
Publicado por Gonzalo Vitón en |
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La realidad del movimiento afro parte de la situación de vulnerabilidad, explotación y herencia de la trata transatlántica. Hay un racismo estructural. Parece que la convivencia y la integración entre las personas es horizontal, pero los cuerpos de las personas no blancas están en ciertos niveles de la sociedad, como en la parte de atrás de un restaurante o en ciertos barrios a las afueras de la ciudad. Lo puedes ver en el lenguaje, con ciertas expresiones que se reproducen de manera muy repetitiva. La historia nos ha marcado y nos seguirá marcando, pero en Venezuela aún no se está reflexionando sobre esto a un nivel más profundo. No nos estamos replanteando la idea de si estamos o no siendo racistas. Estamos al inicio de un camino bastante largo.
En Venezuela no era leída como una persona negra. Noté el racismo en España, donde tuve la necesidad de repensar mi identidad, porque fue un choque muy grande. En este contexto me di cuenta de los estereotipos asociados a las personas negras y afrodescendientes y quise desplazar esa imagen falsa que tienen asociada en esta sociedad. Me estaba afectando en el día a día y era una forma de decir «cree lo que quieras, pero te voy a dar herramientas para que veas que esto no es así». A partir de ahí cofundé el movimiento Afrogalegas y decidí desarrollar el proyecto.
Desplazar la imagen que se tiene de la mujer negra por otra mucho más diversa. En una escuela, un niño en medio de una presentación del libro me dijo: «¿Por qué mujeres negras? ¿Por qué no mujeres y ya está?». Y yo le pregunté: «¿Me puedes buscar en la biblioteca algún libro donde las mujeres protagonistas sean negras? Si lo encuentras, te llevas un premio». El objetivo es que tengan uno en la biblioteca. Si desde tu lugar de comodidad no quieres acercarte a este libro o a otra información, eso va a depender de ti. Pero que por lo menos haya opciones.

Hay una parte de sensibilización a través de charlas y talleres. Una lucha que tengo cada vez más presente es entrar en las universidades con formaciones, pues el fascismo está captando cada vez más a las personas jóvenes. Pero lo que aúna todo es la incidencia política, estar muy en contacto con el movimiento, intentando formar parte de cualquier lucha que surja, de cualquier espacio en el que pueda estar, apoyarnos nosotras mismas.
Porque quiero que la referencia venga desde los peques. Para que los libros puedan ser leídos por ellos tienen que estar acompañados de una persona adulta y en ese proceso educativo se hace un ejercicio completo. La persona adulta va a leer el libro, va a recibir la información y luego la va a transmitir. Es un libro ilustrado infantil, pero en realidad está enfocado a todo aquel que desconozca la historia de las mujeres que están allí. No es un cuento, está escrito como una microbiografía. Incluye muchos datos y las aportaciones que han realizado las propias mujeres. Quien lo lea y se lo explique al niño podrá quedarse con los datos más relevantes, pero también tiene la posibilidad de leer la vida completa de esa mujer en un tono no infantil.
Dentro de este sistema capitalista que explota los cuerpos, especialmente de las personas no blancas, los desafíos pasan por lo económico y el tiempo. A la par que estás haciendo tu trabajo, estudiando e intentando echarle una mano a tu familia en otro país, tienes que desarrollar tu proyecto con la mayor dignidad posible. Quiero que las personas compren el libro porque vean que la calidad es buena, no porque sea un proyecto social y quieran echar una mano. Pero todo eso requiere de una inversión económica y de una dedicación. Hay ciertas personas que tienen el privilegio de poder sentarse a pensar, pero cuando estás en una situación de precariedad y estás pluriempleada, sentarte a pensar es revolucionario. En este proceso también aportas tu cuerpo: hoy te acuestas más tarde o te despiertas más temprano para poder escribir, investigar, leer…, lo que sea. A nivel material, la violencia epistémica ha invisibilizado mucho conocimiento e información, así que tuve que continuar el proceso de investigación en inglés porque en castellano encontraba poco. Ayuda tener una red de apoyo, porque la sociedad duda de ti por ser mujer y negra, y sin ella es posible que me hubiese quedado ahí o hubiese tardado más en salir el proyecto.
