Gambia, ante las presidenciales de diciembre

Otro país pide paso

 

Texto José Naranjo

Fotografías Getty Images

 

La oposición anuncia por primera vez una candidatura única para hacer frente al dictatorial Yahya Jammeh en las elecciones del próximo 1 de diciembre.

 

Es un acuerdo ­histórico. Por primera vez, la oposición en Gambia ha decidido aunar esfuerzos y tratar de plantar cara por la vía de las urnas al hasta ahora intocable presidente Yahya ­Jammeh en las elecciones que se celebrarán el 1 de diciembre, presentando a un solo candidato. Aunque las posibilidades de tumbar al dictador son remotas y Jammeh parece tenerlo todo bastante atado, lo cierto es que las expectativas de hacer ruido e incluso de provocar una fisura en el monolítico régimen han ido en aumento en los últimos meses tras la muerte en prisión de dos destacados miembros de la oposición este mismo año.

En Serrekunda, el corazón de la Smiling Coast (Costa Sonriente) de Gambia, los turistas se pasean por la playa en bañador en pleno mes de octubre. Este pequeño rincón de habla inglesa de la costa occidental africana se presenta al mundo como un paraíso soleado al que vienen a tostarse europeos y americanos y en el que no resulta difícil encontrar diversión, sexo y relax a un módico precio. A pocos les interesa saber que en las cárceles cercanas se pudren –y hasta son asesinados– jóvenes periodistas y líderes políticos, que en las calles traseras de sus fascinantes hoteles hay, en realidad, pocas razones para sonreír y que, fruto de todo ello, miles de jóvenes gambianos son, en este momento, los actores principales de un auténtico éxodo para tratar de llegar a Europa cruzando medio continente, un peligroso viaje conocido aquí como el Back Way.

 

Seguidores de Ouisainou Darboe / Fotografía: José Carlos Rodríguez
Seguidores de Ouisainou Darboe / Fotografía: José Carlos Rodríguez

 

El pasado 14 de octubre el hotel Kairaba de la capital gambiana era un hervidero de susurros y preguntas sin responder. Tras intensas conversaciones, los principales líderes de la oposición se habían reunido allí para cerrar un acuerdo histórico de unidad que les conducirá a presentar a un solo ­candidato a las presidenciales del próximo 1 de ­diciembre para competir con el actual jefe de Estado, Yahya Jammeh, quien opta a su quinto mandato. “Hemos decidido apartar nuestras diferencias en aras del supremo interés nacional”, aseguraron de manera rimbombante. Sin embargo, las negociaciones no han sido fáciles y aún falta por resolverse la principal incógnita de este rompecabezas. ¿Quién de entre todos ellos será el elegido?

Excluido de la carrera presidencial el abogado especialista en Derechos Humanos Ousainou ­Darboe, que cumple una condena de tres años de prisión por reunión ilegal y alteración del orden público tras participar, en julio pasado, en una manifestación de protesta por la muerte a manos de la policía de un compañero de partido, la oposición busca un nuevo referente. Darboe ha sido el eterno aspirante al sillón presidencial y ha quedado segundo tras Yahya Jammeh en los cuatro comicios habidos desde que en 1994 este se hiciera con el poder en un golpe de Estado, la última ocasión en 2011 con un 17 por ciento de los votos (frente al 71,5 por ciento de Jammeh). El vacío que deja su exclusión abre la puerta a otros aspirantes.

 

Un partido con solera y una mujer experimentada

Uno de ellos es, sin duda, el sucesor de Darboe como candidato del Partido Democrático Unido (UDP, según sus siglas en inglés), miembro de la Internacional Socialista y el grupo político con más solera de todos los que se enfrentan al poder en plaza. Se trata de Adama Barrow, un empresario de 51 años formado en Gran Bretaña que también ha sufrido detenciones y acoso por parte del régimen, pero que representa a una nueva generación de gambianos que puede apreciar en él al hombre de negocios de éxito. Aunque Barrow cuenta con el sostén de la maquinaria del UDP se enfrentará al hecho de que era prácticamente un desconocido hasta su nominación como candidato hace unos meses.

