Una gánster y el kaaps sudafricano

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El dilema de las lenguas se mantiene vivo entre autores y autoras del continente africano. La disyuntiva que abrió, entre otros, Ngũgĩ wa Thiong’o, se encarna en autoras como la sudafricana Olivia Coetzee, que ha apostado por completar su obra en kaaps, una lengua criolla, hija de trasiegos comerciales y humanos, que en la actualidad está asociada a algunos de los estratos más bajos de Ciudad del Cabo (Sudáfrica).

Ya me gustaría ser una gánster como la escritora sudafricana Olivia Coetzee (1981). Esta autora y activista literaria desafía al pensador Ngũgĩ wa Thiong’o y a los puristas africanos de las lenguas porque escribe en kaaps, una lengua ignorada por las leyes y percibida en su país como «algo sucio, de uso en las calles, de uso por personas poco cultivadas o una jerga de gánsteres», explica en una entrevista que ofrece en línea desde el salón de su casa, en Ciudad del Cabo (Sudáfrica).

Y es que el kaaps, que también se llama africaaps, surge en el siglo XVI, fruto del intercambio comercial y más tarde colonial entre el grupo étnico africano khoe –asentado en Namibia, Angola, Botsuana y Sudáfrica–, con mercaderes africanos y colonos europeos. Se compone hoy de palabras de origen malayo, khoe, árabe, san, neerlandés, inglés, etc., y no se estancó tras su fundación. De forma rápida empezó a circular y, a día de hoy, sus hablantes, que no proceden de una etnia adaptada a la África precolonial esencialista, son identificados desde la exclusión. La sociedad sudafricana los categoriza en base –entre otros– a dos indicadores: la clase social y el mestizaje.

Se piensa que las personas hablantes del kaaps pertenecen a la clase trabajadora o empobrecida y que la mayoría son descendientes de parejas mixtas, formadas por personas de ­diferentes nacionalidades, ­origen étnico, y raza. El caso es que el carácter híbrido del kaaps enfrenta a sus hablantes con la deshumanización, orquestada por dos bandos esencialistas acostumbrados a la confrontación.

A un lado figura el esencialismo lingüístico-étnico de origen africano, institucionalizado, entre otros intelectuales, por Ngũgĩ wa Thiong’o. El libro Descolonizar la mente (1986), del autor keniano, canaliza la efectiva descolonización del saber, del poder y del lenguaje a través de la recuperación de las lenguas existentes antes de la llegada de la empresa colonial. Es en esta línea donde se posiciona la etnia khoe –siempre desde la originalidad y el purismo– en el momento de reclamar o rechazar el kaaps.

Se posiciona, al otro lado, el imperialismo lingüístico de corte occidental e igualmente esencialista. Está representado por los antiguos colonizadores de ­Sudáfrica y hablantes del afrikaans, quienes sostienen que el kaaps constituye un dialecto de su lengua o, en su caso, una versión vulgar de esta.


La generación «no de Mandela»

La vida de Olivia está atravesada por las opresiones, al igual que su lengua materna: el kaaps. Nació en Namibia, reside desde los siete años en Sudáfrica, es persona queer y se desprende de la figura de Madiba porque «Mandela y los pioneros tuvieron su libertad», reconoce, pero «nuestra generación camina con los pies llenos de ampollas». Tiene un máster en Escritura Creativa y es la primera autora que publica una novela en kaaps –su única obra adaptada a la escritura creativa hasta el momento–, aunque está embarcada en una trilogía que sorprenderá a su público en breve.

Su novela, editada por Modjaji Books en 2019, se titula Innie Shadows (En las sombras de Innie). Está ambientada en un «vertedero», sentencia, y narra la vida de personajes que viven marginados «en las sombras» del desarrollo humano: «Me refiero a los Cape Flats, un espacio geográfico situado en las afueras de Ciudad del Cabo en el que, durante el período del apartheid, las personas de color fueron expulsadas para alojar a los blancos. Así vivimos todavía hoy, en un territorio sin protección del Estado».

Dos años después de la publicación de Innie Shadows se editó el primer diccionario de kaaps. Se alegró mucho porque «mi lengua es parte de quien soy», pero «denuncio en mi novela problemas como que en los Cape Flats los arbustos son el lugar donde se arrastra, se mata y se asesina a mujeres y niños. A nuestras comunidades se les alimenta con alimentos procesados, se les introducen drogas ilegales y se nos priva del oxígeno y la energía centradora que la naturaleza aporta a través de la presencia de los árboles. Mi obra exige derechos reales. Soy indígena. Soy de Sudáfrica. Soy africana».



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