Incubadoras de futuro

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La universidad apuesta por la juventud

El Centro Comboni de Innovación y Emprendimiento es una incubadora de empresas que busca unir las ideas brillantes de jóvenes emprendedores y el mundo empresarial. Un modelo capaz de aportar mucho al desarrollo de Sudán.

Un estudio realizado en 2018 por la Asociación Sudanesa de Emprendimiento Social reflejaba que el 80 % de los jóvenes sudaneses querían abandonar el país. Su frustración estaba motivada por una situación política y económica desastrosa que no les daba ninguna facilidad. Dos años después, las dudas persisten, pero la esperanza de muchos es que la revolución sudanesa en curso pueda cambiar las cosas. En este contexto, iniciativas como el Centro Comboni de Innovación y Emprendimiento (CIEC, por sus siglas en inglés) ofrecen a los jóvenes caminos para realizar sus sueños empresariales sin necesidad de salir de Sudán. Ali Musa, director del CIEC hasta el pasado 31 de diciembre, conoce bien las dificultades de la juventud sudanesa: «Cuando terminan la universidad, la mayoría de ellos están perdidos, no saben qué hacer porque nadie les apoya, y centros como este pueden darles mucha energía y motivarles para encontrar su camino y enriquecer a la sociedad al mismo tiempo». El principio es simple: ‘Tú tienes la idea y yo te ayudo para que la lleves a cabo. Tú encuentras trabajo, pero también creas otros puestos de trabajo, generando desarrollo’.

El Impact Hub Khartoum. Fotografía: Carla Fibla García-Sala


Primera incubadora universitaria

Los orígenes del CIEC se remontan a 2017, cuando el Instituto de Investigación sobre Innovación y Servicios para el Desarrollo del Consejo Nacional de Investigación de Italia, la Universidad Aldo Moro de Bari y el Comboni College of Science and Technology (CCST) de Jartum pusieron en marcha el proyecto INSO. Entre sus objetivos estaba dotar de capacidades a estudiantes de Informática y Tecnología de la Información para crear sus propios negocios. Participaron 140 estudiantes de 15 universidades sudanesas, y el proyecto contó con el apoyo del Ministerio de Educación Superior y de Investigación Científica de Sudán. En noviembre de 2018, un congreso evaluó muy positivamente la experiencia y vio que la mejor manera de darle continuidad era creando incubadoras (hub) de empresas en cada universidad. Pero nadie se animaba, así que el CCST abrió la brecha y se convirtió en la primera iniciativa universitaria de este tipo en Sudán.

Tasneem Tariq. Fotografía: Carla Fibla García-Sala



Una parte de los fondos del proyecto INSO fue destinada a adecentar unos locales para el CIEC y equiparlos con ordenadores y mobiliario, mientras que la compañía Japanese Tobacco International (JTI) –sudanesa, a pesar de su nombre–, se comprometió a cubrir la financiación de las actividades y el pago de salarios hasta que el nuevo hub consiguiera autofinanciarse. Según -Musa, esto será posible dentro de cuatro o cinco años, cuando las empresas que nazcan de la actividad del CIEC empiecen a aportar un pequeño margen de sus beneficios, fijado en un principio en el 5 %. En la actualidad, los -estudiantes -contribuyen con una pequeña cantidad de dinero porque, como señala el misionero comboniano P. Jorge Naranjo, director general del CCST y principal impulsor del CIEC, «la experiencia enseña que cuando algo es gratis no se valora, y si pagas te lo tomas más en serio».

Husna Musa. Fotografía: Carla Fibla García-Sala

Al inicio del proyecto se contó con la colaboración de la Universidad Politécnica de Valencia, que envió a Carolina y Claudia, dos jóvenes estudiantes del máster en Administración de Empresas, que ayudaron a poner las bases del plan formativo de la incubadora. Finalmente, los primeros 20 jóvenes empezaron su capacitación como emprendedores en junio de 2019. Para la selección de los candidatos no se puso ningún tipo de cuota de paridad de género, aunque la mayoría son chicas. Tampoco se plantearon exigencias particulares respecto al nivel de estudios, valorándose sobre todo la creatividad, la capacidad de trabajo en equipo y el espíritu emprendedor. Sí que se exigió un buen conocimiento de inglés, porque muchos de los profesores y animadores de los talleres vienen con frecuencia del extranjero y no hablan árabe, la lengua oficial de Sudán.

Tres fases

El programa formativo está concebido en tres fases. El P. Naranjo otorga mucha importancia a la primera, o de «preincubación», porque, como él ha comprobado, «los estudiantes llegan con buenos deseos y magníficas ideas tras haber finalizado sus estudios, pero no saben cómo se administra una empresa, ni lo que es un plan de marketing o un modelo de negocio, y necesitan adquirir los conocimientos teóricos que debe dominar todo empresario». Por su parte, Ali Musa reconoce que «durante la primera fase, las interacciones entre los estudiantes son menores, solo más adelante van descubriendo la importancia de hacer equipo, porque nadie puede poner en marcha un modelo de negocio sin apoyos».