La otra gran figura emergente es mucho más conocida y podría aunar en torno a ella las voluntades necesarias para nombrarla aspirante a la presidencia. Se trata de la activista de género Isatou Touray, directora del Comité Gambiano contra las Prácticas Tradicionales ­(GAMCOTRAP) e internacio­nalmente reconocida luchadora contra la mutilación genital femenina. Por primera vez en su historia, este país podría tener a una mujer como candidata presidencial. Y qué mujer. Esta profesora –que desde muy joven se implicó en denunciar y combatir la desigualdad y la injusticia y que también ha conocido la prisión por ello– ha sido clave en la prohibición de la ablación adoptada por el Parlamento nacional. El símbolo de su candidatura es muy significativo, una escoba con la que pretende barrer lo viejo del país.

 

Elecciones en Gambia
Varios hombres portan urnas para las elecciones presidenciales de 2011 en Serrekunda / Fotografía: Getty Images

 

Isatou Touray, que se ha comprometido a gobernar solo durante un período de cinco años si resulta elegida, asegura que “los que están en el poder no están escuchando las demandas de reformas políticas y económicas. El pluralismo político se ha reducido, lo que ha generado una gran sensación de impotencia. Demasiado poder está concentrado en muy pocas manos. Necesitamos un nuevo enfoque en el Gobierno, un Ejecutivo que implique a la gente en las decisiones que les afectan. Si soy elegida, restauraré la soberanía del pueblo, poniendo fin a la impunidad y descentralizando la autoridad y el poder”.

En su carta abierta a los gambianos, la activista y aspirante a presidenta asegura también que “el destino de nuestra nación y el futuro de nuestros hijos está en juego. No podemos caminar solos ni volver atrás. Juntos podemos generar el cambio que necesitamos. (…) En estas elecciones el país tiene una oportunidad. El régimen ha llevado al país al borde del colapso económico. El estatus laico y republicano de la Constitución está amenazado. El paro juvenil y la inflación se han disparado y el nivel de abusos contra los Derechos Humanos es alarmante”.

Isatou Touray cuenta en su haber con una excelente imagen externa y muchos en Gambia están impulsando su candidatura porque consideran que la partida se jugará tanto dentro como fuera del país. Sin embargo, no tiene detrás el aparato de un experimentado partido, como el UDP, que ha sabido resistir los embates del régimen.

“Si finalmente van todos unidos tras un solo candidato, el régimen tendrá que redoblar sus esfuerzos para hacer unas trampas que conduzcan a la victoria de Jammeh. Y ahí está su debilidad. Será imposible que gane con la solvencia de otras ocasiones y sus maniobras pueden quedar al descubierto”, asegura S.C., un periodista local. “Pero para impedir un pucherazo o al menos para que salgan a la luz todas las irregularidades será imprescindible el concurso de la comunidad internacional, tanto africana como europea. Es ahí donde siempre hemos estado solos, aunque los vientos podrían estar cambiando”, remata. A juicio de S.C., “es incluso posible que Jammeh pierda las elecciones”.

Yahya Jammeh, Gambia
El presidente gambiano, Yahya Jammeh en el palacio del Elíseo / Fotografía: Getty Images

Las negociaciones para elegir al mejor aspirante están en curso en el momento del cierre de esta edición. A los dos favoritos ya citados se suman los líderes de otros pequeños partidos y candidatos independientes. La fecha prevista para decidir a uno de ellos es el 30 de octubre en un complicado proceso con delegados procedentes de todo el país, dos semanas antes del inicio de la campaña y a un mes vista de los comicios. Sea quien sea el escogido, enfrente tendrá nada más y nada menos que a Yahya Jammeh, el joven militar que en 1994 protagonizó un golpe de Estado contra Dawda Jawara y que desde entonces se ha aferrado al poder gracias a un férreo control de las instituciones y un sistema de represión en el que las libertades brillan por su ausencia y que no duda en utilizar la tortura, la intimidación, la cárcel e incluso el asesinato de opositores para perpetuarse al mando.

