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Las personas, pero también los Gobiernos y las instituciones, cedemos con facilidad a la tentación del egoísmo en detrimento del bien común. Hasta tal punto nos hemos habituado a esta manera de gestionar el mundo, que llegamos a considerarla de manera equivocada una fatalidad incorregible.
La ocupación de Sahara Occidental por parte de Marruecos responde a una lógica egoísta. No solo del país norteafricano, sino también de países como España, que apoyan el plan de autonomía defendido por Marruecos, aunque vaya en contra del derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui reconocido por la ONU y la Corte Internacional de Justicia. El reportaje que anuncia la portada nos acerca a la realidad de los refugiados saharauis en Tinduf (Argelia), personas alejadas de su tierra, de su costa y de sus recursos, que Marruecos explota «de forma sistemática y sin contar con el consentimiento del pueblo saharaui». España y otros países europeos se benefician de esta ilegalidad consentida para faenar en aguas territoriales saharauis con licencias de pesca concedidas por Marruecos.
En este número analizamos la reanudación de las hostilidades en Etiopía y la situación de la guerra en Sudán. Detrás de cada conflicto y del sufrimiento que genera se esconde el fantasma del egoísmo. En Etiopía se disfraza de lucha por el poder entre el Ejecutivo de Abiy Ahmed y los gobiernos federales, mientras que en Sudán se suma, además, la explotación del oro, «convertido en uno de los recursos que alimentan la economía de guerra».
Incluso algunos fenómenos meteorológicos y atmosféricos, en principio ajenos a la voluntad humana, aumentan su fuerza devastadora cuando el egoísmo impide que se actúe con solidaridad. Un ejemplo es el fenómeno de El Niño y sus efectos en África.
En varias ocasiones, las sequías e inundaciones asociadas a este fenómeno han causado crisis humanitarias, pero El Niño promete ser especialmente devastador este año. Si esto sucede, la responsabilidad podrá ser imputada, en buena parte, a la actividad humana, «sobre todo por la emisión de gases de efecto invernadero producido por la quema de combustibles fósiles», con el consiguiente sobrecalentamiento planetario.
África, que apenas influye en este proceso, sufre sus efectos más que ningún otro continente, a la vez que las ayudas que los países desarrollados prometieron aportar para luchar contra el cambio climático llegan con cuentagotas. Peor aún. Solo 51 de los 155 países que presentaron ante la ONU sus planes de acción climática contemplan reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, a la vez que EE. UU. ha incrementado más que ningún otro sus emisiones de CO2.
El titular del editorial se inspira en la intención mensual del papa León XIV. Las actitudes egoístas predominantes en la política no son una fatalidad, se pueden transformar en solidaridad y búsqueda del bien común, pero para ello se necesita primero debilitar el egoísmo personal y colectivo que gobierna el mundo. Hacer nuestra la oración del Santo Padre nos puede ayudar a recorrer este difícil pero imprescindible camino.
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