Negros en Perú: historia de una presencia constante desde 1527

Texto José Luis Cortés López
Ilustraciones y fotografías Getty Images

 

La esclavitud ha sido el factor fundamental de la diáspora negroafricana, buena parte de la cual prosiguió su vida en tierras americanas. Perú no fue una excepción. El país andino fue destino de una gran cantidad de esclavos negros, cuya pervivencia llega hasta nuestros días. Según una tradición, fue un negro quien pintó el Señor de los Milagros, la imagen más festejada y venerada en todo el país.

 

Perú formaba parte de lo que al principio se llamó Nueva Castilla, cuya primera etapa de exploración tuvo lugar en 1524; y continuó de forma más metódica entre 1526 y 1528. En 1527 llegó el primer negro a las órdenes de Alonso de Molina, que desembarcó en Tumbes. Pizarro capituló con la Corona la “pacificación” y colonización del territorio en 1529, y en 1531 se lanzó a la conquista, llevando unos 500 negros de Guinea como parte de su tropa.

Almagro fue el principal aliado de Pizarro en esta conquista, pero pronto surgió la rivalidad entre ambos cuando este quiso quedarse con Cuzco y las zonas más ricas de Perú, relegando a Almagro a las más pobres. El enfrentamiento acabó con la ejecución de este en 1538, pero partidarios suyos se tomaron la revancha al asesinar a Pizarro en 1541. Las luchas entre ambos bandos obligó a la Corona a intervenir. Y la solución dada fue la fundación de un virreinato, que gestionaría toda la vertiente del Pacífico.

La capital fue Lima, fundada por Pizarro en 1535 con el nombre de Ciudad de los Reyes. Esta ciudad tenía un barrio llamado Triana y la calle Malambo, de claro sabor negro, por donde se salía al campo. Francisco de Toledo reorganizó el Virreinato, y acabó con la resistencia indígena ejecutando al último inca, Túpac Amaru. En 1570 presentó a la Corona un plan para que negros y mulatos libres entraran al servicio de los españoles y fueran empleados en la minería, considerado el sector económico primordial. Lima fue para el Pacífico lo que Cartagena de Indias para el Atlántico, y la población negra no dejó de incrementarse: de 4.000 negros en 1586 se pasó a 13.137 en 1619 –por encima de los 12.500 españoles–. En 1640 la población negra en todo Perú era de unos 30.000.

 

Servicio y discriminación social

La petición de Toledo muestra la necesidad que se tenía de los africanos para llevar adelante la colonización. En una relación del virrey marqués de Montesclaros a su sucesor en diciembre de 1615 le decía entre otras cosas: “La falta que hay en estas provincias de servicios… obliga a que, gene­ralmente, sea todo de negros; de la mezcla destos con gente blanca han resultado mulatos”. En 1646 el Cabildo de Lima volvió a ­pedir a la ­Corona que se intensificara su llegada, porque cada año morían unos 2.000 negros, frente a la entrada media anual, unos 400.

En las descripciones de ciudades como Piura, Tumbes, Lambayeque, Colán, Paita, El Callao, Cuzco, Ica, Cajamarca o Arequipa se hace constar expresamente la presencia negra y mulata junto a la de mestizos y negros. De El Callao afirman: “Hay presidio de 500 españoles en cinco compañías de infantería, y mucha gente de servicio con negros y mulatos…”. De Cuzco: “Hay en esta imperial ciudad gran población de indios nobles y ordinarios, que pasan de 14.000 vecinos… con gran cantidad de negros esclavos y mulatos”, según se recoge en Compendio y descripción de las Indias Occidentales, obra de Vázquez de Espinosa fechada en 1627.

De Piura, fundada en 1542, decía el visitante Antonio de Ulloa en 1748: “Que para servicio, todos los que tienen posible en la dicha ciudad tienen negros y negras, y para las labranzas y crianzas y ingenios de azúcar; y que los hijos de los nacidos allá no difieren en color ni en lo demás a los padres idos de acá. El precio ordinario es doscientos y cincuenta y trescientos pesos, siendo buenos”. Paita, a 50 kilómetros, fue uno de los puertos más importantes durante el Virreinato, y puerta de entrada para muchos negros.

