
Publicado por Butros Nicola Bazia en |
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En la última década, el panorama digital y la conectividad en África han experimentado un cambio drástico, sobre todo en la participación política y cívica de los ciudadanos. Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones, el uso de Internet en África alcanzó el 38 % en 2024. Esto incrementa el uso de las redes sociales y amplía los espacios cívicos a medida que se extiende la banda ancha móvil, se reduce el precio de los datos y mejora la alfabetización digital. Millones de personas acceden a información en tiempo real, comparten testimonios, se organizan y se movilizan superando divisiones geográficas y políticas.
Sin embargo, la conectividad por sí sola no decide las elecciones, uno de los asuntos más delicados y preocupantes. Los resultados siguen estando condicionados en gran medida por factores estructurales como la solidez de las instituciones, el marco legal, la independencia de las comisiones electorales, la organización de los partidos, las condiciones económicas y las dinámicas de seguridad. Allí donde las instituciones son débiles, la interacción digital rara vez desmantela estructuras de poder consolidadas.
A la vez que crece la importancia de los espacios en línea, aumentan las consecuencias cuando los Gobiernos interfieren en la conectividad. África registró 21 apagones en 15 países en 2024, la cifra más alta jamás documentada. Estos patrones pueden interpretarse como un cambio puntual en el panorama político o como parte de un conjunto de herramientas autoritarias generalizadas que limitan los flujos de información, reprimen la disidencia y socavan la transparencia cuando la ciudadanía necesita más actualizaciones independientes de la información en tiempo real. A medida que más personas se conectan, la represión digital se vuelve más visible y más difícil de justificar.
Los espacios digitales fortalecerán la vida cívica cuando cuenten con el respaldo de instituciones sólidas, reguladores independientes y marcos de derechos digitales. Este punto nos lleva a los modelos de gobernanza emergentes, en especial en torno a la inteligencia artificial (IA) y los datos. Además de la Estrategia Continental de IA de la Unión Africana (2024), solo 16 países del continente han adoptado una estrategia nacional de IA o una orientación política formal sobre ella.
Sin una supervisión sólida, la creciente participación digital corre el riesgo de verse socavada por la desinformación, el sesgo algorítmico o la vigilancia estatal. En contextos donde la confianza pública en las instituciones sigue siendo frágil, estos riesgos se magnifican.
Para garantizar un futuro digital más prometedor en el continente, debemos equilibrar la innovación con la supervisión ética. Además, el diseño participativo de políticas, la transparencia, los reguladores independientes y los marcos de gobernanza con base local serán esenciales para construir ecosistemas digitales en los que la ciudadanía confíe.
Si los Gobiernos, la sociedad civil y las comunidades tecnológicas adoptan estos principios, la transformación digital ampliará el acceso y la capacidad de acción de la ciudadanía. Esto se traducirá en una sólida rendición de cuentas, un profundo compromiso cívico y contribuirá a la construcción de una esfera pública más resiliente en la que los ciudadanos dispongan de las herramientas para forjar su propio futuro. Hasta entonces, el bloqueo de Internet seguirá siendo un peligroso instrumento político en la lucha por el poder, la información y la participación democrática en la era digital de África.
En la imagen superior, una mujer con un smartphone en Lagos, Nigeria. Fotografía: Getty
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