Juan Núñez: «La historia de Gennet es una llamada a romper muchas barreras humanas que nos atan»

Por: Javier Sánchez Salcedo - 22/03/2019
El 5 de abril se estrena en salas la película Me llamo Gennet

 

Gennet Corcuera es un referente para todos. Conocer su historia se convierte en una experiencia impactante y conmovedora. La primera vez que Mundo Negro habló de ella fue en 1989, un año después de su llegada a España. Vino con Carmen Corcuera, la mujer que la conoció en un centro de las Hermanas de la Madre Teresa en Adís Abeba y decidió adoptarla.

 

Gennet hoy es la primera persona europea sordociega que ha logrado un título universitario, en concreto en Educación Especial. Y su vida se narra ahora en Me llamo Gennet, un largometraje dirigido y producido por el documentalista Miguel Ángel Tobías y protagonizado por la propia Gennet, Miriam Díaz-Aroca, Ángela Molina, Miki Molina y Zewdu W. Mariam, que se estrenará el próximo 5 de abril en las salas de cine. Con un lenguaje poético, la película, rodada entre Etiopía y  España, cuenta en primera persona el recorrido vital de esta mujer que, junto a su madre, ha logrado superar innumerables obstáculos para llegar hasta donde lo ha hecho, trabajando en la actualidad en el único centro residencial en España especializado en sordoceguera. La película, ficcionada, pero basada completamente en la vida de Gennet, cuenta con la intepretación del propio director, Miguel Ángel Tobías, en el papel del misionero comboniano Juan Núñez, que ha seguido toda esta historia desde su origen en Etiopía, manteniendo una relación muy estrecha con la familia. (El mismo padre Juan aparece en uno de los momentos más emotivos del largometraje). El misionero ha compartido en un diálogo con Mundo Negro su experiencia con Gennet a lo largo de 30 años.

 

 

El misionero comboniano Juan Núñez en Etiopía. Fotografía: Ana Palacios

 

¿Cómo se cruza Gennet en tu vida? ¿Cómo recuerdas aquel primer momento en el que os conocisteis?

Gennet al poco de llegar a España, en 1989. Fotografía: Archivo Mundo Negro

Mi relación con Gennet tiene su comienzo no directamente con ella, sino con Carmen Corcuera, su madre adoptiva, una mujer que ha dejado en mí recuerdo entrañable por su coraje humano y su profunda y sencilla fe en Dios. Debió ser en torno al año 1987, cuando vino a pasar un breve período en Etiopía, donde su yerno era el embajador de España en aquel momento y su hija

vivía y trabajaba también en Adís Abeba. Como quería hacer algo útil, preguntó si había algún sacerdote español que la pudiera orientar. Yo vivía en ese momento en Adís, como encargado del seminario diocesano. Me llamó por teléfono y me expuso su intención. Yo pregunté a las Hermanitas de Foucauld, que regentaban un dispensario en la ciudad, si no tenían inconveniente en aceptar sus servicios. Respondieron que la aceptaban con gusto. Al día siguiente fui a la embajada a recoger a Carmen. Mientras le iba explicando por el camino a dónde la llevaba, ella respondió: «No Padre. Yo no quiero eso. Yo quiero un sitio donde haya que lavar a enfermos, fregar platos, limpiar suelos…». «Entonces nos estamos equivocando de camino. No se preocupe. Tendrá lo que quiere». Recuerdo  exactamente el lugar donde le di la vuelta al coche. Paso por allí de vez en cuando y siempre evoco aquel momento. La llevé a las Hermanas de Madre Teresa, a la casa que tienen en Sedest Kilo, donde se concentra la flor y la nata de toda la miseria, al menos física, de una sociedad que en aquellos tiempos era ya de por sí en extremo mísera. Las Hermanas llevaron a Carmen a la sección del orfanato y allí se quedó aquel día. Días más tarde, me llamó para decirme que había en el orfanato una niña sordo-ciega que le daba mucha pena y que quería hacer algo por ella. Fui allí y fue entonces cuando vi por primera vez a Gennet. Tendría unos 5 o 6 años. Llevaba un vestidito que no era de su medida e iba agarrada al vestido de una muchacha grandullona, con discapacidad intelectual, que la llevaba de aquí para allá.  Naturalmente, Gennet ni me vio ni fue posible comunicación alguna. En días sucesivos, la llevamos a los médicos cubanos para ver si había alguna esperanza de que recuperase algo del oído o la vista. Según ellos, no había ninguna.

¿Qué papel tuviste en la adopción de Gennet?

