo nacionalista y la guerra que no tiene ningún futuro frente al lento y difícil camino de construir la unidad a través del encuentro, el diálogo en la verdad y la renuncia radical a todo tipo de violencia, postura que se está mostrando, cada vez de manera más evidente, como la única vía para la humanidad.

Coincidiendo con el viaje de León XIV, el Gobierno español aprobó el 14 de abril la ley de regularización extraordinaria para personas migrantes. Nos alegra que la Iglesia haya contribuido a hacer posible este deber de justicia. Mientras no existan políticas globales que reduzcan las escandalosas de­sigualdades económicas y de uso de recursos en nuestro mundo, todo posicionamiento nacionalista que niegue derechos a las personas migrantes nos parecerá egoísta y ajeno al Evangelio.





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