 

Un grupo de mujeres peruanas durante la interpretación de bailes de origen afro / Fotografía: Getty Images

Minería y agricultura

El trabajo principal que desarrollaron estos negros no fue el de la minería (para la que se utilizaron indios), como se quiso en un principio, sino el de la agricultura, especialmente el cultivo de la caña de azúcar y la vid. La prohibición de emplear indios en ingenios de azúcar y en viñedos, lo mismo que en las industrias textiles, fue aplicada escrupulosamente por los virreyes conde de Villar y marqués de Cañete entre 1585 y 1595, lo que hizo que se potenciara la llegada de negros. Desde el segundo tercio del siglo XVII la agricultura de Lima y del norte dependía de los negros.
Hablando de las haciendas de Lima, se nos dice que en ellas se cultivaba sobre todo caña de azúcar, y que todas ellas “las cultivan negros esclavos, que tienen sus dueños para este fin”. Cerca de la ciudad había una especial, denominada “valle del Ingenio (…) donde acudían al beneficio de la caña dulce y del azúcar más de 300 negros y 500 indios, que era una gruesa hacienda”, según ­Vázquez.

También fueron utilizados los africanos en el transporte terrestre –cuidando de las recuas de ­mulas–, y marítimo, en el que la Corona empleó a casi un millar de ellos entre 1548 y 1641. Era frecuente verlos en el servicio doméstico y suntuario, acompañando a sus dueños vestidos con vistosos uniformes. Aseguraban también la mano de obra en los astilleros, el trabajo en los conventos y monasterios, el pan en Lima y la mayoría de oficios en esta ciudad. No es extraño, pues, que un negro especializado llegara a valer hasta 600 pesos a mitad del siglo XVII.

A pesar de lo imprescindible de su trabajo y de la necesidad que se tenía de ellos, raramente se les dispensó un merecido reconocimiento social, si bien pudieron disponer del hospital de San Bartolomé, exclusivo para ellos. Las medidas discriminatorias eran frecuentes. En 1578 el virrey Toledo prohibió a los vendedores ambulantes de Lima la venta de vino a negros, mulatos, zambahigos (resultado de la unión de indios y negros) e indios. Otras medidas discriminatorias del Cabildo o de la Audiencia se dieron en diversos momentos: que negros y mulatos no vivieran en casa aparte, que los negros no llevaran joyas o que no montaran a caballo.

El trato recibido y el desinterés social les llevó a huir de sus dueños cuando se presentaba la ocasión. Ya en 1544 muchos negros huidos andaban “asaltando y matando hombres y asaltando alquerías” en las afueras de Lima y Trujillo. En los Provehimientos generales y particulares del Pirú, de 1570, se dice que “En los cañaverales de los llanos de Trugillo y Lima andan siempre cantidad de negros levantados, y aunque se han hecho muchos castigos, no se puede acabar esta gente, sino antes cada día se van acrecentando”.

 

 

La música es una de las principales manifestaciones de los afroperuanos en la actualidad / Fotografía: Getty Images

 

 

Negros fugitivos

En Lima se cobraba un impuesto de 2 pesos por esclavo para sufragar los gastos de la captura de los fugitivos. Una vez recuperados, con frecuencia se les marcaba en la mejilla una H, o, si era ladrón, una L. La huida fue la infracción más frecuente y, con ella, los delitos que más cometieron los negros entre 1560 y 1650 fueron robo, asalto, asesinato, ebriedad, desorden, posesión de armas, resistencia al arresto, asistencia a fugitivos, fuga de la cárcel, violación y vandalismo. Se los recluía en cárceles especiales y, según la gravedad o reiteración de la culpa, se los castigaba a penas de azotes, látigo, destierro y horca. El destierro solía ser a Chile, donde se necesitaba mano de obra.

Los esclavos huidos y los negros libres contribuyeron desde muy pronto a organizar levantamientos y rebeliones contra los españoles. El 23 de junio de 1570 se descubrió en Lima una conjura de indios y negros, pero la rebelión más importante tuvo lugar en 1602 en Vilcabamba, cerca de Cuzco, donde había más de 2.000 negros en las minas de oro. Estuvo encabezada por el indio Francisco Chichima al que se unieron los negros. La llegada de refuerzos acabó con la revuelta y los negros entregaron su cabeza a los españoles.

 

Repunte demográfico

Si a finales del siglo XVIII, el 60 por ciento de la población urbana de Perú era negra, en el censo de 1940 los negros s0lo eran unos 28.000, el 0,47 por ciento de la población. En la actualidad ha habido un ligero repunte de su demografía, y se concentran en diez comunidades. Sus reivindicaciones sociopolíticas y su interés por estudiar sus raíces les ha llevado a revalorizar su tradición cultural y conseguir su reconocimiento como grupo propio (ver Mundo Negro octubre 1992 pp. 42-45).