 

Aislamiento internacional

De hecho, la violencia del régimen se ha incrementado desde que en diciembre de 2014 tuviera lugar el intento hasta ahora más serio de derrocar a Jammeh, según asegura Human Rights Watch en su último informe sobre Gambia. Cada vez más aislado de Occidente, el líder absoluto –que no oculta sus aspiraciones monárquicas y se convirtió por decreto en Babili Mansa (el rey que desafía a los ríos)– incluso ha girado su interés hacia el mundo árabe declarando al país como una república islámica en un intento de buscar nuevos aliados internacionales. Yahya Jammeh se ha hecho famoso en todo el mundo por su intolerancia hacia homosexuales y periodistas, pero también por sus excentricidades, llegando a asegurar que podía curar el SIDA o el Ébola gracias a prácticas mágicas aprendidas de los curanderos que frecuenta.

Si en lo social los jóvenes han emprendido el peligroso camino de Europa, convirtiendo a Gambia en el quinto país emisor de emigrantes a Europa en 2015; en lo económico la nación está agarrotada por la corrupción de la élite que se mueve en torno al presidente y sobrevive gracias a su agricultura de exportación y el turismo. Pero al monolito le han salido algunas grietas. Cuando en abril de este año el UDP y otros grupos de oposición organizaron protestas para exigir la partida de Jammeh tras 22 años en el poder, el régimen reaccionó con su habitual violencia. Sin embargo, la muerte del opositor Solo Sandeng en dependencias policiales generó nuevas protestas, algo insólito en Gambia, que acabaron con el encarcelamiento y condena de 19 activistas, entre ellos Darboe.

En ese momento, Amnistía Internacional (AI) emi­tió un comunicado en el que aseguraba que “las sentencias condenatorias impuestas a veteranas figuras de la oposición, como Darboe, son un nuevo ejemplo de las continuas violaciones de Derechos Humanos que se cometen contra quienes osan hablar abiertamente en Gambia”, en palabras de ­Stephen Cockburn, director regional adjunto de AI para África occidental y central. “Amnistía considera que todas las personas que languidecen en cárceles por protestar pacíficamente son presas de conciencia y deberían ser puestas en libertad inmediatamente y sin condiciones”.

El problema es que la situación, lejos de mejorar, se ha seguido deteriorando. En agosto, otro opositor, Ibrima Solo Krummah, que había sido detenido en mayo falleció también en la cárcel, lo que provocó incluso una reacción airada del Departamento de Estado norteamericano “preocupado por las informaciones que hablan de malos tratos continuos por parte del Gobierno gambiano a personalidades de la oposición que se encuentran detenidas, como atestiguan las recientes muertes”. Washington instó a “un trato humano de todos los prisioneros” y reclamó “la liberación inmediata de todos los presos políticos”, entre ellos los 17 condenados en julio.

El escaso interés geoestratégico y la ausencia de grandes recursos naturales de Gambia han permitido a Jammeh dictar su ley sin grandes sobresaltos internacionales. Sin embargo, la creciente presión de la diáspora, tanto en los países vecinos –Senegal–, como en ­Estados Unidos –donde se concentra buena parte de la emigración tradicional–, podría desencadenar un cambio de sensibilidades. El trabajo de denuncia llevado a cabo por cientos de gambianos que están empezando a perder el miedo, amplificado por organismos internacionales de Derechos Humanos, también está abriendo brecha. De momento, en el viciado ambiente político gambiano se ha abierto una ventana por la que está entrando aire nuevo. A comienzos de diciembre se resolverá la incógnita.

 

Este artículo ha sido publicado previamente en el número de octubre de la revista Mundo Negro (en papel). Si quieres suscribirte pincha aquí.

 

Una mujer recoge ramas en un camino del interior de Gambia / Foto: Getty Images
Una mujer recoge ramas en un camino del interior de Gambia / Foto: Getty Images