Darfur capitaliza el poder

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Políticos de las comunidades no árabes de Sudán, fundamentales en el nuevo Ejecutivo del país

El nuevo Gobierno de transición en Sudán, que presentó el primer ministro, Abdallah Hamdok, el 8 de febrero, abre una serie de interrogantes y posibilidades que no han pasado desapercibidas en el país.

La composición del gabinete induce a pensar que la nación seguirá la senda marcada en el Acuerdo de Paz de Yuba, rubricado el pasado 31 de agosto, frente a lo debatido en Adís Abeba (ver pp. 32-35). La opción elegida, a pesar de lo que supone para la reintegración de los grupos armados aglutinados en el Frente de Revolución Sudanés, no termina de ser comprendida por parte de la ciudadanía ni de los rebeldes que no firmaron el acuerdo. Desde Jartum, fuentes consultadas por MUNDO NEGRO lamentan que «lo que se discutió (en Yuba), más que una visión del nuevo Sudán ha sido un simple reparto del poder».

Lo que sí es evidente es el peso que -Darfur está adquiriendo en el país. Junto al -innegociable Mohamed Hamdan Daglo, Hameidti, hombre fuerte del Consejo Militar de Transición y responsable de las Fuerzas de Apoyo Rápido, ahora se encuentra Jibril Ibrahim, vinculado al Justice and Equality Movement (JEM), uno de los grupos combatientes en Darfur. A pesar de que durante un tiempo Hameidti y Jibril fueron enemigos declarados, se considera una buena noticia que ahora remen en la misma dirección. Jibril, que ha asumido la cartera de Economía, se ha convertido en uno de los pilares del nuevo Ejecutivo dada la crítica situación en la que quedó el país tras la dictadura de Al Bashir.

En esa confluencia de factores que relacionan el control de la política económica con la tendencia pronegra emprendida por el Gobierno sudanés –concretada, por ejemplo, en ese papel relevante que están adquiriendo dirigentes procedentes de Darfur–, se interpreta la incorporación al equipo económico de personas muy vinculadas al antiguo régimen que, entonces, manejaban el mercado clandestino y fomentaban la especulación con el precio de productos estratégicos como la harina. La misma fuente indica al respecto que «el hecho de tenerlos ahora en el poder es la única manera de sacar adelante la economía. Aquellos que entonces la boicotearon –una subida inédita del precio del pan fue la chispa que prendió la revolución que terminó con Al Bashir– están llamados a reflotar el barco».

Ahora que Egipto, Sudán y la inestable Etiopía mantienen abierto el tablero de juego –con la Gran Presa del Renacimiento como objeto de discusión–, y que Sudán se ha convertido en tierra de refugio para miles de tigrinos que huyen del conflicto en esta región fronteriza, se antoja también fundamental el papel de Maryam El Sadig El Mahdi. La nueva ministra de Asuntos Exteriores es copresidenta del Partido Nacional Umma e hija del fallecido El Sadig El Mahdi, que fue el último primer ministro antes de la llegada de Al Bashir. 

Lo que haga el nuevo Ejecutivo –en el primero apenas entró el Movimiento del -Cambio– disipará la inquietud inicial acerca de si ha sido tan solo un reparto de poder o ayuda a que el país se dirija hacia el cambio que pidió la ciudadanía en la calle hace no demasiado tiempo.

En la imagen superior: La ceremonia de juramento del nuevo Ejecutivo sudanés tuvo lugar en el palacio presidencial, en Jartum, el pasado 10 de febrero. Fotografía: Presidencia Sudán/Handout/Getty

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