
Publicado por Javier Sánchez Salcedo en |
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Mi inquietud viene de mi contexto. Soy hija de padres migrantes que han tenido que vivir ciertas circunstancias en las que he estado involucrada. Eso me hacía preguntarme por qué mi padre, mi madre y otra gente de mi entorno sufrían cosas que otras personas no. Sentía la inquietud de saber por qué. Internet ya estaba muy desarrollado desde que nací y empecé a aprender por mi cuenta sobre temas como el género, la sexualidad o el racismo viendo vídeos divulgativos. A partir de mi etapa universitaria me encontré con gente políticamente más consciente.
La pérdida de la gente. Dejas de tener una red social en el país en el que estás y eso conlleva mucho, porque lo que te amortigua en las caídas o en la precariedad es la gente de tu entorno, que tu madre te ayude con los niños, que tu tía te recomiende un trabajo, contar con tu amiga de toda la vida para que te guíe y te aconseje. Yo notaba que la gente a mi alrededor tenía a sus abuelos, a sus tíos, una red muy amplia. Sin embargo, yo solo tenía a mis hermanas, a mis padres y un círculo pequeño. También veía que en el entorno laboral siempre tenían obstáculos, un tipo de trabajos muy determinados en los que no se podía crecer mucho económicamente, a pesar de que mis padres siempre habían tenido la intención de crecer. Esa situación que vivieron se empieza a romper a partir de mi generación. Yo crezco con cosas que ellos no tenían.
Mi mejor amiga de aquella época era como yo, tenía muchas inquietudes, siempre quería saber, siempre escuchaba las conversaciones de los mayores. Cuando quedábamos, hablábamos de estos temas, pero queríamos que no se quedara solo entre nosotras. Tuvimos la suerte de que la directiva de nuestro centro era bastante abierta. Hicimos un pequeño grupo de chicas a las que nos interesaban temas como el feminismo y dedicábamos el rato del recreo a presentar a otras chicas más pequeñas lo que habíamos preparado. Generamos un espacio en el que las chicas podían contarnos las preocupaciones y los conflictos que tenían y nosotras intentábamos asesorarlas. Problemas de consentimiento, insultos… Intentábamos aconsejarlas y, cuando lo veíamos necesario, recurríamos a los profesores.

Se alineaba totalmente con lo que buscaba, con mi personalidad y mis cualidades, y desde el principio opté por el campo de la violencia de género. Como persona negra, indagando percibí que en el colectivo migrante africano se dan muchas violencias que están muy naturalizadas, culturalmente justificadas y que no se abordan con la rigurosidad necesaria. A menudo hay unos roles de género muy marcados, una visión muy tradicional que a veces puede ir a nuestro favor, pero en otras muchas en contra. Puedo entender que esto suceda en ciertas generaciones, pero creo que hay que empezar a reflexionar y romper con ciertos patrones.
Hablando con familiares y conocidos se suelen repetir mucho las historias de violencia, entendida esta de una forma muy amplia. Puede ser verbal o física. Puede ser por ausencia también, por ejemplo de la figura paterna. Y no es algo de lo que la gente se extrañe, que sienta como algo lejano. Ves en muchas vivencias unos patrones que se repiten y no se cuestionan, mucha violencia en el núcleo familiar, dirigida normalmente hacia las mujeres. Es una barrera, tanto para las mujeres que la sufren como para las siguientes generaciones que crecen con esto normalizado bajo la etiqueta de algo cultural y tienden a reproducirlo. Creo que hay que atajarlo de alguna forma, empezando por abrir un debate en nuestra comunidad.
En nuestra comunidad siento que las generaciones que ya han crecido aquí, de mi edad o algo mayores, están bastante concienciadas, en parte porque se mueven en ámbitos educativos y en lugares donde se debaten diferentes posturas que fomentan cambios en la mentalidad. Los hombres de estas edades están en un proceso de replantearse desde dónde actúan. De todos modos, también es verdad que dentro del continente africano ha habido feminismo desde hace mucho tiempo, diversas formas de reivindicación, de lucha y de empoderamiento de las mujeres. África siempre se observa como algo atrasado, y en algunos casos puede ser que sí, pero en otros muchos podría tomarse como ejemplo.

