
Publicado por Gonzalo Vitón en |
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Doumbouya certificó su victoria en la primera vuelta de las elecciones, celebradas el pasado 28 de diciembre. Los resultados oficiales, que se conocieron el 4 de enero, constataron que 4,5 millones de guineanos –el 86,72 % de los electores– votaron por él. La participación, según fuentes oficiales, fue del 82,86 %. La oposición, debilitada, fragmentada y con los principales líderes en el exilio, carecía de candidatos que pudieran hacer sombra a la candidatura del militar. En línea con lo que ha ocurrido en otros procesos continentales, como en Tanzania o Uganda, durante los días previos y posteriores a los comicios, se restringió el uso de Internet –y, por tanto, de las redes sociales– y se movilizaron fuertes contingentes militares y policiales. A diferencia de Tanzania o Uganda, la jornada electoral transcurrió en calma, en un ambiente «pacífico, ordenado y creíble», según puntualizó la misión de observación de la Unión Africana (UA) desplegada en el país.
Alpha Condé obtuvo la victoria en las elecciones de octubre de 2020, a las que se presentó después de impulsar en marzo de ese año una reforma constitucional que le permitió optar a un tercer mandato. Sin embargo, menos de un año después, un grupo de militares liderado por Doumbouya, que en 2018 fue nombrado por el propio Condé jefe del Grupo de Fuerzas Especiales, depuso a Condé. Los golpistas constituyeron el Comité Nacional de la Agrupación para el Desarrollo para el período de transición, se comprometieron a devolver el poder a los civiles y aprobaron la Carta de la Transición, una especie de constitución interina.
El artículo 46 de la Carta, aprobada el 27 de septiembre de 2021, reconoce que «el presidente y los miembros del Comité Nacional de la Agrupación para el Desarrollo no podrán presentarse como candidatos ni a las elecciones nacionales ni a las elecciones locales que se organizarán para marcar el final de la Transición. La presente disposición no es susceptible de revisión». Sin embargo, Doumbouya, convocó un referéndum constitucional el 21 de septiembre de 2025 que aprobó un nuevo texto constitucional con un 90 % de los votos. La nueva Carta Magna contenía cambios sustanciales: la duración de los mandatos presidenciales se ampliaba a siete años, se permitían por primera vez las candidaturas independientes y se pasó a un sistema bicameral con la creación del Senado. Pero el cambio más llamativo recogido en la nueva Constitución fue la eliminación de la prohibición recogida en el artículo 46 de la Carta de Transición, lo que ha permitido que Doumbouya se presente a los comicios.

Ahora se abre en Guinea un período de siete años que, sumados a los cuatro de transición, van a permitir que el mandatario permanezca más de una década en el cargo. El presidente mantiene estrechos lazos con Occidente, en especial con Francia. Tras haber vivido en Países Bajos e Inglaterra, se trasladó al país galo. Allí sirvió en la Legión Extranjera Francesa en la década de los 2000, con misiones en Afganistán, Costa de Marfil, República Centroafricana o Yibuti. Al poco de acabar su contrato con el Ejército francés decidió volver a Guinea, donde se integró en las Fuerzas Armadas.
El ministro de Transportes y portavoz del Gobierno, Ousmane Gauoal Diallo, declaró en una entrevista a TV5 Monde que durante los cuatro años del Gobierno golpista de transición se han construido más de 2 000 kilómetros de carreteras, se han restaurado las instituciones del Estado y se han creado más de 20 000 empleos para jóvenes, todo ello acompañado con un crecimiento económico superior al 7 %.
La economía de Guinea, muy dependiente de la bauxita, no parece que vaya a experimentar cambios estructurales bajo el mandato de Doumbouya, que tiene en Simandou, el depósito de hierro más rico y grande del mundo, una de las piedras angulares de su proyecto económico. El pasado diciembre se enviaron las primeras 200 000 toneladas a China y se espera que la explotación a pleno funcionamiento sea capaz de duplicar el PIB de Guinea. En declaraciones a Deutsche Welle, Bram Posthumus, periodista y analista de África Occidental con base en Abiyán, afirma que «todo en Guinea gira sobre Simandou, literalmente todo», aunque sostiene que la falta de transparencia puede socavar el posible progreso. La economía guineana depende en un alto porcentaje de la extracción minera. Según el Banco Mundial, el 35 % de su PIB está vinculado al sector extractivo, un porcentaje que crecerá de forma notable si se cumplen las previsiones de Simandou.
Ante la magnitud del proyecto, el Gobierno ha creado el programa Simandou 2040, un plan estratégico que busca utilizar los ingresos del hierro para financiar la educación y la sanidad, mejorar el sector agrícola e invertir en desarrollo tecnológico. El desafío será ver si la previsible bonanza económica repercute en una de las poblaciones más empobrecidas del continente. Los datos hablan por sí solos: la tasa de alfabetización de adultos es del 45 %, la matrícula bruta en Secundaria llega al 36 %, solo cuentan con 0,21 médicos por cada 10 000 habitantes –el dato más bajo del continente junto con la República Centroafricana– y apenas el 31 % de la población tiene acceso a agua potable.
En 2021, tras el golpe de Estado, Doumbouya afirmó: «Ni yo ni ningún miembro de esta transición seremos candidatos a nada… Como soldados, valoramos mucho nuestra palabra». Y lo dejaron escrito en el artículo 46. Ahora, tras las elecciones, ha pedido construir juntos «una nueva Guinea, una Guinea de paz, justicia y prosperidad compartida, y de soberanía política y económica plenamente asumida». Los hechos determinarán si el general, ahora sí, cumple con su palabra.
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