Una refugiada existencial

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Tsitsi Dangarembga

Mujer y negra


Traducción: Cristina Lizarbe Ruiz.


Plankton Press.
Málaga, 2024.
134 págs.


Nacida en 1959 en la colonia británica de Rodesia del Sur, futura Zimbabue, Tsitsi Dangarembga reúne en Mujer y negra tres ensayos en los que autobiografía, conciencia y la historia de su país natal forjan un artefacto político que le sirve para dinamitar prejuicios fosilizados sobre la mujer, el color de la piel, el colonialismo y el machismo en los movimientos de liberación africanos y los regímenes surgidos tras la independencia, como el de Robert Mugabe, que agravó los espantos del dominio británico. Dangarembga, que se define como una «refugiada existencial», podría ser considerada como una amazona por su valor para enfrentarse a los desafíos a los que la ha sometido la vida desde muy temprano: entre los dos y los seis años, sus padres la confiaron, junto a su hermano, a una familia de clase obrera blanca en Inglaterra. Una experiencia que la marcaría –y la desubicaría– primero en la metrópoli, luego al volver a Zimbabue: a ser vista como alguien (mujer, negra, escritora, cineasta) que no pertenecía a ninguna parte.

Dueña de una identidad amputada, ha tenido que reconstruirse, y para eso ha recurrido a una celebrada trilogía novelesca que incluye Condiciones nerviosas y This Mournable Body, y filmes como Neria y Everyone’s Child. Dangarembga estudió Medicina en Cambridge, Psicología en Harare y Cine en Berlín. Con Mujer y negra se planta en jarras dialécticas ante nosotros para que prestemos atención a sus corrosivas palabras, puesto que, como escribió Toni Morrison, Nobel de Literatura, «ofrece una visión poderosa para volver a recordar a aquellos cuyas identidades y experiencias siguen estando fracturadas por las intersecciones de la historia, la raza y el género». En la introducción a los tres ensayos de este libro afiebrado dice que lleva huyendo «del maligno reino del imaginario, que construyó primero la Rodesia colonial y luego la República de Rodesia y su sucesora, la elitista y militarizada Zimbabue», desde el principio de su existencia, independientemente de dónde se encontrara su cuerpo. Habla de la «herida» que los imperios han infligido al 80 por ciento del planeta, a «los clasificados como negros», y su insaciable «comercio» basado en el deseo, que le sirve para recordar que «el deseo sin amor se reduce a la lujuria», cifrada obscenamente en el «comercio trasatlántico de esclavos». Esos 13 millones de almas equivalentes a la población de Suecia o Portugal. Un «drenaje» catastrófico. Escribir le ha permitido a Dangarembga confirmar que es «más que negritud y feminidad. Escribir me confirma que soy».

Una de sus más tristes constataciones es que las guerrillas formadas en el bloque comunista y la lucha de clases no tuvieron en cuenta «el abuso sexual a las mujeres en los campamentos», y que «ser feminista siendo mujer y negra en Zimbabue implica vivir en el epicentro del racismo estructural y de un patriarcado militarizado y brutal». Ella ha acuñado la fórmula «genuflexión marital», que padecen incluso mujeres poderosas. Recuerda matanzas como la de Matabeleland y que «las guerrillas nacionalistas mataron a más civiles negros que a fuerzas del orden rodesianas o a rodesianos blancos».



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