El eterno debate

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Mientras que proliferan las renovables, algunos países africanos apuestan por la nuclear de próxima generación.



El crecimiento demográfico de la mayoría de países, la previsión de una expansión económica y el desarrollo industrial podrían multiplicar la demanda de electricidad en África casi por siete para 2050, según las proyecciones del Organismo Internacional de la Energía Atómica. El informe El papel de la energía nuclear en la provisión de energía universal para las economías emergentes, elaborado por la Fundación Rockefeller, en el que han analizado ocho economías emergentes de todo el mundo, entre ellas Ghana, Nigeria, Ruanda y Sudáfrica, apunta a que la nuclear podría ser la solución para abastecer a una región en la que cerca de 600 millones de personas carecen de acceso a la electricidad.  

Entre sus ventajas, el informe señala sus bajas emisiones de carbono y su capacidad para generar electricidad de forma continua sin depender del sol o el viento, con la consiguiente estabilidad para las redes eléctricas y evitando apagones que paralizan la industria y los servicios esenciales. El trabajo afirma que su implementación disminuiría la necesidad de construir caros sistemas de almacenamiento de energía a gran escala y evitaría sobredimensionar la infraestructura de renovables para garantizar el suministro, lo que podría reducir los costes del sistema eléctrico hasta en un 31 % para 2050. Para esto es clave la incorporación de pequeños reactores modulares de próxima generación (SMR), cuya comercialización se encuentra cada vez más próxima. Requieren una inversión inicial mucho menor, pueden fabricarse en serie y su modularidad les permite operar cerca de poblaciones pequeñas o industrias aisladas. 

En el continente, solo Sudáfrica tiene reactores nucleares en funcionamiento. Su central de Koeberg, cerca de Ciudad del Cabo, produce alrededor del 5 % de la electricidad del país. Sin embargo, más de 20 naciones del continente están trabajando en ello. Egipto construye su primera instalación nuclear en El Dabaa, cuya entrada en funcionamiento está prevista para 2030. Ghana, Marruecos, Nigeria o Ruanda también exploran la tecnología SMR. Uganda y Kenia esperan tener sus reactores activos en los próximos años. 

Los que no contemplan la nuclear como una solución se muestran preocupados por la gestión de los residuos radiactivos o los riesgos en la seguridad, sobre todo en zonas de conflicto. Además, Neil Overy, escritor e investigador medioambiental en el Daily Maverick, pone el acento en el hecho de que la financiación para llevar a cabo estos proyectos provenga en su mayor parte de préstamos de potencias como China, Estados Unidos o Rusia –Moscú, por ejemplo, financia el 85 % de la construcción de la central de El Dabaa–, lo que genera «relaciones neocoloniales de dependencia». Según Overy, «investigaciones revisadas por pares demuestran que las energías renovables pueden cubrir el 75 % de las necesidades eléctricas de África para 2040 y el 100 % para 2050». Un debate entre dos opciones contrapuestas, o quizá complementarias, que merece la pena seguir de cerca. 


En la imagen superior, en 2021, activistas sudafricanos se manifestaron y colocaron bidones con el símbolo de la radiactividad contra el proyecto de una línea de evacuación nuclear de 16 kilómetros en la central nuclear de Koeberg, situada a 28 kilómetros de Ciudad del Cabo.


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