Patricia Sotto: «No me siento víctima de nadie»

en |




Patricia Sotto, emprendedora.

«Tengo 28 años. Nací y vivo en en Móstoles. Estudié Marketing  y me dedico principalmente a mi proyecto de emprendimiento, Tizia Cosmetics, una marca especializada en productos capilares para el pelo ondulado, rizado y afro. También trabajo por cuenta ajena en venta al minorista en una marca de ropa».






Creciste en un entorno multicultural. ¿Cómo era?

Mi abuela materna es de Santander y mi abuelo materno era de Cádiz. Mi padre es de Angola, mi madre es madrileña y yo también nací en Madrid. Aquí se conocieron mis padres. El ambiente en el que he crecido ha sido muy diverso porque, por parte de madre, muchas de sus hermanas se han emparejado con personas de origen africano. El padre de mis primos es de Ghana y la mitad de mi familia española es mestiza como yo. Recuerdo que de niños íbamos con mi madre y mi tía al supermercado y la gente les preguntaba si éramos todos adoptados. En mi infancia esas eran las conexiones afrodescendientes que tenía. En el colegio ya fue otra cosa. 



¿Cómo era moverse fuera de casa en un entorno blanco?

Pues bien y mal. Por una parte había diferencias, como con el pelo. De pequeña siempre me han gustado las muñecas tipo Barbie o las Bratz, y yo siempre quería la rubia. Pero cuando jugábamos en el patio, siempre me decían que tenía que ser la negra. Por otra parte, también recibía halagos, porque me veían como una niña distinta, más mona. Además, yo era muy extrovertida. Me apuntaron a una agencia de publicidad e hice mi primer anuncio a los seis años. Trabajaba como modelo para Esfera o El Corte Inglés, que tenía un grupo de niños con distintos perfiles: la chica rubia, la castaña, la asiática y luego estaba yo, la niña negra. Estaba encasillada, pero desde lo positivo. No me considero víctima en este sentido porque creo que a todos los niños nos han encasillado por algo. 



¿Cambió tu experiencia por esas diferencias según ibas creciendo?

Cuando entré al instituto, cosas que tenía de pequeña, como que me hicieran trenzas en el pelo y me dijeran que qué niña más mona, ya no se veían de la misma manera. Crecí sin saber cómo era realmente mi pelo porque mi madre se ocupaba de él y lo manipulaba ya desde pequeña con químicos para cambiar su textura. En el instituto ya tenía que hacerlo yo sola, y sin los químicos empezó a salir mi textura real, que no conocía y no entendía. Veía mi pelo distinto, no lo reconocía, y era muy diferente al del resto de personas, cuando lo que quería era parecerme a los demás. También yo tengo mi parte de responsabilidad en cómo lo vivía. Me alisaba el pelo todo el rato y me ponía extensiones porque mi objetivo era ser lo más parecida posible al resto. Viví así la adolescencia, queriendo encajar, siguiendo las modas y sin querer ­diferenciarme. 

Patricia Sotto el día de la entrevista. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo



¿En qué momento empezaste a aceptar esa parte de ti que te diferenciaba?

Recuerdo que estaba un día en mi casa, en mi habitación, en modo depresiva, en crisis existencial. Tenía que hacerme el pelo, comprar productos, pero no tenía dinero y pensé que sería fácil dejármelo tal cual. En un momento dado me dije: «¡Hasta aquí, no puedo más!». Y empecé a buscar información para dejármelo natural.  



Lo que nos lleva a tu proyecto de emprendimiento.

En ese momento estaba estudiando Marketing y Publicidad. A la vez buscaba información sobre productos para el pelo y cómo aprender a cuidarlo, pero lo que encontraba era muy caro. Tenía que irme a otros barrios a comprar un champú que traían de Brasil, de Francia o de Estados Unidos por un precio disparatado. Debía encontrar una manera para que esta información y estos productos fueran más accesibles para mí y para las personas que tienen la misma necesidad. Después de dar muchas vueltas al asunto, abrí una página web, encontré a un proveedor en Barcelona y empecé a vender los productos en Internet. Así empecé con Tizia Cosmetics. No sé muy bien cómo lo hice, pero le dediqué horas y horas y ya han pasado ocho años desde que lo tuve en mente por primera vez. Y ahí sigo. En junio saqué mi primer producto propio, el primer producto de Tizia, y espero hacer lo mismo con muchos más. Aunque estoy pensando en otras formas de emprender, creo que Tizia siempre va a estar ahí, porque es algo muy personal. Es como un legado. Esta ha sido mi experiencia y esto es lo que dejo. 



Para ti no se trata solo de vender unos productos, ¿verdad?

He nacido aquí. Soy española. Pero hay cosas que no encontraba, como esos productos para mi pelo. Y no lo entendía. ¿Por qué si tengo un supermercado debajo de mi casa no puedo bajar y comprarlos ahí? ¿Por qué me tengo que ir hasta el centro de Madrid y gastarme tanto dinero? Quiero que mi marca sea accesible, con productos para todo tipo de texturas de pelo, que cualquier persona encuentre en Tizia lo que necesita, que responda a la necesidad de todos. Quiero que mi marca sea inclusiva de verdad. Se habla de inclusividad, pero nunca he visto un anuncio en España de un producto para el pelo rizado con una persona negra con el pelo afro de verdad. En 2026 ya hay más diversidad, más culturas…, y esa diversidad tiene que reflejarse en las marcas.

