Una factura muy elevada

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EE. UU. se perfila como un socio clave para el Gobierno de Félix Tshisekedi en la R. D. del Congo.



El pasado 5 de febrero, el presidente de la República Democrática del Congo (RDC), Félix Tshisekedi, participó en Washington en el 74º Desayuno Nacional de Oración, donde recibió los elogios del presidente estadounidense, Donald Trump. Su presencia no fue fruto del azar, sino la consecuencia de un proceso diplomático iniciado meses antes. El 4 de diciembre de 2025, los dos países firmaron un acuerdo estratégico sobre los llamados minerales críticos –cobalto, litio y cobre–, considerados esenciales para la transición energética.

El periodista Saleh Mwanamilongo apuntaba el 10 de febrero en AP News que «Tshisekedi ha ofrecido a compañías estadounidenses acceso a los ricos yacimientos minerales del este del Congo, estimados en 24 billones de dólares, como moneda de cambio para obtener apoyo de Estados Unidos». Ese soporte empezó a notarse en diciembre, cuando la presión diplomática obligó al grupo AFC/M23 a retirarse de la ciudad portuaria de Uvira (ver MN 719, pp. 10-11). Sin embargo, los guerrilleros siguen controlando Goma y Bukavu, así como zonas mineras como Rubaya, de donde «sale el 15 % del coltán que consume todo el mundo y donde más de 200 personas perdieron la vida el 28 de enero a causa de un deslizamiento de tierra provocado por las fuertes lluvias», indicó France 24. Para concretar este acuerdo, el 3 de febrero se dio un primer paso con la firma de un tratado preliminar entre el estadounidense Orion Critical Mineral Consorcio (Orion CMC) y la multinacional suiza Glencore. Según la Agencia Fides, el acuerdo «contempla la posible adquisición, por parte del consorcio, del 40 % de dos compañías mineras congoleñas: Mutanda ­Mining y la Kamoto Copper Company». 

Desde su anuncio, el llamado Acuerdo de Washington ha dividido a la opinión pública congoleña. Dorley Matumona, miembro de la Unión por la Democracia y el Progreso Social, afirmó en Radio Okapi que «el trato consolida la seguridad nacional y favorece una explotación más transparente de los recursos del país». Sin embargo, pese a los esfuerzos del Gobierno por subrayar las ventajas del tratado como vía para lograr la paz en el este del país, la sociedad civil y la oposición optan por un diálogo nacional como alternativa prioritaria. Christopher Muyisa, activista juvenil, advertía en AP News que «este acuerdo generará más conflicto en lugar de ofrecer soluciones reales, porque los actores no son sinceros».

En este contexto, Vivian va Perre, jefa interina de la Misión de la ONU en la RDC (MONUSCO), se reunió el 12 de febrero con Corneille Nangaa, responsable del AFC/M23, tras aterrizar en helicóptero en el aeropuerto de Goma, que llevaba un año cerrado. Este gesto puede ser relevante para lograr la propuesta de alto el fuego impulsada por Angola entre Kinshasa y el grupo rebelde. Otro de sus líderes, Bertrand Bisimbwa, ha confirmado que el Gobierno ruandés los apoya en materia de seguridad, según manifestó en un encuentro con periodistas, informó el portal The East African. Naciones Unidas documentó el pasado mes de mayo esos vínculos que, sin embargo, el Gobierno de Paul Kagamé niega.

En la imagen superior, mina de cobre a cielo abierto de Mutanda Mining en la localidad congoleña de Kolwezi. Fotografía: Per Anders Pettersson / Getty



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