Una lección difícil para un mundo desigual

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Las lecciones que nos ha dejado 2020 deberían empujarnos a trabajar por un mundo más igualitario. En el planeta, más de un millón de personas han perdido la vida a causa de la COVID-19, mientras que millones de ellas se enfrentan a las ramificaciones socioeconómicas de la crisis sanitaria.

Los países continúan luchando para contener la propagación del virus, al mismo tiempo que responden a los efectos socioeconómicos que este ha desencadenado. Al igual que en crisis anteriores, la pandemia deja al descubierto el funcionamiento de los sistemas de poder y las desigualdades entre individuos, comunidades y naciones. En África, la privatización de los servicios públicos provoca que mucha gente esté expuesta a las dificultades económicas sin una alternativa.

Uno de los sectores más afectados es la educación. Millones de niños de familias empobrecidas carecen de ella. Si los países no hacen nada, la mayoría de estos niños se quedarán rezagados. En Uganda, allí donde se han reanudado las clases, se ha registrado una alta tasa de absentismo. En muchos países, el aumento de la violencia de género ha provocado el embarazo de niñas, lo que significa que sus oportunidades educativas podrían haber llegado a su fin. La reanudación de la actividad educativa debe incluir enfoques innovadores para la reintegración de estas niñas, brindarles apoyo y comprometerse para poner fin a la violencia sexual contra ellas.

Tanto la pandemia como el creciente movimiento Black Lives Matter han puesto el foco en el sector del desarrollo y su sesgo global hacia el Norte. La limitación de movimientos como medida para frenar la pandemia y la evacuación de ciudadanos extranjeros que trabajaban en el sector del desarrollo han dado más espacio para que los actores humanitarios locales respondan. El modelo de desarrollo actual –que no ha logrado transferir el poder a las comunidades para que sean ellas mismas las que decidan cómo desean enfocar su propio desarrollo– está puesto a prueba, y es una lección que no debe perderse.

Las desigualdades globales se han hecho evidentes en la lucha entre los países ricos por conseguir las vacunas. Se necesita una vacuna para garantizar que África y América Latina detengan la pandemia. Las lecciones de la lucha contra el VIH, donde las tasas entre colectivos marginados –LGTBI– o el de trabajadores del sexo continúan siendo altas, no deben ignorarse. Sin un compromiso para eliminar la desigualdad, estas enfermedades seguirán siendo endémicas en algunos grupos de población, aunque los medicamentos estén disponibles para quienes tengan recursos. 

Este año, en África se erradicó la polio, con más del 95 % de la población inmunizada. Los esfuerzos que se han hecho proporcionan una buena base sobre la que construir los cimientos para poner fin a la pandemia de coronavirus. Se necesita un firme compromiso para aliviar el sufrimiento provocado por la COVID-19. La construcción de economías sostenibles que protejan de crisis como esta, con eficientes redes de seguridad, a los más marginados, debe seguir siendo una prioridad.


En la imagen superior: El uso de la mascarilla, la higiene de manos y la distancia de seguridad se han convertido en el mensaje global de la pandemia. Aquí, en la entrada de un partido de cricket en Ciudad del Cabo. Fotografía: Shaun Botterill /Getty



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