«Quiero contar historias para que la gente piense y sienta»

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Mohamed Rashad, director de cine



The Settlement, basada en hechos reales, es el primer largometraje de ficción del director de cine egipcio Mohamed Rashad, película que ganó el Premio del Público en el Festival Afrikaldia 2025. Tras la proyección del filme, tuvimos la oportunidad de hablar con el cineasta.


¿Por qué decidió contar esta historia? 

No sé por qué. Es muy poco habitual que el cine egipcio muestre entornos industriales, pero mi padre era obrero y a mí me fascina ese mundo. Ya había hecho un documental antes, Little Eagles, sobre la relación con mi padre, que filmé mientras trabajaba en la fábrica. Creo que me interesan las películas que hablan de los trabajadores y las de la relación padre-hijo. En The Settlement no se trata solo de la relación entre Hossam y su padre, sino también de la relación entre Hossam y Maro, quien sustituyó a su padre por su hermano mayor. Se trata también de lo que espera de su hermano mayor, a quien ve como un modelo a seguir. También me interesa el tema de la herencia, presente en Little Eagles. En The Settlement, aunque de forma diferente, está presente lo que recibimos de nuestras familias, de nuestros padres, lo que ellos nos dan, y si nuestro futuro será diferente o tendremos el mismo destino.



¿Cómo pasó de ingeniero a director de cine?

La verdad es que la ingeniería no me interesaba en absoluto. Vengo de una familia muy pobre de Alejandría y vivíamos en un barrio peligroso. Mi madre estaba preocupada por mí, así que me tenía en casa viendo películas. Por eso me interesé por el cine, de donde proviene gran parte de mi forma de pensar y sentir. A veces siento que quiero devolver algo, contar historias para que la gente piense y sienta. Desde siempre me ha interesado el cine y tenía muchas ganas de formar parte de este mundo, pero estaba en Alejandría, donde no había ninguna escuela cinematográfica en aquella época y no podía ir a El Cairo por falta de medios. Por desgracia, se me daba bien estudiar. Era inteligente en el colegio y sacaba buenas notas, así que empecé a estudiar ingeniería, aunque no quería hacerlo. Sin embargo, los jesuitas en Alejandría tienen un centro cultural donde solía ir a ver películas, teatro y todo tipo de cosas. En 2003 abrieron una escuela privada de cine, presenté mi solicitud y me admitieron.



¿Cuál ha sido la parte más difícil de la película?

Para ser sincero, la financiación. Fue muy difícil porque la película se rodó en lugares que salían muy caros. Por ejemplo, pedimos que no trabajaran en la fábrica durante dos semanas. Las cámaras y el equipo también costaron mucho. Este tipo de películas son muy difíciles de financiar. Por otro lado, encontrar las localizaciones también fue complicado.



¿Y qué es lo que más le gustó?

Cuando haces una película tienes que disfrutar de cada momento, porque así es como expresas tus sentimientos y pensamientos. Y si no lo disfrutas, no lo hagas. Aunque sea agotador, es agradable. Hubo dos momentos muy emotivos en los que lloré. Uno fue al rodar una escena, que luego quitamos de la película, en la que ­Maro estaba dormido y Hossam lo despierta. El otro, durante el montaje. Lloré cuando vi la escena completa en la que Hossam aplica una crema en la pierna a su madre. No sé por qué, pero fue un momento muy agradable.



¿Cómo fue trabajar con actores que participaban por primera vez en un largometraje de ficción?

El protagonista, Adham Shokry, estudió teatro, pero ha sido la primera vez que se ponía delante de una cámara. La madre, Hanady Abd Alkhalek, es su profesora de teatro. Por eso me gusta la relación que hay entre ellos: se conocían de antes y tienen cierta conexión. Para Maro, Zeyad Islam, era su primera vez. Hicimos tres meses de ensayos, quizá más. Tenía tres actores para el papel de Hossam, con quienes trabajé al mismo tiempo durante un mes y medio, y los tres sabían que había otros dos. Desde el principio les dije: «Sois tres y elegiré a uno al cabo de un mes y medio». Intento crear una historia para cada personaje, y en los ensayos había escenas que no están en el guion, pero que se tratan en la historia. Por ejemplo, había escenas de Hossam con su padre, aunque su padre no aparece en la película. La historia del personaje la construimos juntos, somos los actores y yo. 

