La gran revolución africana

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Lucía Asué Mbomío Rubio


Tierra de la Luz



Ediciones B.
Barcelona, 2024.
368 págs.




Aunque Lucía Asué Mbomío Rubio nació en Madrid en 1981, es evidente, por apellidos y referencias vitales y espirituales, que pertenece a África, a una África que sigue hablando español pese a los desprecios de España hacia sus antiguas colonias en particular y el continente en general. 

«¡Eres una negra ntanganizada!», le reprochan a ­Ngolo, la protagonista ecuatoguineana, de Tierra de la Luz. La tachan de haberse dejado españolizar. Conviene recordar La hija de las mitangan, de Trifonia Melibea, para entender la idea en su complejidad. El sueño de Ngolo era triunfar como diseñadora aquí, llevar los cortes y colores de su país a Europa y compensar los desvelos de sus padres: Manolito, sastre habilidoso, y su madre, pintora con luz dentro. Acompañan a Ngolo –que despliega la topografía física y moral de quienes trabajan en los invernaderos– un poeta, pintor y albañil de Guinea-Bissau llamado Benkos (Benkos Biohó fue pionero en crear en Colombia un palenque, un enclave libre para africanos esclavizados), Mamadou (senegalés, médico de plantas), o la pareja formada por la nigeriana Sade y la marroquí Mariam, activistas de una comunidad de supervivientes. Entre chabolas, como en King, una de las novelas más políticas de John Berger, Tierra de la Luz es epopeya de temporeros que se desloman y empiezan a desaparecer de forma misteriosa.

Tierra de la Luz podría ser Torre Pacheco o El Ejido, pueblos que han prosperado gracias a invernaderos donde se cultivan las frutas y verduras que se consumen en Europa, donde no abundan españoles partiéndose el espinazo, sino inmigrantes en condiciones infames. Su trabajo ha hecho ricos a sus propietarios, que no quieren cruzarse con estos esclavos contemporáneos en sus calles. Las nuestras. Si Simone Weil viviera intentaría emplearse en un invernadero para experimentar la explotación que sufren los inmigrantes y contarlo. 

Este libro es un alegato contra la vida que llevamos a costa de un sufrimiento que no queremos ver. Porque no queremos renunciar a nada. Como en volandas te lleva Lucía Mbomío a un final desconcertante. No se habla de panafricanismo, pero borra las fronteras trazadas por la historia, frecuente sinónimo de codicia, y propone buscar lo que los árboles: raíces que se entiendan. Es curioso que esta autora originaria de Guinea Ecuatorial, donde ya no quedan elefantes (que hablaban fang) y no hay baobabs, los haya convertido en símbolos de una nueva África.

Después de haberlos esclavizado y explotado… ahora hacemos lo imposible para que no lleguen a nuestra orilla (pese a que los necesitamos) y mueran en el mar o a manos de regímenes horrendos a los que pagamos para que torturen, encarcelen o maten en nuestro nombre. Y cuando pese a esa mortífera gincana consiguen llegar, les volvemos a explotar y sufren racismo sutil u obsceno. Lo que propone esta novela es volver a la auténtica Tierra de la Luz: dejar de lado este sueño convertido en pesadilla. Lucía Asué Mbomío Rubio vislumbra la verdadera revolución que África debe protagonizar.



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