Biafra, un elefante en la habitación

Por: Sebastián Ruiz-Cabrera - 11/07/2017

50 años de la proclamación frustrada de independencia

 

 

[En la imagen superior: Un soldado señala el nombre de su país meses antes del estallido de la guerra. “Unidad y fe” rezan en el escudo de armas de una nación que hoy día es la más poblada de África / Fotografía: Archivo Mundo Negro]

 

Biafra es un emblema, un resquicio que 50 años después ha hecho revivir la historia de esta región separatista en el este de Nigeria. Sobrevivió durante solo tres años (1967-1970) y su nombre se convirtió en sinónimo mundial de la instrumentalización del hambre. La región fue completamente cercada por el Ejército nigeriano, que implementó un bloqueo que acabaría por desencadenar una de las primeras hambrunas mediatizadas y fotografiadas. Un nuevo estilo periodístico. Un nuevo chascarillo que llegaría hasta hoy: “Pareces un niño de Biafra”. Un nuevo paradigma de la injerencia internacional con fines humanitarios.

“Unity and faith” (Unidad y fe) fueron las dos palabras que se zurcieron sobre el escudo de armas nigeriano tras la independencia en 1960; un reflejo de los sueños y aspiraciones de la nación, pero también, dos conceptos que encapsularon las primeras obsesiones y miedos: la propia fragilidad territorial del nuevo Estado, que acabaría por estallar años más tarde. Un triunfo, por otro lado, de las politicas coloniales británicas de divide y vencerás.

Medio siglo después, principalmente tres movimientos independentistas mantienen viva esta llama: el Indigenous People of Biafra (IPOB), el Movement for the Actualisation of the Sovereign State of Biafra (MASSOB) y el Biafra Independence Movement (BIM).

 

La República de Biafra

En 2014, el National Film Board de Nigeria, la institución encargada de las producciones cinematográficas en el país, llamó al orden al realizador Biyi Bandele. Le recomendó que modificara su exitosa producción para la gran pantalla Half of a Yellow Sun –la adaptación del libro de la escritora nigeriana ­Chimamanda Ngozi Adichie–, para asegurarse de que no ponía en peligro la seguridad nacional. Mientras los premios le llovían a Bandele, el estreno se retrasó en Abuya y Lagos porque la película narra la historia de dos hermanas que tratan de mantenerse con vida durante la guerra civil entre el Estado de Nigeria y Biafra de 1967 a 1970.

Un tema sensible. Tanto, que el Gobierno nigeriano nunca ha ofrecido una cifra oficial de muertos, que podría oscilar entre uno y seis millones. Una realidad incómoda que revela, 50 años después, que hay un malentendido generalizado sobre los acontecimientos que cambiaron para siempre el curso de Nigeria. Y el elefante sigue en la habitación sin que nadie lo vea.

La secesión de Biafra fue la culminación de un largo período de agitación étnica y regional en Nigeria. El punto de ebullición se alcanzó con el golpe de Estado dirigido por el general Johnson Ironsi, en 1966, y el asesinato del primer ministro, Abubakar Tafawa ­Balewa. Ironsi era igbo, el tercer grupo más numeroso en el país, dominante en la región oriental y el que controlaba los recién descubiertos pozos petrolíferos. En mayo de ese año, y como represalia por el golpe de Estado, miles de igbos fueron masacrados en el norte de Nigeria.

Manifestación en Biafra, Nigeria

Miles de personas se manifestaron en octubre de 2015 para pedir la liberación de Ndamdi Kanu, el líder del Indigenous People of Biafra (IPOB). Una demostración más del músculo social de esta región de Nigeria / Fotografía: Getty Images

Un año más tarde, Odumegwu Ojukwu, un coronel educado en Oxford, trataba de resistir a la creciente presión igbo por la secesión: propuso una federación débil para separar políticamente las tres principales regiones de Nigeria (yoruba, hausa e igbo). Pero el coronel Yakubu Gowon, entonces presidente, rechazó la idea. La confrontación sobre los impuestos federales del petróleo y las industrias del carbón precipitaría la ruptura final. Finalmente, Ojukwu pasó a la historia el 30 de mayo de 1967 al proclamar unilateralmente un nuevo Estado: “En virtud de la autoridad y conforme a los principios mencionados, proclamo aquí solemnemente la República de Biafra”.

Una de las variables para el análisis, más allá del sentimiento identitario, fue la responsabilidad para perpetuar la guerra por parte de las potencias con intereses en el país, como era el caso de su antigua metrópolis: en 1946, el valor de las exportaciones de Nigeria a Gran Bretaña fue de 23,7 millones de libras; en 1955, de 129,8 millones; y, en 1960, el año de la independencia, de 165,5 millones. Es decir, la posibilidad de perder el dominio y control de los pozos de petróleo, decantó las políticas de Londres hacia el apoyo incondicional al Gobierno nigeriano, con envío de armas incluído. A Francia, por otro lado, bajo el Ejecutivo de De Gaulle –quien todavía se sacudía el polvo del Mayo del 68–, le interesó apoyar a Biafra como una posible estrategia a largo plazo para desestabilizar al gigante nigeriano. El negocio de la real politik.

 

Leña al fuego

La conmemoración del 50 aniversario de la declaración de independencia de Biafra ha provocado que algunos reproduzcan los ecos de la dinámica de hace medio siglo. El sentimiento de exclusión y abandono por parte de los partidarios de proclamar de nuevo la República se contrapone con la visión del Gobierno de Muhamadu Buhari, quien insiste en que los problemas a los que se enfrenta el sureste no son exclusivos de esa región. Sin embargo, la estrategia de la Administración de implementar medidas drásticas como respuesta a las quejas populares, podrían tener un efecto bumerán. El desarrollo cuestionable en el Delta del Níger, en el sur, que ha sufrido décadas de abandono, degradación ambiental debido a los derrames de petróleo, y que se mantiene en una tensión constante por la inseguridad, fue el principal aval para que solo un cinco por ciento de los votantes de esta región en las últimas elecciones de 2015, confiara en el programa de Buhari.

En 2014, el Indigenous People of Biafra (IPOB) –con Nnamdi Kanu como referente– adoptaba la postura de la no violencia hacia la independencia. Para difundir su menaje ha estado utilizando las ondas de Radio Biafra, una emisora digital que él mismo estableció en Londres en 2009 y que se puede escuchar en Nigeria, motivo por el cual, en octubre de 2015, fue arrestado acusado de traición después de volar a Lagos, aunque lo liberaron en abril de este año para evitar las protestas de cara al aniversario del 30 de mayo. Mejor no agitar el panal.

Radio Biafra ha contribuido a que los jóvenes, en una situación de alto desempleo, vean en el mensaje remozado de Kanu, 50 años después, una alternativa emancipadora. Pero el clima continúa convulso. Amnistía Internacional subraya que entre agosto de 2015 y agosto de 2016, las Fuerzas de Seguridad mataron al menos a 150 miembros y simpatizantes del IPOB provocando cientos de heridos. Impunidad y silencio. Y el elefante continúa en la habitación. De momento.