El enemigo invisible

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La RDC se enfrenta por decimoséptima vez al virus del Ébola, que ha reaparecido en el norte del país.



El 15 de mayo, la República Democrática del Congo comenzó a contar, de nuevo, los muertos causados por el Ébola en su territorio. Es la decimoséptima vez que sucede en medio siglo. En esta ocasión, el brote ha golpeado en especial a la ciudad de Bunia y a las localidades de Rwampara y Mongbwalu, en la provincia de Ituri, al norte del país. Al cierre de esta edición, el número de víctimas ya había superado las 200, aunque las autoridades sanitarias han advertido que su expansión podría superar a episodios anteriores debido a que miles de personas que han estado en contacto con el virus todavía no han sido localizadas, según ha explicado el director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África, Jean Kaseya.

La nueva variante del Ébola, de la cepa Bundibugyo, para la que todavía no hay vacuna, es parecida a la cepa Zaire, descubierta en 1976 cuando el país también llevaba ese nombre. Esta última, para la que sí hay vacuna, fue responsable de más de 11 000 muertes entre 2014 y 2016 en Sierra Leona, Liberia y Guinea. El virólogo franco-congoleño Donat Mupapa Kibadi, en declaraciones a la cadena France24, considera que la variante actual  es «menos virulenta». Para el científico, «la cepa Ébola Zaire provocaba la muerte de más del 80 % de las personas infectadas, mientras que la Bundibugyo lo hace al 40 %». Esta última, igual que las anteriores, se transmite por contacto directo con personas infectadas, objetos o animales portadores del virus.



Origen y propagación

Según el Ministerio de Salud congoleño, el primer caso se detectó el 5 de mayo, tras la muerte en Bunia, capital provincial de Ituri, de una persona infectada por una enfermedad no identificada. La familia trasladó el cuerpo hasta ­Mongbwalu para celebrar el entierro tradicional. Fue allí donde comenzó la propagación del virus que, en pocos días, causó decenas de muertes y sembró el pánico entre la población. Muchos habitantes de esta zona minera se fueron en busca de lugares más seguros, lo que provocó que el virus cruzara la frontera hasta llegar a la vecina Uganda.

La lucha contra un enemigo invisible no es tarea fácil. En el caso de la RDC, el acceso de los equipos sanitarios está siendo complicado por la falta de infraestructuras y las familias deben recorrer largas distancias para llegar a un centro de salud, lo que retrasa la atención médica y favorece la propagación del virus. Otro reto es la inseguridad provocada por la presencia del grupo terrorista ugandés ADF-Nalu, activo en la región desde 1995. Maria Mashako, coordinadora médica de Médicos Sin Fronteras (MSF) en el hospital de Elykia, en la ciudad de Bunia, reconoció que «la presión en el trabajo es enorme. La capacidad de acogida en nuestro hospital de personas infectadas se ve limitada». Según Mashako, la colaboración con los líderes comunitarios es fundamental para reducir las «brechas en la vigilancia, el diagnóstico y el rastreo de contactos». Mientras tanto, en Goma, capital de Kivu Norte, y en Bukavu, capital de Kivu Sur y bajo control de los rebeldes de AFC/M23 desde enero de 2025, la población permanece atrapada entre el virus y las armas.

Concentración motera en Bunia convocada el pasado 10 de junio por la OMS para informar a la población sobre el Ébola. Fotografía: Getty. En la imagen superior, personal sanitario de Médicos Sin Fronteras se viste en el centro de atención para personas afectadas por el virus en Goma. Fotografía: Daniel Buuma / MSF




Consecuencias

Después de que la OMS calificara la situación como una «emergencia de salud pública de importancia internacional», el Ejecutivo congoleño adoptó diversas medidas restrictivas para contener el brote. La región de Ituri, epicentro de la epidemia, quedó sometida a cuarentena. Se prohibieron los velatorios y las concentraciones de más de 50 personas. Se cerraron las escuelas y las iglesias. El aeropuerto de Bunia dejó de recibir vuelos, salvo aquellos destinados al transporte de material sanitario. Las repercusiones trascendieron también las fronteras congoleñas, pues Uganda cerró sus fronteras con la RDC y estableció una cuarentena obligatoria de 21 días para todas las personas procedentes de las zonas afectadas. Antes lo había hecho Ruanda. Fuera del continente, el Departamento de Seguridad Nacional estadounidense impuso una cuarentena similar para quienes hubieran permanecido o transitado por territorio congoleño, ugandés o sursudanés antes de llegar a Estados Unidos.

Las restricciones afectaron incluso al ámbito deportivo. La concentración de la selección congoleña para la Copa Mundial de la FIFA 2026, prevista en Kinshasa, se trasladó a Bélgica. Allí, el equipo se entrenó para cumplir con los requisitos exigidos por las autoridades americanas antes de viajar a Houston, sede de su partido frente a Portugal. El combinado congoleño tuvo que cambiar un partido amistoso contra Chile que se iba a celebrar en Cádiz. Al final, el encuentro se celebró a puerta cerrada en la ciudad francesa de Orleans. 

En Kenia, la decisión del Gobierno de instalar un centro de cuarentena para ciudadanos estadounidenses procedentes de la zona afectada en la ciudad de Nanyuki provocó protestas que acabaron con dos personas fallecidas.



Rumores

La población congoleña se informa de la evolución del brote a través de los medios tradicionales y de las redes sociales, lo que la expone a rumores que alimentan el miedo y la confusión. Una parte de la opinión pública considera al ébola como una enfermedad «misteriosa» y sospecha que la industria farmacéutica es la principal beneficiaria de la crisis. Ante esta realidad, han surgido proyectos como ­Balobaki Check, un medio con sede en Kinshasa dedicado a verificar informaciones que circulan en Internet y, en especial, en las redes sociales. Su fundadora, la periodista Ange Adihe Kasongo, en una conversación por WhatsApp con un trabajador de la zona más afectada, reconocía la existencia de algunos rumores difundidos por la región: «En abril circulaban rumores según los cuales había un ataúd que regresó a la aldea, llamaba a la puerta de la gente y, cuando abrías, te entraba una pequeña fiebre con síntomas parecidos a la gripe. Luego morías», explica la periodista. 

En este contexto, marcado por emergencias sanitarias recurrentes y conflictos armados que se prolongan desde hace más de tres décadas, el Congreso y el Senado congoleños han aprobado la ley sobre el referéndum, que podría allanar el camino para que el presidente Félix Tshisekedi busque un tercer mandato. La coalición opositora C64 convocó una manifestación frente al hemiciclo del Congreso. Esta protesta contra los cambios en la Carta Magna acabó con varios heridos, entre los que se encontraban dos de las principales figuras de la oposición congoleña: Martin ­Fayulu y Delly Sesanga.



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