Un obrero trabaja en una fundición de hierro y aluminio situada en la ciudad egipcia de Alejandría. Fotografía: Fadel Dawod / Getty. En la imagen superior, Mohamed Rashad. Fotografía: Gonzalo Vitón




¿Cuánto tiempo llevó todo el proceso?

Cinco años. Escribí el guion en noviembre de 2019 y el estreno tuvo lugar en la Berlinale en febrero de 2025.



La película está ambientada en Alejandría, pero podría tratarse de cualquier barrio obrero del mundo. ¿Fue una decisión deliberada para contar una historia universal?

Creo que es universal porque hay personas en todo el mundo que no tienen una plataforma desde la que hablar de sí mismas. Y estoy en contra del capitalismo en todas partes. También tomé esa decisión porque lo más conocido de Alejandría es el mar y no quería mostrarlo en la película. En Alejandría todo el mundo puede ir al mar, pero está muy lejos y no es tan fácil ir si tienes trabajo y una vida tan dura. A veces es como un regalo, una recompensa. Quería hablar de la gente que no va al mar tan fácilmente.



¿Cuáles son sus principales referencias para la película?

Cuando empecé a rodar la película, no tenía ninguna referencia en mente. Pero desde el principio me dijeron que se parecía a las películas de Kaurismäki y me siento honrado de que me comparen con él, ya que es un director muy importante. Además, me dijeron que se asemeja bastante al nuevo realismo del cine italiano. Gané un premio en el Festival de Cine de El Gouna, y quien me entregó el premio fue el director artístico del Festival de Cine de Lucano. El habló sobre la película y cómo le recordaba al nuevo realismo del cine italiano.



¿Qué significa la fábrica como personaje de la película? 

El monstruo del capitalismo.



¿Qué es Hassala Films, de la que es cofundador?

Hassala Films es un colectivo, un grupo de cineastas, directores, productores, montadores y directores de fotografía que debaten juntos sobre nuestro trabajo y a los que les interesan las películas que asumen riesgos. No se trata de las necesidades del mercado, sino de películas que realmente reflejen la visión de un director. Empezamos en 2012, después de que mi productora, Hala Lofty, miembro principal de Hassala Films, rodara su largometraje Coming Forth by Day. Hasta ahora, hemos realizado tres largometrajes de ficción y seis o siete largometrajes documentales.



¿En qué situación se encuentra el cine egipcio? 

Tenía mucha fuerza en el mundo árabe y africano y contamos con una gran tradición. Ahora, por desgracia, ya no es lo mismo. Sigue siendo fuerte, pero en un tipo de películas que no me gustan. El cine comercial es comedia y acción, porque nuestra historia cinematográfica es muy similar a la del cine de Hollywood. Tuvieron películas muy potentes desde los años 40 hasta los 90, pero ahora todo son superhéroes, comedias y películas muy superficiales. Sin embargo, se está produciendo un cambio, ya que incluso en el cine comercial han empezado a hacer películas sobre personas y emociones, pero no es tan potente como antes.



¿El auge del cine egipcio independiente se debe a una nueva generación de directores? 

Sí, pero echo de menos aquella época, que terminó en los 90, en la que no existía el cine independiente, porque el cine comercial ya lo era tanto en los temas como en la forma de hacer cine. En los años 80 y 90 tuvimos directores de gran renombre a los que no les interesaban los festivales ni nada de eso, como Mohammed Khan, Atef El-Tayeb, Daoud Abdel Sayed o Yousry ­Nasrallah. Rodaban películas en Egipto y eran realmente buenas. La gente estaba interesada en su cine y los temas eran diferentes.



¿Tiene ya en mente su próximo proyecto? 

Tengo algunas ideas, pero aún estoy escribiendo el guion. Antes de The Settlement pasé un año escribiendo una película que al final no llegué a rodar, así que ya veremos. Además, estoy con Hala ­Lofty produciendo otra película para una colega de Hassala, Nadine Salib. Ella también es directora y fue mi ayudante de dirección. Ya había hecho un documental muy bueno en 2014, Mother of the Unborn, pero este será su primer largometraje de ficción.



¿Cuál es su sueño para el futuro?

En los 80 y 90 había un programa de televisión en el que se presentaba a grandes estrellas del cine. Cuando les hacían esta pregunta, se repetía una respuesta que no me gustaba: vivir en un mundo en paz, donde no hubiera guerras. Yo pensaba que era un cliché, pero los últimos años han sido muy duros en todo el mundo. Sueño con una vida pacífica para el mundo.   



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