Gladiadoras de la poligamia

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El trabajo de los literatos africanos se ha ocupado en muchas ocasiones de los impactos directos e indirectos de la colonización sobre el continente. Mientras, la obra de autoras como Mariama Bâ y, mucho más reciente, Juliana Mbengono, han puesto el foco en la mujer y la persistencia de prácticas como la poligamia, contenidos que traspasan lo narrativo para aguijonear a la sociedad y a la clase dirigente.



La escritora Mariama Bâ se equivocó con Mi Carta más larga (1979), su novela más internacional. Sus compañeros de profesión fueron mucho más inteligentes que ella. Escribieron, sabiamente, sobre la geopolítica en África negra, centrada en la disputa de la soberanía de los pueblos. Escribieron, sabiamente, sobre el uso estratégico de los recursos naturales, localizados en territorios que desde entonces tienen nombres de Estados, consolidando la definición de lo político desde la confrontación entre las élites políticas poscoloniales contra la OTAN y Rusia (antigua URSS). La escritora senegalesa, al contrario que sus compañeros varones, redactó con Mi carta más larga un manifiesto democrático y contra la poligamia. La obra otorga al cuerpo femenino negro la misma importancia que los recursos naturales y los territorios de los pueblos, y lo independiza de la agenda política poscolonial en manos de los varones. 

Y es que la literatura africana escrita por mujeres negras sabe ir a contracorriente. Está hecha por gladiadoras. Un gladiador en la antigua Roma, según la RAE, era una persona que en los juegos del circo luchaba en solitario con otra o con fieras. Bâ, nacida en Dakar en 1929, falleció hace 40 años, pero la mecha feminista y contra la poligamia que encendió ha sido aplastada por un año 2025 que llevó a la presidencia de su país a Bassirou Diomaye Faye, un joven panafricanista de apenas 45 años que pulula por los despachos de las democracias más consolidadas del mundo con dos esposas.

Si la escritora resucitara, descubriría que al dirigente senegalés le acompañan en el proceso de normalización institucional de la poligamia algunos dictadores panafricanistas de sobresaliente juventud. La mayoría surge de los regímenes militares del Sahel, aunque otros han orquestado golpes de palacio como Brice Oligui Nguema, de Gabón, un país con mucha influencia en África central. Una Mariama resucitada sabría que las autoras africanas que escriben contra la poligamia se enfrentan a un 2026 que legitima más que nunca Mi carta más larga, un libro-gladiador renacido con la escritora Juliana Mbengono, una joven ecuatoguineana de 30 años. 

Mbengono cerró el 2025 con la publicación del cómic Hijas de la mujer, una historia basada en una adolescente de 16 años que, sin saberlo, comparte esposo con su hermana de padre. En la línea de Bâ, la autora ecuatoguineana denuncia la paternidad irresponsable y la poligamia. La trama está centrada en el suicidio del marido, quien descubre que comparte vida conyugal con las dos hijas de su difunto hermano, violando el tabú del incesto. 

Juliana Mbengono denuncia que «el título de mi obra le otorga a la mujer el reconocimiento de los cuidados. Los padres ejercen la tutela jurídica, pero son ellas, las madres, las mujeres de las familias, las que se encargan de la tutela efectiva, ejerciendo de madres y de padres a la vez. Los hombres no están».  La escritora, que publica su tercera obra con Lenoy Ediciones, es licenciada en Periodismo y cuenta con títulos previos como Barro en mis pies (2018) y Cosas que no debe escribir una niña. Molde para mujeres imperfectas (2019). Describe la poligamia con la misma maestría que despliega Paulina Chiziane, Premio ­Camões 2021, en Niketche: Una historia de la poligamia (2002).  

No es casualidad que en esta y en Mi carta más larga el personaje del polígamo no sea un hombre de origen humilde. En Hijas de la mujer sí que lo es. Mbengono, en esta obra, se convierte en una gladiadora. Aterriza en un barrio de Malabo habitado por personas sin recursos y visibiliza el profundo arraigo de la poligamia. Este no es el caso de sus referentes Chiziane y Bâ. Las dos gladiadoras identifican a hombres polígamos en las élites políticas poscoloniales: en los responsables de democratizar los países. Identifican a polígamos en hombres oficialmente de izquierdas y panafricanistas, responsables de descendientes que se cuentan por decenas, pero que viven abandonados en nombre de una tradición como la poligamia, responsable, en parte, de que muchos países africanos lideren las listas de estados con mayor población VIH en el mundo, según datos de instituciones como Naciones Unidas.



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