
Publicado por Boniface Gbama en |
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El fútbol femenino malauí dio sus primeros pasos en 1998. Como se puede leer en la web oficial de la Asociación de Fútbol de Malaui, «la Federación ha logrado crear la liga regional femenina de élite y dos selecciones nacionales: la selección femenina absoluta y la selección femenina sub-20 de fútbol». Apodadas las Abrasadoras, la selección femenina de fútbol debutó en 2002 en la COSAFA Cup, una competición internacional organizada por el Consejo de Asociaciones de Fútbol de África del Sur (COSAFA, por sus siglas en inglés), que se disputó ese año en Zimbabue. Aunque los comienzos no fueron sencillos, tras ocho participaciones, las Abrasadoras levantaron su primera COSAFA Cup en 2023 en Sudáfrica tras derrotar por 2-1 en la final a Zambia, país que acumula siete títulos. Aunque Fatsileni Kazembe y Ruth Nyirongo no fueron internacionales en dicha ocasión, también están contribuyendo de forma innegable al crecimiento del fútbol femenino en Malaui.
En Kazembe conviven con naturalidad el deporte y sus creencias. Musulmana nacida hace 29 años en Lilongüe, juega en el Civil Service Women’s Football Team, uno de los diez clubes de la Liga femenina del país. Tanto en los entrenamientos como en los partidos, la defensa central siempre lleva el hiyab que le cubre la cabeza y el cuello. Bajo el pantalón corto usa unas mallas térmicas de color amarillo claro.
Quizás este apunte de su perfil ayuda a entender la elección que hace de su referente sobre el terreno de juego. La jugadora favorita de Kazembe es la marroquí Nouhaila Benzina, futbolista musulmana que hizo historia en el Mundial femenino de 2023, celebrado en Australia y Nueva Zelanda, al ser la primera en jugar con el velo musulmán. «Ella me inspira», admite la malauí.
Pero el fútbol no fue el primer deporte de Kazembe, pues de niña jugaba al baloncesto. Al llegar a quinto de Primaria, se introdujo en su escuela el fútbol femenino y tuvo que jugar: «Al principio era una obligación, pero con el tiempo nos volvimos adictas», recuerda Kazembe. Aquel primer contacto no entusiasmó a su familia: «Algunos pensaban que el fútbol era satánico. Decían que cuando juegas cambias de hábitos, pero ahora estoy demostrando que estaban equivocados», añade la futbolista. Hoy, sus familiares están orgullosos de ella y la apoyan en su carrera.
El talento de Kazembe la llevó en 2017 a vestir la camiseta de la selección femenina en la COSAFA Cup. Sin embargo, en los últimos dos años, la Federación no la ha convocado. Ella lo explica: «Cada entrenador tiene su propia filosofía y el tipo de jugadoras que quiere».
Mientras llega otra convocatoria para el combinado nacional, Fatsileni Kazembe sigue centrada en su meta personal, que no es otra que ayudar a su equipo a ganar partidos. Asimismo, sueña con desarrollar proyectos para promover el fútbol femenino en su país y formarse como entrenadora. Por eso, en la actualidad trabaja en Mpira Mmudzi Mwathu, una academia en el Área 3 de Lilongüe dedicada al desarrollo de niños menores de cinco años a través del fútbol base.

En la plantilla de las Silvers Strikers Ladies, vigentes campeonas de la Liga nacional de Malaui, destaca Ruth Nyirongo, defensa central de 27 años. Ella también jugaba al baloncesto en Primaria, pero un profesor del instituto, Allan Nkhonjela, vio en ella un gran potencial e influyó para que se dedicara al fútbol: «Tenía 15 años cuando me convenció para que empezara. Pensó que podía llegar lejos y acepté», explica Nyirongo.
Ruth Nyirongo también juega como defensa central, aunque puede cubrir el lateral derecho cuando el equipo lo necesita. Reconoce que su trabajo en el campo es exigente y, a veces, estresante: «Cuando jugamos contra un equipo que tiene una jugadora muy rápida, no duermo bien pensando que al día siguiente la tendré que perseguir durante todo el partido», comenta riendo. Uno de sus recuerdos más emocionantes se remonta al inicio de la temporada 2025-2026, cuando marcó el primer gol del encuentro: «Estaba muy contenta porque marcar gol como defensa es algo especial».
La jugadora recuerda su convocatoria con la selección en el año 2017 como una etapa de gran aprendizaje, ya que «allí conocemos a compañeras de todo tipo y aprendemos mucho unas de otras», explica Nyirongo. Uno de los momentos que más disfruta es cuando sale a la calle y sus seguidores la reconocen, la saludan o se hacen fotos con ella. Aunque a distancia, le gusta ver partidos de la Premier League inglesa, pero cuando le preguntamos por su equipo favorito de La Liga, grita levantando la mano: «El Real Madrid».
Adellaide Migogo es presidenta de la Federación de Fútbol Femenino de Malaui desde hace tres años. Según ella, «el fútbol femenino crece muy rápido y se está convirtiendo en una ventana para promocionar a las futbolistas africanas». Igual que Kazembe, Migogo subraya que la religión no supone un obstáculo para competir en el país: «No hay discriminación. Tenemos jugadoras cristianas y musulmanas, y estas pueden jugar con el velo musulmán», asegura. Aun así, los retos siguen siendo importantes. La falta de campos adecuados, de equipamiento y de patrocinadores limita el desarrollo de la competición. En ocasiones, incluso se impide a los equipos femeninos utilizar el campo si después va a jugar un equipo masculino.
«¿Cuál es la razón?», preguntamos. «Ya conoces los mitos africanos», responde la presidenta de la Federación. Y continúa: «Creen que si un equipo femenino juega antes ellos perderán el partido. Pero eso es solo un mito», explica Migogo.
A ello, se suma, además, que muchos estadios fueron construidos pensando solo en el fútbol masculino, por lo que los vestuarios y determinados servicios no responden a las necesidades de las mujeres. Pese a esta realidad, Migogo mira al futuro con esperanza.
La Federación de Fútbol Femenino de Malaui, que sueña con crear más competiciones para las jóvenes y conseguir patrocinadores que garanticen su estabilidad económica, de momento celebra su brillante papel en la reciente Copa África, en la que, además, han conseguido clasificarse para participar, por primera vez, en un Mundial. Ahora toca pensar ya en Brasil 2027.
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