Elecciones en Uganda: Yoweri Museveni vuelve a ganar las elecciones

Por Pablo Moraga

Después de 30 años en el poder, Yoweri Museveni vuelve a ganar las elecciones en Uganda. Los observadores internacionales, la oposición y las organizaciones para la defensa de los derechos humanos han denunciado irregularidades durante el proceso electoral. Kizza Besigye, uno de los candidatos para la presidencia más populares, ha rechazado los resultados: «denunciaremos esta estafa electoral negando nuestra colaboración y nuestro reconocimiento del régimen», dice. Las calles de Kampala permanecieron vacías durante varias horas; muchos ciudadanos tienen miedo de nuevos disturbios.

KAMPALA, Uganda – Hace días que los servicios de limpieza no funcionan; esta mañana, la basura se acumulaba en las aceras del centro de Kampala, la capital y la ciudad más poblada de Uganda. La mayoría de las tiendas estaban cerradas. Sólo quedaban unos pocos vendedores callejeros que extendían sobre el suelo sus productos: sandalias, trapos, cebollas, tomates, mangos… Muchas personas habían huido a sus pueblos o permanecían encerradas en sus hogares: todos temían nuevos disturbios. La policía y los militares continuaban patrullando las calles a pie o con vehículos. Un helicóptero sobrevolaba la capital a una altura muy baja. Las redes de cobertura de internet para móviles seguían bloqueadas. «Estamos oyendo continuamente las sirenas de los coches de los policías, y a veces los vemos cruzando las calles a toda prisa, pero no sabemos adónde se dirigen», dijo Brenda, una estudiante de 20 años, desde su casa en el norte de Kampala, donde permanecía junto a sus familiares.

Kizza Besigye, uno de los candidatos para la presidencia de Uganda más populares, permanecía retenido por la policía dentro de su casa. La policía también había bloqueado las carreteras cercanas e impedía el acceso a los ciudadanos, a los periodistas y a los abogados. Besigye ha sido arrestado en cuatro ocasiones a lo largo de esta semana. Durante los días anteriores, sus seguidores organizaron numerosas protestas por todo el país y las fuerzas de seguridad respondieron disparando gases lacrimógenos, cañones de agua y pelotas de goma. El pasado lunes, al menos una persona murió durante los disturbios en Kampala, la capital del país. En Kasese, una ciudad en el sureste de Uganda, la policía disparó contra los manifestantes con munición real.

Al mismo tiempo, la Misión de Observadores de la Unión Europea comenzaba una rueda de prensa en el hotel Sheraton de Kampala. El jefe de la misión, Eduard Kukan, condenó el arresto de Besigye y su equipo: «la irrupción de la policía en la sede del FDC [el Forum for Democratic Change, el partido liderado por Besigye] y el uso arbitrario de su fuerza son inaceptables», dijo. «El partido en el poder, el National Resistance Movement, ha creado un ambiente de intimidación para los candidatos de la oposición y sus seguidores», añadió. «Hemos observado intimidaciones, acosos y arrestos contra los partidarios de la oposición en más de 20 distritos. […] El Gobierno no ha implementado las recomendaciones que sugerimos tras las elecciones de 2011». Al terminar, Kukan recomendó al Gobierno, a los partidos de la oposición y a los ciudadanos «un diálogo pacífico» para llegar a acuerdos.

A las cuatro de la tarde, Badru Kiggundu, el jefe de la Comisión Electoral de Uganda, anunció a los medios de comunicación los resultados oficiales de las elecciones: Yoweri Museveni volvió a ganar con el 60,7 por ciento de los votos; Besigye recibió el 35,37 por ciento de los votos; Amama Mbabazi, tan sólo el 1,43 por ciento. Inmediatamente después, Besigye rechazó estos resultados mediante un comunicado de prensa y pidió el apoyo de la comunidad internacional y del pueblo de Uganda. «Permaneced en alerta ―escribió―. La lucha será larga y dura, pero, al final, ganaremos si somos pacientes y firmes. El régimen no podrá sobrevivir sin nuestra cooperación. Denunciaremos esta estafa electoral negando nuestra colaboración y nuestro reconocimiento del régimen».

Altos cargos del Ejército y varios miembros del National Resistance Movement, así como propio Museveni, advertieron a los ciudadanos durante la campaña electoral que las fuerzas de seguridad actuarán con rotundidad si durante las próximas semanas se ejecutan manifestaciones para protestar contra los resultados electorales.

Durante al menos dos horas, las calles de Kampala permanecieron prácticamente vacías. Apenas si circulaban personas; tan sólo la policía y los militares patrullaban las calles. Pero a partir de las seis de la tarde, los bodaboda ―moto-taxis― y los taxis ―furgonetas de tránsito de pasajeros― comenzaron a inundar lentamente Namirembe Road y otras calles del centro. «Sí, claro que tengo un poco de miedo, pero qué voy a hacer, tengo que trabajar», dijo Vincent mientras esperaba a algún cliente recostado sobre su motocicleta. Esther, una vendedora callejera con 40 años, parecía contenta: ella había votado a Museveni. «No tengo miedo. Sólo los delincuentes deberían tener miedo», dijo. Después, siguió colocando sus tomates y sus cebollas en el suelo, sobre un trozo de tela muy sucio. Como siempre. Como todos los días.

Yoweri Museveni y su ejército de resistencia accedieron al poder mediante un golpe de estado en 1986. Los ugandeses y la comunidad internacional los recibieron con optimismo; Museveni dijo que lucharía para conseguir «restablecer un régimen democrático, una constitución y la reconstrucción económica del país, así como servicios básicos y oportunidades para todos los ciudadanos». Sin embargo, los partidos políticos de la oposición no pudieron presentar sus candidaturas en las elecciones nacionales hasta el año 2006. 30 años después, Museveni continúa siendo el presidente de Uganda. Las organizaciones para la defensa de los derechos humanos y los partidos de la oposición han denunciando numerosas irregularidades durante estas elecciones.

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