Te doy un par de ejemplos. Un amigo regaló el libro a su sobrina, una niña afrodescendiente adoptada. Al ver la portada puso cara de alegría y le dijo a la madre: «Mira, como yo». Esto forma parte de lo que estoy buscando, que puedan encontrarse representadas en los libros. También está el caso que te comentaba antes de la biblioteca, cuando puedes decir a un niño que hay un libro donde las protagonistas son mujeres negras. Otras formas de ver el impacto fue cuando hablaba con estudiantes de máster de la Universidad Carlos III sobre epistemicidio, la producción de conocimiento y la invisibilización del conocimiento que no sea eurocéntrico. Una persona intentaba encontrar argumentos para decir que el método científico lo valida todo y empecé a explicarle que todas las personas estaban de acuerdo con el método científico, pero ¿quiénes eran esas personas? ¿Desde dónde se volvió a pensar el método científico? Después se acercó y me agradeció la clase, que le estaba haciendo pensar, que venía de padres médicos y que en su casa la medicina y la ciencia son la verdad. No sabes a qué conclusión va a llegar, pero es interesante ver esos pequeños detalles. Para mí, más que impactos a nivel general, me importan los pequeños detalles, porque soy una hormiguita en una ola enorme. Es interesante cuando sales un poco más allá de tu círculo más próximo de amistades y alguna persona que no piensa lo mismo que tú te dice: «Creo que soy menos racista desde que estamos conversando».

Hay poca conciencia todavía de la necesidad de incluir una perspectiva con diversidad étnico-racial y antirracista dentro de los centros. Aún no creen en la necesidad de incluirla. Cuando contactan conmigo es porque hay una persona dentro del centro que es sensible al tema y casi siempre tiene que ver con que es cercana a una persona que no es blanca. Dentro de mis peticiones está que tienen que quedarse conmigo una o dos personas, porque esta formación no va dirigida únicamente a los más pequeños, sino a quienes están educando constantemente a esos grupos de niños. Además, muchas veces llaman de los centros educativos donde hay mayoría de población con diversidad étnico-racial o tras un incidente racista. Está bien, pero esto debería ser lo habitual y no una excepción. Deberíamos exigir que el discurso antirracista sea transversal.
Son fundamentales en dos líneas. Para la sociedad en general, para intentar desmontar estereotipos, visibilizar otras realidades y posicionar a las personas negras y afrodescendientes desde otra visión. Pero también para la propia comunidad afrodescendiente, porque es refugio. Si no hubiésemos hecho Afrogalegas, yo estaría mucho más sola en esta sociedad. A las mujeres negras se nos ha negado el cuidado y el cariño durante mucho tiempo, así que esos pequeños espacios acogedores de seguridad donde nos cuidamos son reivindicativos.
Es una obra coral de 11 mujeres guiadas por Quinny Martínez, periodista y editora impulsora de Filmig, la Feria Itinerante del Libro Migrante. Todo lo que se tejió antes del libro fue un espacio de cuidado total en el que muchas contamos lo que nos había cruzado y dolido, cómo vivimos los procesos migratorios. Tuvo como resultado un libro para desmontar esa idea de no intelectualidad de la mujer negra.
Intento desvincularme de esa victimización. Me parece cansino tener que rememorar todos esos estereotipos y la necesidad de plasmarlos. Pero si hay un estereotipo que lo cruza todo es la falta de intelectualidad. A partir de ahí se asocia la idea de pobreza, que quieran tener muchos hijos y otros muchos clichés. También el de la cosificación del cuerpo, que está presente en muchos estereotipos que cruzan a la mujer negra y afrodescendiente, idea que está también ligada con la falta de intelectualidad.
El movimiento está siendo fuerte y visible, pero tengo mucho miedo de que el sistema capitalista se apropie de él y lo vacíe. No creo que suceda, pero sí que pueda ralentizarlo. Se han producido numerosos cambios, pero será mucho más difícil si el sistema capitalista nos lleva a intentar ser las números uno dentro de la comunidad. Este sistema nos individualiza y eso terminaría disolviendo un movimiento colectivo como este.
A mediados de año publicaremos Mujeres negras en la lucha por la justicia climática y la defensa de los territorios, que parte del concepto de capitalismo racial.
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