Gonzalo Fernández recomienda «Calle del perdón», de Binebine

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Es profesor en el departamento de Estudios Árabes e Islámicos de la UAM, donde imparte Literatura y Cultura Árabes, entre otras materias. Autor de La literatura marroquí contemporánea, ha sido también editor y traductor.

Portada del libro recomendado

Aunque no suele ser habitual iniciar esta sección poniendo peros a un autor, a Gonzalo Fernández no le gustaron del todo los primeros libros de Binebine. «Pero un día –este otro “pero” lo cambia todo– asistí a la presentación de su libro Yo, bufón del rey, y vi que tenía muchísima fuerza por la manera en la que lo presentó. Después lo leí y me encantó, y en cuanto salió Calle del perdón lo quise leer porque me había cautivado y me parecía un escritor muy interesante», explica.

Antiguo profesor de matemáticas, Binebine es un artista polifacético: «En origen era más pintor que escritor, y sigue siéndolo –cuenta ­Fernández–. Lo que pasa es que en los últimos años se ha dedicado más a la literatura y tiene vínculos con el cine. También se dedica a iniciativas de ámbito social, de ayuda en los barrios. Por ejemplo, a raíz de Los caballos de Dios, que se llevó al cine, montó con el director, Nabil Ayouch, un centro de formación artística en los barrios de chabolas de los que habían salido los chicos que atentaron en Casablanca».

Entrando en materia sobre la novela que nos recomienda, Gonzalo Fernández destaca que tiene por un lado una «historia superficial clásica que todo el mundo puede entender, pero por debajo hay una trama muy potente que habla de lo que no hablan los discursos oficiales». La protagonista, Hayat (vida, en árabe), es una mujer que nace en una familia desafortunada de la medina de Marrakech, de donde sale huyendo para «sublimar su tragedia y convertirse en una de las más virtuosas bailarinas del equivalente marroquí a la danza del vientre». «Por una parte está el mundo de los hoteles, los turistas, las clases pobres, las bailarinas orientales, que son una casta de mujeres tan deseadas como repudiadas en los límites de la sociedad…; por otra, hay una historia muy dolorosa de abusos sexuales y de cómo una mujer puede rehacerse desde los añicos de una vida destrozada», dice Fernández, que destaca como una de las características de las letras árabes su capacidad de hacer literatura con «lo que no se puede hablar, más allá de los discursos oficiales. Esto se repite en autores árabes de muchos países».

La posibilidad de contar la historia desde los márgenes es una de las cosas que más gustó del libro al profesor universitario: «Está esa historia de superación, de convertir la tragedia humana en arte y llevarla hasta las más altas cotas de reconocimiento social y artístico. Pero también está ese camino de solidaridad entre mujeres, capaces de intuir esa tragedia del abuso e ir rescatándose unas a otras. Esto también me gustó mucho», añade.

«¿A quién se lo recomiendas?», pregunta, obligada, que hacemos. «A la gente a la que le gusta la literatura, porque es un buen libro. A quien está interesado en Marruecos, porque es representativo. A quien quiera acercarse a Marruecos, al mundo árabe o a África desde una posición menos exótica, para saber lo que se puede sentir y sufrir. A quien quiera abrir ventanas a un mundo del que tenemos, quizá, demasiadas imágenes previas… Aparte, la traducción es magnífica», contesta Fernández. 

Finalizando la entrevista, levanta el libro y lee un pasaje que lleva apuntado: «Nadie lo hará por ti. Gimotear es renunciar a medias. Es aceptar la perspectiva del fracaso. Tú no eres derrotista, ¿verdad? Has nacido artista. Y los artistas nunca, jamás de los jamases, se dan por vencidos». 

Eso es.

Fotografía: Gonzalo Gómez

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