La vía láctea de la negritud

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Tania Safura Adam


Voces negras. Una historia oral de las músicas populares africanas



Malpaso.
Barcelona, 2024.
376 págs.



No sabía de Tania Safura Adam (Maputo, Mozambique, 1979), fundadora de Radio África, y la culpa es mía. Empiezo a enmendarme recomendando apasionadamente Voces negras. Una historia oral de las músicas populares africanas, un libro precioso –en todos los sentidos– que no debe faltar en la biblioteca de quien ame el continente negro. Está tan plagado de hallazgos y pistas sobre libros, discos y películas que uno podría dedicar el resto de su vida a leer, escuchar y ver todo lo que Safura Adam celebra. Este libro es un canto a la riqueza del mundo negro, en África y en todas las diásporas y reencarnaciones que configuran un mapa mestizo, polifónico, inacabado e inacabable. Es una radio que emite en la oscuridad con la voracidad de una niña que quiere conocer y sentir, derribar prejuicios, unir balizas rojas y verdes en un océano de antracita, río incesante.

He tomado tantas notas que daría para un MUNDO NEGRO y no cabría todo. Si alguien albergó alguna duda sobre el nombre de esta revista, aquí queda elocuentemente fundamentada por el escritor, DJ y fundador de la revista Chimurenga, Ntone Edjabe, una de las más esclarecidas voces convocadas por Safura Adam. Edjabe prefiere hablar de mundo negro a africano, un pilar filosófico de este ensayo: «Pienso que ahora estamos en un lugar donde hablar de África es poner el foco en el origen y ese debate no me interesa. Lo que de verdad me atrae es que sea capaz de desmantelar el sistema en el que operamos ahora mismo. Y lo que puede desmantelarlo es una presión significativa sobre la sensibilización y todos sus derivados, y eso es la negritud. La negritud lo trastoca todo, sea cual sea la forma en que se manifieste, en cambio, la africanidad no lo hace […] cuando empiezas a hablar de música negra, en realidad lo que haces es cuestionar toda la música, porque la música tiene una historia, tiene una forma, está codificada por Occidente». Lo que hizo Thelonious Monk al sentarse «ante un maldito piano de treinta teclas […] Por supuesto que el piano produce notas muy bellas, pero una de las cosas que hace el piano al producir esas notas tan bellas es controlar nuestra manera de entender los sonidos». Lo que han hecho los más brillantes músicos africanos se parece a lo que hacía Beethoven al destrozar sus pianos: se quedaban cortos para el sonido que le bullía dentro.

El prefacio anticipa el logro de este vibrante ensayo: «La música es una de las pocas áreas de expresión que el alma negra ha tenido a su disposición tras siglos de opresión». El libro me estalla en las manos cuando leo de Radio Cairo, Radio Ghana, Radio Biafra, Radio Mozambique, Radio Zaire… y la noche africana reverbera con sonidos que resquebrajan la argolla colonial. Llegan las independencias y los nuevos regímenes convierten radios, orquestas, salas de baile, estudios de grabación… en una forma de revolucionar mente y cuerpo. Radios, ríos, fotografía y cine nutren estas Voces negras, transforman la conciencia continental, que enseguida experimentó contradicciones insalvables, con los titiriteros de la Guerra Fría manejando el teatro africano. Pero esa es otra historia. Este libro es una vía láctea de la negritud.



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