Guillermo Martínez: «Ayudar es demasiado fácil como para no hacerlo»

Desde la habitación de su casa, este madrileño de 24 años que trabaja para una empresa diseñando juguetes, imprime piezas con las que monta tresdesis de brazo para personas sin recursos. Su proyecto, Ayúdame 3D, tuvo su origen en un pequeño pueblo keniano del valle del Rift.

 

 

Dime tres adjetivos que te describan.

Curioso, independiente y disconforme.

¿Qué te llevó a estudiar ingeniería?

Desde que era pequeño me gusta abrirlo todo, descubrir qué hay dentro, entender cómo funcionan las cosas.  Siempre he estado centrado en la construcción y el desarrollo de productos, inventando y creando. Estudiar ingeniería me ha ayudado a cuadrar mi cabeza, a darme cuenta de cómo son los procesos y los tiempos de desarrollo.

Y supiste rápido hacia dónde enfocarlo.

Sí, a los juguetes. He tenido mucha suerte por encontrar tan pronto el trabajo que me gusta. Cuando era pequeño el cincuenta por ciento del tiempo jugaba con las instrucciones y el otro cincuenta  con el juguete. Si llegaba mi cumple y sabía qué me iban a regalar, suplicaba que me dejaran la caja y las instrucciones para leérmelas, releérmelas, estudiarlas y aprender. Entrar en este campo fue cumplir un sueño y una base para empezar a desarrollar otras cosas.

Guillermo Martínez

Guillermo Martínez en la habitación de su casa el día de la entrevista. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

¿Cómo pasas de diseñar juguetes a fabricar brazos?

Fue la curiosidad y la casualidad. Me compré una impresora 3D baratísima porque quería diseñar en casa pequeños productos. Los primeros meses hice cosas muy estáticas como jarrones o figuras. Después intenté buscar algo más articulado, algo que se imprima por piezas para luego juntarlas. Pero en vez de encontrar un diseño de un robot móvil encontré una prótesis de mano. Imprimí una, para ver cómo funcionaban las articulaciones articulaciones. Después otra, luego otra más. De repente me encontré con varias prótesis en mi habitación y pensé que tenía que llevarlas a algún sitio. Paralelamente tenía preparado un viaje a un orfanato en Kenia. Contacté con ellos y les dije lo que tenía en casa. Ellos buscaron gente que pudiera necesitar este tipo de ayuda y todo se unió. Me fui para allá con las manos y los brazos y se las entregué. Así nació el proyecto Ayúdame 3D.

¿Por qué ibas a Kenia?

Me encantó ingeniería, pero las carreras matan. Cansan mucho. Animan, pero también desaniman. Y yo lo que quería era irme fuera, a cualquier sitio. Mi hermana y una amiga habían ido a un orfanato en Kenia y decidí ir allí a pintar, a construir, a enseñar inglés o a lo que hiciera falta. Pero después quise llevar este valor añadido.

¿Fue tu primer viaje a un país africano?

Sí, y fue espectacular. El orfanato está en el valle del Rift, en Kabarnet, un pequeño pueblo del sureste. Zona totalmente rural a siete u ocho horas de Nairobi, con el aeropuerto más cercano a cuatro horas. Yo siempre intento ver el lado positivo de todo y es lo que me encontré allí. Una cultura totalmente diferente, muy interesante, la gente abierta y muy amable.

¿Cómo fue el proceso de preparar las prótesis que llevaste?

En este primer viaje llevé cinco. Los coordinadores del orfanato me mandaron fotos por wasap y por correo electrónico, pequeños vídeos y alguna medida. Pero poco. He ido aprendiendo sobre la marcha qué pedir. En aquel momento tenía muy poca información y la verdad es que acompañó la suerte porque fue todo muy bien. Llevé las piezas de las tresdesis desmontadas en la maleta, mezcladas con juguetes para los niños. El viaje fue un poco estresando por miedo a que me dijeran algo. Llegué allí y las monté. Lo que aporta este proyecto es que son las primeras tresdesis para personas sin codo. Allí me pidieron dos y fueron las primeras personas que recibieron esta ayuda. Fue genial.

¿Tresdesis?

Sí, se me ocurrió un día. Había que llamarlo de alguna forma, porque no son prótesis habituales, son otra cosa. Y la palabra ha tenido buena acogida.

¿Qué las diferencia de una prótesis normal?

Esto es en realidad una ayuda para personas que jamás podrían permitirse algo así. Sirve para mejorar el día a día de estas personas. Con una tresdesis no vas a tocar el piano, pero vas a poder comer, sujetar un libro o coger una pala. A los siete meses recibí unos vídeos de estas primeras personas arando y cogiendo ropa con la tresdesis. Me daban las gracias y me decían que le ha servido muchísimo. Un profesor me contaba que en el colegio los niños flipaban con la tresdesis y que a él le servía para agarrar un libro y escribir con tiza con la otra mano. Darte cuenta de que sí les estás ayudando es una pasada.

El momento del encuentro con ellos debió ser impactante.