Patricia Sotto el día de la entrevista. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo



A lo largo de estos ocho años, ¿el proyecto te ha puesto en contacto con más personas afrodescendientes? 

Hasta hace no mucho no me relacionaba demasiado con personas afrodescendientes, simplemente porque no se daba la oportunidad para ello. No es algo que yo buscara. En el colegio, en el instituto y en el trabajo, la mayoría de las personas con las que me relacionaba eran españolas y blancas, y es algo que tengo muy normalizado. No me ha importado nunca. Mi comunidad ha sido la gente con la que me he ido cruzando en la ­vida. Pero últimamente, y por dos vías, sí que me he encontrando a más a través de Tizia Cosmetics. Por un lado, gracias al tema capilar, porque compartimos experiencias similares y nos entendemos, y, por otro, por el lado del emprendimiento. En este tiempo he conocido a personas afrodescendientes que están emprendiendo en campos que no tienen que ver con el mío, pero emprender nos ha unido. 



¿Te parece que una persona afrodescendiente lo tiene más difícil para emprender? 

No, creo que no. Emprender es igual de frustrante y de difícil para todo el mundo. Si yo hubiese nacido en La Moraleja en vez de en Móstoles, tuviese una familia con otro poder adquisitivo y pudiera invertir más tiempo y más recursos, mi proyecto iría a otro ritmo y ya tendría un catálogo de productos impresionante. Pero no es mi caso. Tal y como yo lo vivo,  no creo que haya diferencia en emprender por ser afrodescendiente. A veces se me intenta encasillar como si fuese una víctima, pero yo no me considero víctima de nada ni de nadie en esta vida. Muchas veces se me intenta victimizar por ser mujer, por el color de mi piel o por donde he nacido. ¿Que me va a costar? Pues sí, como a mucha gente. Pero yo no me siento víctima de nada ni de nadie. Soy una mujer de origen humilde y negra. ¿Lo he pasado mal? Sí. ¿Que parte de responsabilidad la he tenido yo dejándome llevar o intentando encajar para gustar a la gente adaptándome a cierto tipo de imagen? Sí. Lo he hecho yo. Y no pasa nada. No me fustigo. Ha habido personas que me han dicho que no tuviera las expectativas muy altas con todo esto, porque no las iba a alcanzar, que no puedo llegar tan alto como me imagino. Pero yo no lo veo así. Si hubiera hecho caso a esas personas, no habría emprendido.  



Me gustaría que habláramos de tu relación con Angola. ¿Cómo es el vínculo que tienes con esa parte de tus orígenes? 

Me he criado con mi padre y mi madre hasta la adolescencia y he vivido muchas cosas: la comida de Angola, el idioma, juntarme con otras personas angoleñas… De pequeña he tenido más presencia de Angola, aunque siempre ha predominado España. Luego mis padres se separaron, yo dejé de vivir con mi padre y la presencia angoleña disminuyó. Ahora estoy estudiando portugués, porque lo entiendo, pero no lo hablo. Mantengo contacto con mi familia de allí, algo que siempre he hecho. Hablamos, hacemos videollamadas…, pero nunca he ido allí. Mucha gente me pregunta por qué no voy, y es por muchas cosas. Ni yo ni ninguno de mis hermanos fuimos de pequeños. A mi padre también le ha resultado difícil en ocasiones ir a ver a su familia. Angola es algo que tengo presente, pero no tanto como me gustaría.

Patricia Sotto el día de la entrevista. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo


¿Irás?

Sí, por supuesto. ¿Cuándo? No lo sé. No sé si estoy preparada. Aunque creo que empiezo a estarlo. Es una realidad totalmente distinta a la que conozco, pero que forma parte de mí. No es fácil encajar eso. Durante mucho tiempo he sentido como si no mereciera ir. Ha habido situaciones en las que mi familia angoleña lo ha pasado muy mal y yo, por el simple hecho de nacer aquí, no he vivido. He pensado muchas veces: «Y yo, ¿por qué tengo todo esto?». En cuanto a la salud, por ejemplo, algunos han fallecido por cuestiones que si voy al centro de salud, tardo diez minutos en que me den una receta y se me pase. Sí. Me da mucha pena. No puedo ir a Angola y pretender volver siendo la misma persona. No es como ir a mi pueblo de Cádiz. No es un viaje más, no son unas vacaciones. Es otra cosa. Y creo que antes de ir tengo que prepararme ­mentalmente. 

 





Con ella


«Pensaba que algún día conocería a Anita, mi abuela paterna. Pero falleció en 2022. Antes de que falleciera, mi padre fue a Angola y ella le dio esta pulsera para mí. Yo sé que ella y mi abuelo tomaron decisiones difíciles pensando en nosotros. Pienso mucho si mi abuela estaría orgullosa de mí. ¿Cómo me han podido querer tanto sin conocerme? No te sé decir qué es, no lo entiendo, pero noto que tengo mucho de Angola en mí. Sé que tengo mucho de ellos».

Colabora con Mundo Negro

Estamos comprometidos con la información sobre África

Si te gusta lo que hacemos, suscríbete a nuestra revista o colabora con nuestro proyecto