Rita Dro

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Periodista y bloguera, Costa de Marfil.



Koné Fanta estudia primero de Bachillerato en el Collège Saint-Étienne, en Abobo (Costa de Marfil). En septiembre ganó el Dictado del Barrio, un concurso de ortografía local organizado por la Asociación Nuestra Caja de Libros. Por eso de que la historia no la escriben solo los ganadores, el segundo y el tercer puesto fueron para Akinwumi Bernard y Soro Nonfra Salimata, estudiantes de tercer y último curso de Bachillerato.
[«Pero ¿esta no es una página dedicada a Rita Dro?», pregunta el lector curioso. «Sí, paciencia. Enseguida vamos con ella», responde el firmante].

Gemina estudia en Binao (Costa de Marfil). Además de ir a clase, es una asidua del club de lectura que promueve Nuestra Caja de Libros en esta localidad, enclavada en una zona productora de cacao. Su madre reconoce al portal Cocoainitiative los beneficios que la lectura ha generado en su hija: «Era muy tímida, no podía hablar en público y le costaba mucho expresarse en clase. Desde que llegó el club de lectura todo ha ido mejor».

[«Llevamos casi una columnana y no ha dicho ni una palabra de Rita», insiste el lector, un poco impaciente. «Lo sé, pero me parecía también interesante que la conociéramos a través de los frutos de su trabajo. Eso sí, prometo dedicarme a ella en letra y alma hasta el punto final», explica el autor de estas líneas].

La periodista y bloguera marfileña Rita Dro, que de pequeña no era precisamente una gran lectora [«Fue durante mis estudios universitarios cuando un profesor nos animó a leer, leer y leer para informar mejor sobre los hechos», explicó en una entrevista al portal ­ActuaLitté], puso en marcha en 2019 un proyecto de microbibliotecas por zonas rurales y urbanas de Costa de Marfil. La idea de estos pequeños dispensarios de libros, reconocidos por su forma –similar a una antigua casa de muñecas– y construidos en madera, surgió cuando Dro leyó en Facebook la historia de un chico estadounidense que, tras la muerte de su madre, siguió con su costumbre de compartir con el vecindario sus libros, que colocaba en una caja frente a su casa. Rita adoptó la idea y comenzó a poner sus libros a disposición de los chicos de su barrio. Eso sí, con una condición: después de la lectura debían hacer un resumen. Cuando llegaron las primeras reseñas, Dro descubrió que al déficit lector le acompañaba un severo problema de corrección en la escritura. Por eso abrió una especie de club de lectura con jóvenes que se reunían con ella en su casa cada 15 días. La iniciativa ha tenido tal impacto que particulares, editoriales e instituciones han donado volúmenes y han abierto pequeñas Cajas de Libros por todo el país. En algunos portales de Internet se indica que ya son más de 100 microbibliotecas las que han alimentado el hambre lector de más de 40 000 chavales. Entre ellos Koné, Akinwumi, Soro o Gemina.

[«Por eso creo que merecía la pena empezar por ellos. Eso sí, reconozco que la buena de Rita merecía más espacio. Como todas las demás que han pasado por aquí», asume su parte de culpa el arriba firmante].



Ilustración: Tina Ramos Ekongo

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