Francia e Italia luchan en el cuadrilátero de Libia

Mapa de Libia
Por: Chema Caballero - 15/11/2018
En teoría, el próximo 10 de diciembre deberían celebrarse elecciones generales en Libia. Pero, pese a las presiones de Francia, éstas no tendrán lugar y, al final, Italia se saldrá con la suya. Estamos, una vez más, ante un enfrentamiento entre países europeos en suelo africano en el que está en juego la defensa de sus propios intereses y no los de los africanos. Una historia que tristemente se repite continuamente, esta vez bajo el disfraz de negociaciones de paz.

A finales de mayo, las principales facciones que se enfrentan sobre territorio libio llegaron a un acuerdo histórico por el que se comprometían a celebrar las elecciones en la fecha indicada y para ello se adoptarían las leyes necesarias antes de mediados de septiembre. Aquella reunión tuvo lugar en París y en ella participó de manera muy activa el propio presidente francés, Emmanuel Macron, que describió el compromiso alcanzado como esencial para favorecer la reconciliación del país.

Libia se encuentra envuelta en una guerra desde que las potencias occidentales depusieron y asesinaron a su presidente, el coronel Muammar Gadafi en 2011. Desde entonces, la nación norteafricana está controlada por diversos grupos que se reparten el territorio y luchan entre sí. Ahora, los líderes europeos piensan que la estabilización del país es clave para enfrentarse tanto a las amenazas yihadistas como para frenar la migración, ya que en él todavía esperan miles de personas que intentan llegar a Europa. Es por eso por lo que que a la Cumbre de París, también asistieron representantes de diversos países de la Unión Europea, los Estados Unidos y de otras naciones del norte de África, además de Catar y Turquía que, junto a Egipto, son vistos como financiadores de algunas de las facciones en litigio.

Por parte de Libia, solo fueron invitados los cuatro principales grupos armados que no firmaron ningún documento, solo aceptaron, de forma verbal, cumplir con las resoluciones y la fecha acordadas. La opción por esta representación dejó fuera otras facciones que se sintieron marginadas. También hubo grandes ausencias. Por ejemplo, los representantes de la ciudad de Misrata y varias milicias que operan en el oeste del país, a pesar de ser invitados, declinaron alegando que la reunión no les representaba.

Además de estas dificultades, la posición de París se enfrenta a la reticencia de Roma que considera que no se cumplen las condiciones propias para un experimento democrático en Libia. La distancia entre los puntos de vista de las dos capitales europeas ha crecido en los últimos meses.

Como se sospechaba, a pesar del optimismo francés, va a ser muy difícil implementar los acuerdos alcanzados en mayo. El pasado 30 de septiembre, el enviado de la ONU en Libia, Ghassan Salamé, reconocía que «podría ser imposible respetar la fecha del 10 de diciembre para las elecciones», en declaraciones a AFP.

La explosión de violencia que vive el país desde el pasado 26 de agosto podría estar detrás de la afirmación de Salamé. Los grupos armados de la denominada 7ª Brigada, una milicia que opera en el sureste de la capital y que se supone que dependen del Gobierno de Unidad Nacional, han intentado entrar en Trípoli, lo que ha  provocado el contraataque de las milicias que defienden la capital; operación que ha causado cientos de muertos y miles de desplazados. Finalmente, el 25 de septiembre se alcanzó un alto el fuego que pende de un hilo. Este acontecimiento ha puesto de  relieve el poder de las milicias y que estas parecen no tener ningún interés en alterar el actual statu quo.

Así se ha llegado a los días 12 y 13 de noviembre, fechas en las que ha tenido lugar en la ciudad italiana de Palermo una nueva conferencia sobre la crisis libia. Antes del inicio de la misma, Salamé ha dado por muerto el plan francés y ha apuntado a la posibilidad de que los comicios se celebren en junio. Pero antes de ellos, dice que debe tener lugar una conferencia nacional, a principios de 2019, para dilucidar el formato del proceso. En ella habría que decidir qué tipo de elecciones se quieren, presidenciales o parlamentarias, y qué modelo de ley electoral. El compromiso alcanzado al final de la reunión de Palermo recoge esta tesis.

Aunque en la inauguración de la conferencia, el primer ministro italiano, Guiseppe Conte, aseguró que Italia y Francia comparten la misma visión y objetivos en torno a la crisis que vive Libia, parece que por ahora se impone la tesis italiana frente a la francesa que pedía elecciones antes del fin de 2018.

Lo único que queda claro de esta disputa es que de nuevo dos potencias europeas intervienen en un país africano para defender sus propios intereses y no los de los libios.

Aunque París y Roma apoyan diplomáticamente al Gobierno de Unidad Nacional de Trípoli, el único reconocido oficialmente por la ONU, que está presidido por Fayez al-Sarraj, Francia ha forjado vínculos muy estrechos con Khalifa Haftar, enfrentado a las autoridades de Trípoli. París le ve como un elemento clave para reunificar el país y luchar contra el Estado Islámico. Es gracias al apoyo francés que este comandante ha logrado convertirse en un jugador a tener en cuenta por la comunidad internacional y cuya presencia se ha vuelto imprescindible en las mesas de negociaciones. Prueba de ello es que ha estado presente en Palermo. Pero Roma, que siempre presume de conocer mucho mejor el terreno de su antigua colonia, mantiene relaciones privilegiadas con Trípoli y ve a Haftar como una posible amenaza a sus intereses en el país.

Haftar, y los intereses que representa, se ha convertido en el principal escollo entre las dos capitales europeas. A través de él, Francia quiere acercarse más a los países que lo financian: Egipto y Emiratos Árabes Unidos. A Italia le interesa apoyar al Gobierno de Trípoli porque es ahí, en la parte occidental de país, donde ENI, la principal empresa de hidrocarburos italiana, tiene inversiones a largo plazo. Los intereses energéticos de Francia, representados por Total, están en el este del país, especialmente en la región de Cirenaica, aunque este país no depende tanto del petróleo y el gas ya que la mayoría de su energía procede de centrales nucleares y consigue el uranio principalmente en las minas de Arlit, en Níger, operadas por la compañía francesa Areva. De ahí que busque aliados para luchar contra el Estado Islámico y grupos yihadistas que operan en el Sahel y Haftar se postula como el principal.

Gas y petróleo o intereses geopolíticos es lo que realmente interesa a Italia e Francia y con ellos a sus aliados occidentales. El resto, la vida de los libios y el sufrimiento al que están sometidos son elementos secundarios siempre y cuando estén a salvo los negocios europeos.