Respuesta. Poco antes de que Carmen regresara a España, recibí otra llamada suya. «Padre, he pensado llevarme a Gennet conmigo. ¿Qué piensa usted?». «Pienso que se echa encima una gran carga. Pero usted es una persona adulta y en sus cabales. Si el amor le inspira hacer esa locura, tiene todo mi apoyo». Y así lo hizo. Esa fue toda mi intervención en la adopción de Gennet: una palabra de apoyo.

Gennet con su madre adoptiva, Carmen Corcuera, en las oficinas de la revista Mundo Negro en 1989. Fotografía: Archivo Mundo Negro

Desde el año 88, en que Gennet llegó a España, ¿has mantenido un contacto regular con la familia y has ido viendo su evolución?

En ese mismo año 88, yo volví también a España y viví en Madrid durante varios años, igual que Carmen y Gennet. Organicé algunos encuentros de etíopes en la sede de Mundo Negro en los que ellas no faltaban nunca. Ponían una nota de humanidad dignificada en los encuentros. Yo iba a su casa de vez en cuando. Entonces sí me podía comunicar con Gennet. Carmen y ella lo hacían a gran velocidad tocándose la cara, las manos… Estaban muy compenetradas. Yo lo hacía más lento. Gennet tenía una tablilla de plástico con las letras del alfabeto en relieve. Ella iba poniendo su dedo sobre cada letra y yo construía mentalmente las palabras. Luego yo cogía su dedo y lo ponía igualmente encima de cada letra. Ahora era ella la que reconstruía las palabras. Desde que he vuelto a Etiopía, hace ahora 15 años, los contactos han sido necesariamente menos frecuentes. Las veía cada dos o tres años, cuando iba de vacaciones. Recuerdo la última vez que vi a  Carmen. Repetía que estaba confusa. Y lo estaba de hecho. No mucho después, tuvo que ser internada en una residencia, donde más tarde murió. Pero mis contactos han seguido tanto con Gennet, con quien me puedo comunicar normalmente por correo electrónico, como con la familia biológica de Carmen, cuya hija, llamada también Carme, fue embajadora en Etiopía en el puesto que había ocupado anteriormente su marido.

Cartel de la película.

Cuando miras en perspectiva toda la historia de Gennet, ¿qué piensas?

Vista desde lejos, la historia de Carmen y Gennet se antoja idílica. Vista desde cerca, es una mezcla de dolor y esperanza, de esfuerzo permanente, de apostar por un futuro siempre difícil y arduo.  Los primeros meses en España fueron un martirio. Carmen creyó que había fracasado y que tenía que devolver a Gennet. Luego, de la noche a la mañana, todo cambió. Carmen lo tomó por un milagro, pues aquella niña inabordable, que no permitía ni siquiera ser tocada, cambió totalmente y allí comenzó una increíble compenetración. Pero Carmen quería que Gennet se preparase para ser en el futuro lo más autónoma posible y le enseñó a valerse por sí misma en casi todo. Impresionaba verla, ya desde muy niña, moverse por la casa con toda soltura, prepararse la comida, coser… Sólo con estas bases, pudo Gennet abrirse camino, confiar en sí misma y llegar a donde ha llegado.

¿Qué te parece que ahora se cuente su historia en una película?

No he visto todavía de la película más que el tráiler que aparece en internet. Pero sé poco más o menos de qué va. El director y su equipo vinieron a Etiopía y me contactaron. Debíamos haber rodado algo en el orfanato de Madre Teresa donde Carmen encontró a Gennet, pero yo me había hecho mal en un pie y no podía caminar.  Estuvimos más de cinco horas rodando en la residencia donde vivo. Me hicieron contar la historia. Me emocioné; se emocionó también Miriam Díaz-Aroca, que hace de Carmen en la película; se emocionó el director… Sólo Gennet permanecía aparentemente impasible, aunque seguía todo con extrema atención. Hasta que la intérprete que le iba explicando todo se emocionó también y el rodaje tuvo que parar hasta que todos nos serenamos. Jamás pensé que un director pudiera llorar tras las cámaras. Pero aquí no estábamos ante una historia inventada. Aquí estaba Gennet en carne y hueso, la misma que 30 años antes  vestía un ridículo vestido en el orfanato. Que se cuente en una película la historia de Carmen y de Gennet me parece magnífico y no dudo que será para quienes tengan la suerte de verla una llamada a romper muchas barreras humanas que nos atan sin que nos demos cuenta de ello.

Me llamo Gennet – Tráiler from Historias Que Deben Ser Contadas on Vimeo.