Los cronistas citados destacaron el entusiasmo de los negros por agruparse en cofradías religiosas, lo mismo que hacían también sus hermanos en España. La primera surgió en Lima en la década de 1540. Vázquez se hace eco de la misma bastantes años más tarde: “Hay otra congregación de indios y otra de negros, y todas estas se juntan los domingos después del medio día en capillas diferentes…”.

En la ciudad de Trujillo, fundada por Almagro en 1534, puede verse hoy día la antigua iglesia de los negros, muy renovada y decorada bajo la advocación de San Lorenzo. Fue sede de una de las varias cofradías que siguen persistiendo en nuestros días, aunque integradas por blancos. Sin embargo, recordando sus raíces, participan en los desfiles procesionales pintados de negros, y bailando al son de ritmos africanos. De hecho, en sus estandartes se puede leer “hermandad de negros”.

Una de las procesiones más vistosas es la de la Virgen de la Puerta, coronada como Reina de la Paz Universal” el 27 de octubre de 1943. Aunque la fiesta litúrgica es el 15 de diciembre, las procesiones suelen hacerse en fechas próximas al 27 de octubre. Lo más atractivo de la procesión es el desfile de Hermandad de Negros de Nuestra Señora de la Puerta.

Los propios cofrades, para explicar su participación, recuerdan que había algunos negros en la cárcel que, viendo pasar en procesión a la Virgen de la Puerta, le pidieron su liberación. Al instante cayeron sus cadenas y quedaron libres. En agradecimiento a esta intervención mariana, los negros se comprometieron a acompañarla en cualquiera de sus fiestas y manifestaciones, si se lo permitían las cofradías responsables. Esta cárcel estaba en la esquina contigua a la Municipalidad, en la Plaza de Armas, la más grande de Perú; luego se trasladó a los sótanos de la misma Municipalidad.

 

La religiosidad popular es otra seña de identidad de la comunidad afroperuana / Fotografía: Getty Images

 

Si nos vamos al sur, nos encontraremos también con un reducto importante de la cultura afroperuana. Los negros se concentran en el departamento de Ica, y, más concretamente, en la provincia de Chincha y, sobre todo, en el distrito del Carmen. Su presencia está relacionada con el cultivo del viñedo y la fabricación de vino. Vázquez dice de Ica “que tiene más de 200 vecinos españoles sin más de 8 o 10.000 negros que tienen para el beneficio de las viñas”. Y sobre el puerto de la Magdalena de Pisco, que “todas las demás chacras o viñas tienen casas, lagares y bodegas para el beneficio de las viñas y en todas tienen capillas para la gente de servicio, y en particular los negros esclavos, que cada hacienda tiene un pueblo formado de ellos”.

Y la misma insistencia al hablar de los valles de esta región, donde reconoce que “hay muchos poderosos, y en cada hacienda tienen un pueblo de negros para el beneficio de las viñas… Habrá en este valle más de 10.000 negros para el beneficio de estas viñas… Tres leguas más delante de este pago corre otro río por la misma banda donde se recogen más de 50.000 botijas de vino…”.

Los primeros viñedos se plantaron en 1550 y su producción amenazó muy pronto a la española, por lo que en el siglo XVII la Corona prohibió su importación a España. Los bodegueros, entonces, optaron por la fabricación del famoso licor de Pisco, al que añadiéndole clara de huevo, limón, jarabe de glucosa y hielo se consigue el delicioso aperitivo pisco sour.

En el distrito del Carmen se elabora un vino dulce de sabor parecido al de Oporto, y durante la segunda semana de marzo se celebra la Fiesta de la Vendimia, a la que acude gran cantidad de gente. También en marzo celebran todos los años el festival “Verano Negro”. Es la máxima expresión de la cultura afroperuana con manifestaciones de música, baile, gastronomía y poesía en un ambiente carnavalesco. Se termina el festival con la tradicional Yumsa: en un poste colocado en medio de la plaza se colocan regalos; las parejas bailan a su alrededor y, en un momento dado, cada una de ellas descarga sobre él un hachazo. Quien termine derribándolo, será el mayordomo en la fiesta del año siguiente.

Otras manifestaciones peculiares de reminiscencias negras son los cantos y bailes del 24 y 25 de diciembre con motivo de la Navidad, y el 26 y 27 del mismo mes en honor de la Virgen del Carmen. Estas danzas también tienen lugar el 6 de enero, fiesta de los Reyes Magos, que coincide con el nacimiento de la mestiza Melchora Saravia (la Melchorita), muerta en olor de santidad a quien se atribuyen muchos milagros y es muy venerada en todo el país.