Yo estaba atacado. Nunca había tenido una conexión directa con nadie a quien le faltara un brazo. No sabía cómo reaccionarían o si les serviría. Pero estas personas vinieron súper contentas. Yo hablaba en inglés y a algunos se les traducía a suajili para darles las explicaciones necesarias. Fue muy gratificante ver a un chaval levantando la parte de brazo que tenía y que se cerrase la mano de la tresdesis.  Después de tanto desarrollo, tanta impresión y tantos meses, fue una pasada viajar durante 27 horas en avión y ver que eso que has hecho funciona.

Y después llegaron más solicitudes.

Se corrió la voz en España. La prensa acogió de forma brutal el proyecto. Hice una página web rápidamente y puse una dirección de correo electrónico para recibir más solicitudes, tanto de los propios interesados, como de familiares u ONG desde cualquier parte del mundo. Ha pasado algo más de un año, he entregado 26 tresdesis en total y voy a desarrollar por el momento otras 12 más. Todas hechas en mis impresoras en casa y enviadas por mensajería.

¿Es un producto barato?

Se entrega gratis, el beneficiario no paga. Lo bonito de esto es que desde tu casa, si tienes una impresora 3D, puedes crear algo que le va a cambiar la vida a otra persona. Lo que te cuesta el plástico, el consumo eléctrico, el tiempo que empleas y tu esfuerzo es lo que cuesta la tresdesis. No cuesta más.

¿Por qué gratis para el destinatario?

Porque son personas que en la vida podrían haber accedido a algo así. Además, las tresdesis se basan en diseños de otras personas que los han compartido, de las que yo he aprendido, y tampoco me parece lógico ponerle un precio a algo que no es cien por cien de Ayúdame3D. Sí que es verdad que ahora estamos desarrollando tresdesis de Ayúdame 3D cien por ciento, pero la misión desde el principio fue entregarlo de forma gratuita a personas sin recursos y va a seguir siendo así.

¿Qué situación encontraste en Kenia?

Aquí tenemos la suerte de tener pequeñas ayudas para este tipo de problemas, pero hay otros países donde no. Aquí tú te cortas, por ejemplo, y te curas o te curan. Pero allí, por la lejanía de los hospitales, o porque no pueden pagarlo, lo dejan, se infecta y al final tienen que amputarle la mano. No estamos en la  misma situación. Al principio había gente terrible que me decía que esto tenía que hacerlo para gente de España, que por qué me iba a otros países. Me daba mucha rabia interna. Yo he hecho tresdesis  para gente de España, pero allí no tienen la misma sanidad. No existen esas ayudas en otros países y allí es mucho más preciado esto que en cualquier otro sitio.

¿Hay más gente en el proyecto?

Cada vez más personas se están sumando a este proyecto. La idea del proyecto es que se escale. Que no sea solo yo en mi habitación quien esté imprimiendo. Por eso se está creando una red de personas que impriman también desde su casa y a la vez también una red de ONG, entidades, sociedades, colaboraciones, asociaciones, que busquen en el territorio a personas que puedan solicitar estas tresdesis. Y a la vez, una red de colegios para mostrarles el proyecto. Queremos esparcirlo, extenderlo, que todo el mundo conozca el proyecto y cualquier persona pueda colaborar.

¿Hasta dónde te gustaría llegar?

Esto llegará hasta donde llegue, no hay ambición en esto. En un año he hecho 25 tresdesis porque es lo que he podido hacer, no me ha dado tiempo para más. No he querido forzar la situación  y hacerlas de menos calidad. Escalando esto, se llegará a más gente. Si somos cuatro personas, haremos cien.

¿Sientes un fuerte lazo con Kenia?

Es un sitio donde voy porque estoy muy a gusto, porque les quiero, porque ellos me quieren. Estoy allí y ayudo en lo que sea, pero realmente son amigos. Me va a costar mucho emplear los 15 o 20 días de vacaciones que tengo para irme a otro sitio. El proyecto ha empezado en un sitio muy chulo, con gente muy impresionante. Esto empezó en 2017, he vuelto en 2018 y ojalá vuelva pronto.

¿Se podrían hacer las tresdesis directamente en Kenia?

Esa idea surgió desde el inicio, pero te vas encontrando problemas, sobre todo con la electricidad, porque allí hay muchos apagones. Se está empezando a desarrollar impresoras con luz solar, algo que sería muy interesante. Y a mí me encantaría estar allí formando a personas para que lo hagan bien desde el principio, con recursos y con repuestos, pero actualmente es complicado. Ojalá dentro de poco pueda hacerse eso, claro que sí.

¿Qué te ha dado el proyecto?

Me ha enseñado a darme cuenta de que ayudar es muy fácil, una frase que repito hasta la saciedad últimamente. Ayudar es muy fácil como para no hacerlo. Ayudar con lo que te gusta es muy gratificante y muy fácil. Esto lo hago porque me apetece. Lo que te apasiona puede ayudar a gente a la que no se le da bien eso. Es la idea que transmitimos cuando vamos a colegios, para que los niños y las niñas tengan claro que lo tienen al alcance de su mano.