28º Encuentro África: El sueño que dejará de serlo

El Encuentro África –Antropología y Misión– volvió recurrente, en su 28ª edición, a hablar de paz. Tres días de debate, reflexión, encuentros, preguntas, testimonios y música en los que se huyó de planteamientos predeterminados, tópicos e imágenes manidas. Se habló de conflictos y enfrentamientos, de causas y consecuencias. Pero también de encuentros, de perspectivas de futuro y, sobre todo, de esperanza de que la paz, al fin, deje de ser un sueño.

 

 

 

Por Javier Fariñas Martín / Vídeo: Javier Sánchez Salcedo
El cantautor Migueli abrió, en la tarde del viernes 5 de febrero, las sesiones del Encuentro África con un concierto solidario / Fotografía: Javier Sánchez Salcedo
El cantautor Migueli abrió, en la tarde del viernes 5 de febrero, las sesiones del Encuentro África con un concierto solidario / Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

 

La paz, o su ausencia, es uno de esos tópicos que escuecen en las páginas de los diarios cuando se habla de África. Las guerras, relatadas o silenciadas; las desigualdades, contadas o calladas; los abusos de poder –tanto los que se cometen por líderes locales como los protagonizados por potencias o multinacionales extranjeras–, cacareados o escondidos debajo del felpudo de la entrada de nuestra casa. Por eso era necesario volver a abordar la paz en el 28º Encuentro África –Antropología y Misión– que la revista Mundo Negro y los Misioneros Combonianos organizaron el primer fin de semana del pasado mes de febrero, en el que además de las conferencias, testimonios y mesas redondas se incluyó un concierto solidario a cargo del cantautor Migueli.

La primera de las exposiciones corrió a cargo de Josep Maria Royo Aspa, de la Escola de Cultura de Pau de Barcelona, quien recordó que entre las causas de los conflictos actuales en el continente africano están la herencia colonial, la artificialidad y porosidad de las fronteras –“En fronteras difusas como las de Chad y Sudán o Chad y República Centroafricana, hay zonas en las que el Estado no tiene el control del territorio y es fácil la aparición de grupos guerrilleros que perviven de la extorsión, del conflicto”–, las luchas por los recursos –“En muchos casos, las riendas de los países están en manos extranjeras”–, así como las luchas internas por el intercambio de las élites locales en el poder. Sin embargo, Royo subrayó la idea de que la simplificación del relato de la actualidad en África hace mucho daño a la verdad, sobre todo en casos como el de Boko Haram en Nigeria, en el que parece que la única explicación pasa por detallar el avance del yihadismo: “Los conflictos tienen un origen local. Hablar de lucha contra el terrorismo es simplificar. ¿Por qué se hace

Josep M. Royo: "En muchos casos, las riendas de los países están en manos extranjeras" / Fotografía: Antonio José Zapata
Josep M. Royo: “En muchos casos, las riendas de los países están en manos extranjeras” / Fotografía: Antonio José Zapata

esto? Si buscamos fuera y no buscamos lo que pasa dentro, por ejemplo el abandono que existe en el norte de Nigeria por parte del Gobierno, las causas al final son otras. Para nosotros, para entender lo que está ocurriendo, y para el Gobierno nigeriano es más fácil vaciar el contenido político del problema”.

La paz, vocación del cristiano

Por su parte, Tíscar Espigares, responsable de la Comunidad de Sant Egidio en Madrid, comenzó su intervención recordando que “para un cristiano ser constructor de paz es intrínseco a su vocación”, y se centró en el trabajo de este movimiento en países como Mozambique, donde protagonizaron una mediación que culminó con el final de la guerra civil que asoló el país después de la independencia. En este sentido, subrayó que “la paz no es solo un asunto de negociaciones o de un alto el fuego”, y que en demasiadas ocasiones “la paz se considera imposible porque no es comprensible poder vivir con el otro”. La Comunidad de Sant Egidio, conocida también como la ONU del Trastevere (en referencia al barrio romano donde está la casa central) ha desarrollado labores de intermediación en numerosos conflictos africanos –y en el resto del mundo– a través de la amistad con los actores implicados, el diálogo y la flexibilidad, sin olvidar que “toda persona tiene un intrínseco deseo de paz”.

En la mesa redonda, en la que se abordó “El tópico de la guerra en África. Una mirada colectiva”, participaron dos periodistas, Carla Fibla y Gonzalo Araluce, además de la responsable de Proyectos de Misiones Salesianas, Patricia Rodríguez. La primera se centró en la situación de algunos de los países en los que se desarrollaron las revueltas árabes para subrayar que “las sociedades árabes tienen una capacidad brutal de adaptarse a su realidad” y que “está habiendo una transición, pero no sabemos todavía hacia dónde”. Por su parte, Araluce, que en 2015 estuvo en Sudán del Sur, se

Victor Ochen con el P. Ramón Eguíluz, provincial de los Misioneros Combonianos en España / Fotografía: Gonzalo Gómez
Victor Ochen con el P. Ramón Eguíluz, provincial de los Misioneros Combonianos en España / Fotografía: Gonzalo Gómez

detuvo con especial atención en uno de los muchos campos de desplazados internos que hay repartidos por el país, el de Kadula, del que dijo que “es posible que ni siquiera pueda ser calificado como tal”, debido a las condiciones en las que allí vive la gente. Por su parte, Patricia Rodríguez, además de mostrarse crítica con determinadas formas de presentar la realidad sobre el continente, destacó el papel de la Iglesia en la construcción de las condiciones que harán más justas las sociedades africanas. En

este sentido dijo que “en muchos sitios las conferencias episcopales se han mostrado en contra de las extensiones de mandato de los presidentes”, una situación que ha provocado conflictos recientemente en países como Burundi o República Democrática de Congo.

Después de la proyección del documental 30.000 tomó la palabra Victor Ochen, quien recibió el Premio Mundo Negro a la Fraternidad 2015 de manos del provincial de los Misioneros Combonianos en España, P. Ramón Eguíluz. El encuentro finalizó el domingo con la Eucaristía en la que participó el coro Karibu.