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Por Jaume Portell Caño
Senegal pagó el pasado mes de marzo 410 millones de euros a sus tenedores de bonos, un movimiento en el que el Gobierno de Dakar ha estado trabajando durante los últimos meses. Desde la aparición en el otoño de 2024 de más de 6 000 millones de euros de deuda que la Administración anterior, liderada por el presidente Macky Sall, no había declarado, este país de África occidental se ha convertido en el más endeudado de África. El programa en marcha con el Fondo Monetario Internacional (FMI) quedó cancelado y desde entonces, el Ejecutivo senegalés se ha financiado, sobre todo, en el mercado regional. En la actualidad, según datos del FMI, la deuda pública del país representa el 132 % del PIB. La Administración actual, liderada por Bassirou Diomaye Faye, con Ousmane Sonko como primer ministro, llegó al poder hace dos años con un programa de transformación económica (ver MN 710, p. 9), pero la crisis de la deuda ha paralizado buena parte de sus planes.
Desde la cancelación del programa con el FMI, el Gobierno senegalés ha intentado poner en marcha –sin éxito- otro programa con esta institución multilateral. Lo ha hecho por dos motivos. El primero, por la necesidad de alcanzar una financiación asequible en un momento donde le llegan pagos y vencimientos de deuda cada vez más altos; el segundo, porque el fin del crédito del FMI ha implicado que los prestamistas privados le retiren la confianza a Dakar. Buena parte de estos prestamistas son los que han invertido en los llamados Eurobonos, un tipo de deuda pública que ofrece rentabilidades de entre el 6 % y el 8 % anual, y que fueron muy populares entre los inversores después de la crisis del año 2008. Mientras que la deuda europea y estadounidense ofrecía tipos de interés inferiores al 1 %, algunos se aventuraron a comprar deuda senegalesa –y de otros países africanos– esperando un retorno superior.
Este activo, cuyo precio ronda los 100 dólares en el momento de su emisión, cotiza en mercados que indican el nivel de confianza que merece el estado emisor. Cuando el precio cae, el mercado indica que es mejor vender el título de deuda, recuperar una parte del dinero –más los intereses cobrados hasta el momento– y abandonar el país en cuestión, considerado de alto riesgo; cuando el precio sube, esto indica que el país es digno de confianza y que puede recibir más préstamos a un interés razonable.
La cotización en estos mercados es importante para países como Senegal, ya que indica el tipo de interés al que podrán pedir prestado si van a pedir dinero de nuevo a través de Eurobonos. En el momento de escribir este artículo, los tipos de interés de los Eurobonos senegaleses existentes se encuentran entre el 13% y el 26% de interés. De facto, implica que el mercado privado está cerrado para Senegal: una emisión a esos tipos hipotecaría el futuro del país para varias generaciones y dispararía el gasto en intereses –que este 2026 se comerá el 16 % del gasto del presupuesto nacional–. El pago de marzo es un paso positivo, pero de momento insuficiente para cambiar la perspectiva sobre la situación de la deuda en Senegal.
El pasado mes de noviembre, el primer ministro senegalés, Ousmane Sonko, declaró que su país no reestructuraría la deuda y que cumpliría con todos los plazos de pago. En enero insistió en esa idea: «Basándonos en nuestros análisis, consideramos que nuestra deuda es sostenible y que la vamos a poder seguir pagando tal y como hemos hecho durante un año y medio». Hasta ahora, para lidiar con la situación, Senegal ha pedido prestado a acreedores multilaterales, pero también en el mercado regional de la unión monetaria de países de África occidental en francos CFA. Sin embargo, la duración de estos créditos muestra la cautela que los prestamistas tienen con el país. Durante los dos primeros meses de 2026, Senegal consiguió unos 800 millones de euros en préstamos, pero dos tercios de estos fueron con un vencimiento de un año o menos y a un tipo de interés que ronda el 7 %.
Al no tener claro el futuro del país a medio plazo, los inversores regionales –que están cubriendo la demanda de la deuda senegalesa– no están comprando a cinco, siete o diez años vista. Esto permite que Senegal sortee los problemas a muy corto plazo y cambiando la geografía: consigue el dinero con el que pagar a los bancos de inversión europeos y americanos que tienen los Eurobonos y concentra el riesgo en el sistema financiero de África occidental. Un informe publicado el pasado mes de enero por el Finance for Development Lab, sintetizaba las dos opciones posibles para Senegal: una reestructuración de la deuda con el apoyo del FMI, que permitiría adoptar menos recortes sociales al reducir los pagos del servicio de la deuda; o pagar toda la deuda pendiente, aunque eso implicara recortes sociales más duros y obligara al país a encontrar socios que le prestaran dinero para sobrevivir durante este período. El Gobierno senegalés, hasta el momento, ha elegido la segunda opción, de cuyos riesgos advertía el coautor del informe, el economista senegalés Abdoulaye Ndiaye. Los recortes aplicados «perjudicarían el crecimiento» o resultarían «contraproducentes o políticamente insostenibles». A lo largo del año 2026, los pagos de deuda pendientes rondarán los 8 400 millones de euros (véase el gráfico superior), una situación diferente a la experimentada en 2025, cuando había que hacer frente a pagos más bajos.
Las advertencias de Ndiaye no tardaron en encontrar su traducción en las calles de Dakar unas semanas después. En la universidad Cheikh Anta Diop, cientos de estudiantes reclamaron las becas que llevaban sin cobrar durante un año. Las protestas de los jóvenes en febrero acabaron con disturbios y la muerte de un estudiante, Abdoulaye Ba. Estos choques son un termómetro de la situación política en el país: la luna de miel entre parte de los jóvenes y el nuevo Gobierno ha acabado. Para muchos, fue la pastilla más amarga de su vida. Algunos de los estudiantes que hacían frente a los gases lacrimógenos de la Policía eran los mismos que, un par de años antes, habían ido a sus pueblos para convencer a sus padres de que votaran al partido que en la actualidad gobierna Senegal.
En la imagen superior, una vendedora ofrece su mercancía delante de una manifestación celebrada en Dakar el pasado 21 de febrero contra la violencia policial, que se cobró la vida del joven Abdoulaye Ba, mientras pedía al Gobierno el abono de su beca estudiantil. Fotografía: Patrick Meinhardt/Getty
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