Benín y la amenaza del yihadismo

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Las alertas sobre la silenciosa penetración de los grupos yihadistas en el norte de Benín crecen año tras año. La estrategia que siguen es bien conocida ahora: misioneros llegados desde el Sahel recorren las mezquitas y predican su visión del islam; radical y muy opuesta a lo que hasta entonces se vivía en la zona.

Hacen hincapié en el sueño del regreso a los orígenes de la religión, cuando todos los fieles supuestamente vivían en una sociedad idílica, a los años gloriosos de los grandes imperios musulmanes, a la necesidad de poner freno a las pecaminosas costumbres que llegan desde Occidente, empezando por la escuela y siguiendo por la forma de vestir. Luego llegan ONG islámicas que hacen proyectos solo para los musulmanes, excluyendo a los no creyentes. Paralelamente se construyen nuevas mezquitas financiadas con dinero de los países del Golfo. Pequeños pueblos que llegan a tener hasta diez de estas, casi más que casas. No en vano, los promotores de esas construcciones ofrecen buenas cantidades de dinero a cambio de la cesión del terreno donde se asienta el nuevo edificio.

Son muchos los jóvenes que se sienten atraídos por todo este movimiento. Ellos viven en tierras bastante inhóspitas, donde cuesta mucho ganarse la vida. Con muy pocas oportunidades a su alcance. Acuciados por la escasez de trabajos disponibles. Condenados a migrar a las grandes ciudades o a Nigeria donde difícilmente encuentran un trabajo que les permita mantenerse de forma digna o a vivir de la agricultura o la ganadería como hicieron sus antepasados durante generaciones. Acosados por el cambio climático que hace que cada año la tierra sea menos productiva y los pastos más escasos. Ven en estas nuevas doctrinas una oportunidad única para cambiar su situación.

La hermana Lelia Bulacio comenta la desesperación de muchos directores de escuelas primarias de la zona en la que trabaja, entre Parakou, la segunda ciudad del país, y la frontera nigeriana. Tierra semiárida y muy empobrecida. Los padres sacan a los hijos de los colegios y los llevan a las escuelas coránicas donde todo lo que hacen los alumnos es memorizar el Corán. Nada de francés, ni de matemáticas, ciencias u otras materias que puedan servirles para la vida. Solo y exclusivamente el libro sagrado.

El padre Edgar Toungou cuenta que hace unos años, al poco tiempo de tomar posesión como párroco de la nueva parroquia de Sinandé surgieron cuatro mezquitas en torno al recinto de la iglesia. Todas tenían sus altavoces apuntando hacia el interior de los muros de la misión católica, lo que significaba que por la mañana temprano se formaba tal algarabía que hacía casi imposible estar dentro de la casa. El ruido de las cintas recitando versos del Corán podía incluso llegar a hacer casi inaudibles las liturgias celebradas en el templo. Toungou es de la zona y conoce bien a su gente y, gracias al diálogo, ha conseguido romper la hostilidad que le recibió.

Cada día, en las regiones del norte de Benín se ven más burkas, más barbas largas y más pantalones que no llegan a los tobillos (lo que facilita las abluciones rituales antes de las oraciones), por ejemplo.

Son ejemplos de cómo las doctrinas radicales que preceden al asentamiento de los grupos terroristas penetran lentamente y preparan el camino a los combatientes.

Junto a ello está la realidad de que Benín es desde hace años lugar de paso de los grupos armados que se mueven entre el norte de Nigeria y Burkina Faso y Níger, tres países que sufren fuertemente el azote terrorista. El tráfico de motos que transportan bienes, armas y municiones cruza los caminos del norte de Benín. El parque nacional del Pendjari, que comparte con Burkina Faso, es considerado lugar de alto riesgo y donde es posible que los terroristas busquen refugio.

Benín junto a Costa de Marfil es también un objetivo codiciado por estos grupos armados que quieren llegar hasta las costas de África Occidental, al Golfo de Guinea, para controlar mejor la región y sus riquezas como ya apuntaba en 2019 Crisis Group en el informe L’Afrique de l’Ouest face au risque de contagion jihadiste.

Recientemente, un informe escrito por el investigador Kars de Bruijne y publicado por la fundación holandesa Clingendael bajo el título Laws of Attraction. Northern Benin and risk of violent extemist spilover, también señala que estos grupos armados se sirven de los conflictos intercomunitarios para penetrar en las distintas zonas en las que se mueven. El documento señala que este tipo de disputas han aumentado considerablemente en el norte de Benín lo que crea un caldo de propicio muy favorable a la entrada de estos grupos.

Son muchas las señales y todas parecen apuntar a que el norte de Benín corre un serio peligro de ver cómo la violencia que impera en los países vecinos se instale también en él.

En la imagen, un vecino de Parakou (norte de Benín) recorre la carretera en bicileta. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

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