Agua, vida y desarrollo económico

en |

Chema Caballero     Por Chema Caballero

 

El agua sucia, la carencia de saneamiento básico y la falta de prácticas de higiene adecuadas ponen en dificultad los esfuerzos que se están haciendo a nivel mundial para terminar con la pobreza extrema y las enfermedades en los países más pobres a nivel mundial. Pero es África subsahariana la región del mundo donde se presentan los mayores desafíos en este campo: solo el 68 % de las personas que viven en ella tienen acceso a una fuente mejorada de agua y solo el 30 % de los individuos tienen acceso a servicios de saneamiento mejorados.

Según UNICEF, conjuntamente, el agua sucia y el saneamiento deficiente son la principal causa de mortalidad infantil. Se calcula, por ejemplo, que unos 800 niños y niñas mueren cada día de diarrea, que se propaga debido a la falta de saneamiento e higiene, entre otras muchas enfermedades.

Por su parte, el Informe sobre Desarrollo Humano en África 2016, titulado Acelerando la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en África, afirma que en África subsahariana las mujeres y las niñas gastan 40 mil millones de horas al año en buscar agua para sus hogares. Además, suelen caminar una media de seis kilómetros al día, para llevar a cabo esta labor, tiempo que podría ser utilizado para acudir a la escuela o a un trabajo remunerado. Si las mujeres pudieran emplear el tiempo y la energía que utilizan para conseguir agua en un trabajo que les reportase ingresos, sus economías y las de sus familias mejorarían considerablemente, y como consecuencia de ello, se favorecería el crecimiento económico de sus países.

El agua y el saneamiento de calidad siguen siendo un sueño todavía lejano en el continente africano a pesar de que en 2010, Naciones Unidas declaró el acceso al agua limpia y al saneamiento básico un derecho humano y reconoció que el agua potable y el saneamiento son esenciales para la realización de todos los derechos humanos. Igualmente, hizo un llamamiento a los estados y a las organizaciones internacionales para que proporcionasen recursos financieros, ayudas a la capacitación y transferencia de tecnología para ayudar a los países, en particular a los menos desarrollados, a proporcionar agua potable limpia y segura, accesible y asequible y saneamiento para todos.

Como estamos viendo, poco se ha hecho para hacer realidad estas recomendaciones hasta el momento. Por eso, ahora, el objetivo seis de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) retoma el reto y quiere lograr, para 2030, el acceso universal y equitativo al agua potable, a un precio asequible para todos y el acceso equitativo a servicios de saneamiento e higiene adecuados para todos, y poner fin a la defecación al aire libre, prestando especial atención a las necesidades de las mujeres, las niñas y las personas en situaciones vulnerable, entre otras cosas.

Sin embargo, un reciente informe del Institute for Security Studies (ISS), titulado Refreshing Africa’s future: prospects for achieving universal WASH access by 2030, sugiere que África no va a poder cumplir con este objetivo de aquí a 15 años si no cambia sus políticas.

Este documento afirma que para conseguir ese acceso universal y equitativo del que habla el ODS 6, los países africanos tendrían que hacer una inversión en infraestructuras valorada en unos 122 mil millones de dólares antes de 2030, que no está contemplada en los planes de desarrollo existentes en el continente.

Quizás el mayor reto del ODS 6 se encuentra en las ciudades del continente que no dejan de crecer, y donde conseguir agua se convierte en una lucha diaria para muchas familias pobres. Aunque se espera que la población urbana de África se triplique para el año 2050, la proporción de personas con un mejor abastecimiento de agua apenas ha crecido desde 1990. Y la proporción de los individuos que tienen acceso a agua corriente ha disminuido del 43 %, en 1990, al 33 %, en 2015. Son las familias más pobres las que más sufren esta carencia que se traduce en peor salud, mayor tiempo necesario para recoger el agua y un coste superior de esta cuando se tiene que comprar a vendedores ambulantes.

La buena noticia es que en el continente existe una serie de ciudades donde parece que las cosas se están haciendo de forma diferente y que podrían servir de ejemplo a otras. Al menos así lo afirma el informe Providing Water to Poor People in African Cities Effectively: Lessons from Utility Reforms (Suministrando agua eficazmente a los pobres en las ciudades de África: lecciones aprendidas de la reforma de los servicios públicos), patrocinado por el Banco Mundial. En él se estudian los casos de Kampala (Uganda), Nyeri (Kenia), Dakar (Senegal), Uagadugú (Burkina Faso) y Durban (Sudáfrica).

Según el estudio, en estas ciudades la mejora del rendimiento financiero fue esencial para el suministro eficaz y sostenible del abastecimiento de agua. Los usuarios pagan tarifas que permiten la recuperación de costos, esto viene acompañado de estrategias para recaudar eficazmente los ingresos, al mismo tiempo que se garantiza que el servicio sea asequible para los clientes, especialmente para los más pobres. Es decir, la clave está en una gestión eficaz.

A un mejor servicio, más ingresos. Aquí yace un gran peligro para estas mejoras, advierte el informe, porque lo hace más apetecible para los depredadores y administradores corruptos. De ahí la importancia de órganos de control independientes y voluntad política para luchar contra esas personas.

Finalmente, el Informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Mundial del Agua de 2016 (WWDR 2016) se centra en Agua y Trabajo. Analiza cómo el agua es esencial, no solo para la vida como hemos visto, sino también para crear puestos de trabajo y, consecuentemente, para el crecimiento económico de los países africanos.

Según este documento, el 78 % de los puestos de trabajo a nivel mundial son dependientes del agua. Esta no solo sirve para asegurar que la fuerza de trabajo esté saludable y pueda ser productiva. Puestos de trabajo en los servicios de aprovisionamiento de agua y en su gestión son importantes: la gestión de los recursos hídricos, la construcción, el funcionamiento y el mantenimiento de las infraestructuras, la prestación de servicios de abastecimiento, el saneamiento y la gestión de aguas residuales…

Por tanto, el agua es un insumo fundamental para muchos sectores, con la agricultura de regadío como el mayor consumidor de agua, utilizando el 70 % de consumo de agua dulce en todo el mundo. Otros sectores que dependen grandemente del agua son la energía, el turismo y las industrias como las de alimentos, productos farmacéuticos y textiles. En menor medida también necesitan de ella otras industrias como la de la construcción, el ocio, la madera, la goma, el plástico y el metal. Por tanto, el agua proporciona oportunidades de empleo tanto directos como indirectos.

Es por eso que la inversiones que mejoren el acceso al agua en África subsahariana pueden favorecer no solo la mejora de calidad de vida de sus habitantes sino también su crecimiento económico.

 

Foto: UNAMID

Colabora con Mundo Negro