Del país destruido por la dictadura al león africano

Por: Mbuyi Kabunda - 10/05/2018

Considerado como la perla del imperio británico en África, Uganda se caracterizó por una crónica inestabilidad política desde 1966 hasta 1986 por ser el escenario de dictadura, rebeliones y guerras civiles, junto a hambrunas, sequías y la extensión de la pandemia del sida.

La dictadura sangrienta de Idi Amin Dada, de 1971 a 1979, condujo a este país a un tremendo marasmo económico y al caos generalizado, consecuencias del deterioro o la destrucción de las infraestructuras económicas y sociales.

Pertenece a la Comunidad de África Oriental (EAC), cuyo objetivo es crear a medio plazo una federación entre los Estados miembros, y a corto plazo dotarse con una moneda común, el shilling, y la libre circulación de personas.

Desde mediados de la década de los 90, el país conoce importantes tasas de crecimiento (desde el 6% al 8%, y en la actualidad el 4,4%), lo que le predispone a convertirse en un verdadero león africano, en relación al caos en el que se han hundido los países vecinos de la región de los Grandes Lagos.

Hace una década que se descubrieron importantes yacimientos de petróleo en la cuenca del Lago Alberto, lo que convertiría a este país en el Kuwait de África, con el riesgo de caer en «la maldición del petróleo», en particular el abandono de la agricultura.

Uganda fue creada por los ingleses sobre la base de las afinidades étnicas o de la bipolarización etno-confesional norte/sur –el norte dominado por los grupos nilóticos en torno a los acholis, y el sur por los grupos bantúes, en particular por los bagandas–, con la consiguiente dificultad de crear hoy una conciencia nacional. Es decir, la persistencia de la conciencia étnica, instrumentalizada por los sucesivos poderes poscoloniales.

Museveni, con una política que se fundamentó inicialmente en la democracia sin partidos, destaca por la lucha contra el sectarismo étnico a favor de la reconstrucción nacional, consiguiendo la estabilidad política y la prosperidad económica.

Sin embargo, su gobierno se ha enfrentado a los movimientos de oposición con carácter político (la rebelión de las Fuerzas Democráticas Aliadas –ADF–), a los grupos con orientación confesional o mesiánica (el LRA), a los que tienen objetivos secesionistas (el federalismo exigido por los bagandas para afirmar su identidad) y a los grupos terroristas islamistas (Al Shabab).

Bajo la presión de Estados Unidos, su principal aliado, el Gobierno de Museveni terminó abriéndose al multipartidismo en 2005, con la consiguiente celebración de elecciones presidenciales en 2006, en 2011 y en 2016.

Es preciso subrayar la enmienda constitucional, votada por el Parlamento, para eliminar la disposición de limitación a dos mandatos presidenciales, permitiendo de este modo a Museveni mantenerse en el poder. Va en el mismo sentido la propuesta de ley presentada en octubre de 2017 para eliminar en la constitución el límite de edad para estar en el poder, y permitir así a Museveni, de 74 años, tener un sexto mandato en 2021.

Aunque Uganda haya experimentado importantes cambios positivos desde 1986, la economía ugandesa sigue siendo frágil y las desigualdades entre el sur y el norte del país, son cada vez mayores.

El régimen de Museveni, cada vez más autocrático, ha de hacer frente a una virulenta oposición dentro de su propio campo. En las elecciones presidenciales del 18 de febrero de 2016 tuvo que enfrentarse en las urnas a su antiguo compañero de lucha, Kizza Besigye. Consiguió el 60,25% de votos contra el 35,37% para Besigye, que cuestionó el resultado por importantes irregularidades.