
Publicado por Javier Fariñas Martín en |
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La nueva Constitución de Somalia ha nacido cuestionada y no ha cerrado algunos de los principales debates nacionales, como las diferencias entre el Gobierno federal y las administraciones regionales –especialmente de la región autónoma de Puntlandia o Jubalalandia– o el cuestionado sistema electoral. La oposición, que se ausentó de la votación definitiva, ha criticado su exclusión en el proceso de enmiendas de la Carta Magna, que sustituye a la aprobada de manera provisional en 2012 y sobre la que debía girar la reconstrucción y estabilización del país tras más de dos décadas de guerra civil. El presidente somalí, Hasán Sheij Mohamud, ratificó el nuevo texto el 8 de marzo, con los votos de 186 diputados de la Cámara Baja y 37 senadores.
El cambio del modelo electoral repercute en la estructura institucional y en el reparto de poder en el país. Con la nueva Constitución se pasa de un sistema indirecto basado en los clanes al sufragio universal. Los diputados serán elegidos por los ciudadanos, el Parlamento será el responsable de nombrar al nuevo presidente y este, a su vez, tendrá la potestad de elegir al primer ministro. Esta circunstancia no ha gustado fuera de Mogadiscio, ya que este modelo, en su opinión, puede desequilibrar el modelo federal vigente en Somalia. Además, con la justificación de evitar la fragmentación política, la Carta Magna limita a tres los partidos de ámbito nacional.
En un artículo publicado en el digital Hiiraan, Abdikarim Ali señalaba que «si bien el país cuenta con estructuras formales como parlamentos, ministerios y gobiernos regionales, la autoridad política a menudo depende de alianzas entre clanes y redes elitistas, más que de normas institucionales o programas políticos», para añadir que «completar la Constitución es un hito importante, pero no transformará por sí solo el sistema político».
Otra de las cuestiones que más suspicacias han levantado entre la sociedad civil y la oposición somalí es la modificación del mandato presidencial, que pasa de cuatro a cinco años. Este hecho tensiona el debate sobre el calendario electoral, que debía llevar el próximo mes de mayo a la ciudadanía a las urnas. Aunque la nueva Constitución no detalla si la legislatura en vigor debe extenderse 12 meses de forma automática, la oposición ha expresado su temor a que Mohamud aproveche esta zona de sombra para mantenerse de forma unilateral en el sillón presidencial un tiempo extra.
«Mientras los líderes políticos debaten sobre el federalismo, la reforma constitucional y los acuerdos electorales, muchos somalíes comunes se sienten ajenos a estas discusiones. Sus preocupaciones más urgentes, como la seguridad, el empleo, las infraestructuras o los servicios básicos, suelen recibir menos atención que las negociaciones políticas entre las élites», escribía Abdikarim Ali, lo que resume las diferencias entre los intereses de la clase dirigente, que discute para mantenerse o repartirse el poder, y los de la ciudadanía, que simplemente anhela una vida mejor.
En la imagen superior, el presidente somalí, Hasán Sheij Mohamud, firma la nueva Constitución del país. Fotografía: Villa Somalia/Getty
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