
Publicado por Javier Sánchez Salcedo en |
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La cumbre Africa Forward, celebrada en Nairobi (Kenia) los días 11 y 12 de mayo, y organizada por Francia y el país africano, simboliza un giro en las relaciones políticas y económicas entre París y el continente vecino. A lo largo de más de cinco décadas, estas reuniones siempre habían tenido lugar en Francia o en naciones africanas de habla francesa. Esta vez fue en un país anglófono. La decisión supone, por parte de París, una ampliación de los horizontes en las relaciones con el continente vecino, además de estrechar lazos políticos y comerciales con otras naciones africanas en un contexto en el que su influencia sobre sus antiguas colonias, en especial en África occidental, ha disminuido al mismo tiempo que ha crecido un sentimiento antifrancés.
Para Gilles Yabi, analista político beninés afincado en Dakar, en declaraciones a BBC, «no se trata solo de una reacción de Francia ante el deterioro de las relaciones con algunos países de África occidental. Es también una tendencia que viene de tiempo atrás, ya que Francia se da cuenta de que tiene que buscar nuevos mercados y mirar más allá de las antiguas colonias. La decisión se enmarca también en un momento en el que otras potencias como China, Rusia y Turquía están ganando influencia».
En sus comparecencias durante la cumbre, el presidente francés, Emmanuel Macron, hizo hincapié en los esfuerzos que su Gobierno está llevando a cabo para remodelar la relación con los países africanos, intentando construir asociaciones de igual a igual, alejándose del antiguo modelo colonial de la Françafrique y de la dinámica «donante-receptor». Según Beverly Ochieng, analista de Control Risks, Francia está «reposicionando y suavizando su presencia y reputación», tratando de depender menos de su influencia militar y utilizar cada vez más los negocios y la inversión para mantener su relevancia en el continente. Así, el presidente francés anunció la movilización de 23 000 millones de euros en inversiones, un paquete que combina 14 000 millones de fondos franceses y 9 000 de inversores africanos. «Francia busca aprovechar sus marcas comerciales ya reconocidas, su presencia cultural y su peso en la Unión Europea para movilizar iniciativas comerciales», añadió Ochieng.

Para el presidente keniano, William Ruto, el encuentro de mayo marca un cambio significativo hacia una relación más equilibrada y orientada a la acción, una oportunidad para forjar alianzas con visión de futuro que impulsen la transformación económica a largo plazo del continente, alianzas que no se basen en la dependencia, la extracción y la caridad, sino en la igualdad soberana y en la inversión que beneficie a ambas partes. «Los tiempos que tenemos por delante exigen una cooperación más sólida, un multilateralismo renovado y alianzas basadas no en la jerarquía, sino en la igualdad soberana, el respeto mutuo y la responsabilidad compartida», afirmó durante la inauguración. «Lo que África necesita no es caridad, sino inversiones; no extracción, sino creación de valor; no dependencia, sino alianzas mutuamente beneficiosas capaces de generar prosperidad compartida», añadió Ruto. En opinión de varios expertos, Kenia espera que el fortalecimiento de su relación con Francia acreciente su influencia y su liderazgo en el continente, permitiéndole rivalizar con Sudáfrica.
Uno de los temas clave que denunciaron el presidente keniano y su homólogo nigeriano, Bola Tinubu, así como Macron o el secretario general de la ONU, António Guterres, fue el sistema financiero internacional, que obliga a los países africanos a enfrentarse a costes de endeudamiento demasiado altos, a un acceso limitado a la financiación en condiciones favorables y a percepciones de riesgo distorsionadas que desalientan la inversión a largo plazo en sectores productivos (ver pp. 8-9). «Este desequilibrio no es ni sostenible ni justo. Es una de las principales limitaciones para la capacidad de África de financiar infraestructuras, industrialización, adaptación al cambio climático y transformación económica a la escala necesaria», afirmó Ruto.
La industrialización local fue otro de los asuntos que defendió Guterres en su intervención: «Durante demasiado tiempo se han extraído los recursos de África y se ha obtenido el valor en otros lugares». Criticó el orden mundial, que describió como «un sistema global diseñado sin África y que todavía funciona en gran medida sin ella», y elogió a los países africanos por liderar los esfuerzos para reformar las finanzas mundiales, la política climática y la gobernanza internacional. Además de Guterres, otros líderes denunciaron que un continente con más de 1 500 millones de habitantes no tenga representación permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU y una presencia más equitativa en instituciones como el Fondo Monetario Internacional.
El secretario principal del Departamento de Estado de Asuntos Exteriores de Kenia, Korir Sing’oei, expresaba en un artículo para la versión digital de New African Magazine que Africa Forward se ha celebrado «en un momento crucial para la gobernanza global, pero también en un momento en que la posición de África en el sistema internacional se está fortaleciendo. Los cambios económicos, las tendencias demográficas y las presiones climáticas están acercando al continente al centro de los debates sobre políticas globales». Para Sing’oei, el papel de África en los asuntos globales cada vez es más reconocido, aunque el progreso es lento. «Lo que está cambiando es el creciente reconocimiento de que el sistema no ha sido justo con África y que el continente merece algo mejor», sentenció.
Uno de los propósitos de Africa Forward era servir de plataforma para unificar las demandas continentales con vistas a la próxima reunión del G7, que se celebrará en Évian (Francia), entre el 15 y el 17 de junio. Las demandas africanas, recogidas en la Declaración de Nairobi, podrían ser presentadas por Ruto, que ha sido invitado por París a la reunión. El mandatario destacó que «África no busca privilegios, sino justicia; no buscamos exclusión, sino inclusión. No buscamos confrontación, sino colaboración basada en el respeto mutuo, la responsabilidad compartida y el progreso compartido».
Un día antes de la cumbre, Kenia y Francia firmaron en la State House de Nairobi 11 acuerdos bilaterales diseñados para transformar sectores estratégicos: la modernización del ferrocarril de cercanías de Nairobi, el desarrollo de infraestructuras portuarias de última generación, la producción de combustible de aviación sostenible, la transferencia de tecnología y experiencia francesa para el desarrollo de energía nuclear en el país africano y otras medidas para reforzar las energías renovables, la modernización de los servicios meteorológicos, colaboración en ciberseguridad e inteligencia artificial, y la cooperación en comercio agrícola y en la gestión de recursos marítimos, entre otros. Ruto destacó que estos pactos van más allá de la retórica de los grandes discursos y se basan en la implementación de proyectos con resultados medibles por la ciudadanía, un espíritu –el de llevar a cabo acciones concretas– que se mantuvo a lo largo de toda la cumbre.
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