Fue un período clave en mi vida, como activista y como persona. Considero que es un espacio muy necesario por varios motivos. Las personas negras tenemos muchas veces la experiencia de ser las únicas personas negras en los espacios educativos, pero Kwanzaa nos sirve como una pequeña casa donde se genera comunidad. A la vez es un espacio donde se genera conocimiento, se intercambian ideas y experiencias vitales con un punto crítico. En ocasiones parece que por el hecho de ser una persona negra ya estás deconstruida y tienes un enfoque antirracista, pero no tiene por qué. Kwanzaa actuó para mí como una ventana desde la que pude explorar y observar realidades que no conocía. Es un sitio muy enriquecedor, donde hay personas con orígenes muy diversos. Algunas hemos nacido aquí, otras han nacido en el continente africano, en distintos países. Tenemos experiencias comunes y otras muy diferentes. Hace falta que haya una nueva generación en España llena de profesionales afrodescendientes con una clara perspectiva antirracista que es necesario llevar a nuestros futuros lugares de trabajo y a otros espacios de la vida.
Afrodiccionario es una entidad social y educativa que trabaja con el lenguaje como herramienta transformadora contra el racismo para prevenir violencias. Nos estamos centrando en sensibilizar en las etapas de la ESO y en el Bachillerato, etapas clave en nuestra formación, el momento en el que tu mente está más abierta a escuchar, a comprender. Es un momento importante para sentar bases, porque se está formando tu autoconcepto y te importa mucho lo que diga o deje de decir tu grupo. Sensibilizamos a través de la reflexión sobre el lenguaje, el impacto que tienen nuestras palabras y nuestros silencios. También sobre la importancia de crear términos que expresen realidades existentes, como que exista la palabra «afrodescendiente» o la palabra «afroespañol». Pero lo más innovador y lo que más me enorgullece es la involucración del profesorado. Hay que trabajar no solo sensibilizando a las víctimas, sino también con aquellas personas que están en una situación de poder, como son los profesores, que a menudo son los referentes de los chavales y juegan una parte muy importante en la prevención. Es esencial que tengan herramientas, que es lo que nos reclaman en los talleres que impartimos, para gestionar situaciones que se encuentran en el día a día.
Cuando llegamos, nos dicen: «Necesitaba esto», y te cuentan sus experiencias y sus inquietudes. Intentamos hacer entender que el racismo no atañe solo a quien lo sufre, sino a toda la sociedad. Desde Afrodiccionario lo abordamos con los alumnos y profesores de una forma didáctica, amena, que no se entienda como algo teórico, sino como algo que nos puede afectar a todos, ya sea como víctimas, como amigos, como compañeros o como agresores. Cuanto antes se hable, mejor, porque así es como se previenen estas violencias. Al final, por mucho que enseñes lengua o matemáticas, un alumno no va a llegar a aprender adecuadamente si luego en el patio le están insultando por ser negro. Necesitas que tus alumnos estén en un contexto seguro y eso es lo que intentamos en Afrodiccionario, ofrecer herramientas para asegurarnos de que las aulas son seguras para todos y para todas. Esto también ofrece tranquilidad a las familias, sabiendo que sus hijos e hijas están en entornos más conscientes, más abiertos. Es esencial que a todos los alumnos se les prepare para desenvolverse en el mundo diverso en el que están, no solo a los que son propensos a sufrir este tipo de violencias, sino a todos, para que luego, cuando vayan a comprar el pan o en el futuro estén en sus trabajos, sepan enfrentarse a esa diversidad. Al final, es una apuesta social por hacer un mundo más justo.

«Para mí, la palabra clave de esta chapa es “soy”. Trabajo Social es algo que está muy integrado en mi persona y a partir de ahí es como voy caminando por el mundo. Esta es una profesión que no se puede separar de la parte humana, de los valores, de la justicia social. No me lo tomo solo como un trabajo, sino como mi filosofía de vida».
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