La segunda fase, o de «incubación», en la que se encuentran los estudiantes procedentes de la primera etapa, consiste en elaborar un producto o servicio, testarlo para ver si funciona, si es rentable y positivo para la sociedad, e ir modificándolo para adaptarlo a la realidad. Una vez hecho este trabajo, se entra en la tercera fase o de «aceleración», que consistirá en la financiación y puesta en marcha de, al menos, cinco de los mejores modelos de negocio presentados; incluso algunos más, -dependiendo de la calidad de las propuestas y de la capacidad del CIEC para encontrar financición. La selección se hará en función de criterios de emprendimiento social, es decir, se dará prioridad a empresas que generen puestos de trabajo en zonas marginadas de las periferias de Jartum u Omdurman, a empresas que respondan a una necesidad social, respeten el medioambiente o promuevan un modelo de economía circular. Para conseguir la financiación el CIEC cuenta, entre otros, con el apoyo de Haggar, uno de los grupos empresariales más importantes de Sudán.

El anterior director del CIEC, Ali Musa. Fotografía: Carla Fibla García-Sala


Los estudiantes

Durante nuestra visita al CIEC pudimos conversar con cinco estudiantes que ya estaban valorando la forma de concretar sus propuesta de modelo de negocio. Rogaia Ibrahim, de 24 años, sueña con abrir una empresa en el sector de las tecnologías de la información que resuelva problemas en el ámbito del software porque, como ella dice con firmeza, «quiero ser independiente económicamente», aunque añade enseguida que «también me motiva el poder ayudar a la sociedad». Husna Musa, de la misma edad, está interesada en crear una empresa de diseño de interiores y decoración: «Sé que me enfrento a muchas dificultades, sobre todo por la competencia que existe en este sector, pero tendré diseños originales, seré única y lo conseguiré». Curiosamente, Mohamed Fath, el mayor del grupo, con 34 años, reconoce que no ha terminado de concretar cómo será su negocio: «De momento estoy aquí para aprender».

La idea de Tasneen Tariq, de 25 años, sería una empresa de consultoría en verificación de productos, «pero no sé cómo hacerlo. Necesito un buen punto de partida y la experiencia de personas que ya han empezado a trabajar para seguir los pasos adecuados». Por último, George Nyoma, de 24 años, nos comenta algo que para los poco duchos en cuestiones tecnológicas no se comprende del todo: «Quiero crear una gama de baterías para teléfonos móviles que sean cargadas por el propio dispositivo y busco a alguien en quien confiar, que apueste por mí y me apoye».

Colaboraciones

En Sudán existen otras dos incubadoras de empresas: 249 -Startups e Impact Hub Khartoum. Ambas nacieron pocos años antes que el CIEC, pero dentro del ámbito privado, sin vinculación a ninguna universidad. Las tres mantienen contactos de trabajo, intercambian experiencias y comparten un base de datos con formadores de calidad. También les anima el deseo de influir en las universidades y en el mismo Gobierno, para que potencien la creación de incubadoras como un modelo que funciona y que puede convertirse en un pilar importante para el desarrollo socioeconómico de Sudán.   

El Impact Hub Khartoum. Fotografía: Carla Fibla García-Sala


Impacto hub


Por Jalid Mohamed Ali
Presidente de Impact Hub Khartoum


Los problemas y desafíos que afectan al mundo están interrelacionados, tienen un alcance global y requieren soluciones capaces de abordar las raíces locales de los que surgen. Para lograrlo, se deben considerar diferentes modalidades de resolución de los mismos: innovadoras, democráticas, inclusivas y sostenibles.

Impact Hub es un hogar para innovadores, soñadores y emprendedores comprometidos con el desarrollo de una economía social y solidaria, y que crean soluciones tangibles para los problemas más acuciantes de su entorno.

Como miembro de una red global, Impact Hub Khartoum se beneficia del acceso a un amplio conjunto de conocimientos y experiencia creados por miembros de la red. Codiseña y experimenta con prototipos que se benefician de estas perspectivas globales, adaptadas a la especificidad del contexto local y a las necesidades particulares.

Priorizamos el trabajo con grupos sociales poco representados, especialmente jóvenes y mujeres. Estos grupos generalmente están excluidos, en un grado u otro, de la plena participación en los procesos políticos y económicos que se desarrollan en sus comunidades. Como resultado de ello, Impact Hub Khartoum ha observado una mayor tendencia hacia comportamientos criminales, la emigración no regulada y, peor aún, la radicalización política, religiosa y étnica.

El enfoque innovador se implementa a través del desarrollo colaborativo de aplicaciones en las que participan grupos transversales de población para identificar problemas; elaboran recomendaciones de políticas concretas para superarlos y, por tanto, crean soluciones. Posteriormente, los formuladores de esas políticas y los expertos legales contribuyen a garantizar que las recomendaciones que surgen de estas aplicaciones estén alineadas con el marco regulatorio actual. Los resultados hasta ahora han sido impresionantes: las personas que antes no eran tenidas en cuenta, pueden ahora hacer escuchar sus voces, por lo que su sentido de pertenencia se fortalece de forma significativa.

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